Los desequilibrios globales no tienen por qué desatar una guerra comercial

La aritmética mundial actual puede volverse peligrosa si los países no ajustan sus políticas.
17/06/2026
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Los desequilibrios globales
Los desequilibrios globales

Los grandes desequilibrios en las cuentas corrientes del mundo volvieron a ocupar el centro del debate económico internacional, y esta vez con una diferencia: las tensiones comerciales que los rodean amenazan con convertir un problema manejable en una crisis sistémica. La suma de superávits y déficits globales creció un 25% y un 35% respectivamente desde 2018, alcanzando los niveles más altos desde 2012. Son cifras que, si bien todavía están por debajo de los picos previos a la crisis financiera de 2008, ya encendieron las alarmas en el G7, el FMI y los principales centros de investigación económica.

El diagnóstico es claro: los desequilibrios actuales no son inevitablemente destructivos. La aritmética puede seguir siendo benigna, pero solo si los países que protagonizan estos desfases actúan en consecuencia. El problema es que, hasta ahora, las respuestas predominantes apuntan en la dirección contraria.

Tres países, tres correcciones pendientes

La distribución de los desequilibrios tiene una geografía precisa. El déficit en cuenta corriente de Estados Unidos es el mayor del mundo y, pese a los aranceles impuestos durante la administración Trump, cerró 2025 en el 3,9% del PIB. China y la Unión Europea concentran los superávits más importantes. El triángulo es el mismo de siempre; lo que cambió es la velocidad con que se está agrandando y el contexto político en que lo hace.

La corrección ordenada requiere que cada vértice del triángulo haga su parte: Estados Unidos debería aumentar el ahorro nacional mediante una consolidación fiscal; China tendría que rebalancear su economía hacia el consumo interno; y Europa necesita incrementar su inversión. Esa combinación de políticas atacaría los desequilibrios en su origen y reduciría el riesgo de efectos de contagio desestabilizadores. Ninguna de esas tres cosas está ocurriendo con suficiente velocidad.

Por qué los aranceles no funcionan

La lógica del gobierno de Trump sostiene que el déficit comercial de Estados Unidos es consecuencia de que otros países «hacen trampa». La respuesta, en esa lectura, son los aranceles. El problema es que los aranceles no atacan la causa del déficit: el bajo ahorro nacional estadounidense. Gravar las importaciones recauda impuestos adicionales y, en esa medida, puede reducir marginalmente el déficit fiscal y aumentar el ahorro. Pero simultáneamente, la legislación fiscal impulsada por la misma administración baja impuestos y empuja exactamente en sentido contrario. El efecto neto sobre la cuenta corriente es, en el mejor de los casos, mínimo.

Los datos de 2025 lo confirman: pese a la escalada arancelaria, el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos no se redujo de manera significativa. Lo que sí produjo la política arancelaria fue un deterioro del clima de confianza, una concentración creciente de exposiciones entre gestores de activos, y valuaciones accionarias que muchos analistas consideran estiradas. Tres factores que, combinados con un nivel ya elevado de pasivos externos, aumentan la probabilidad de una corrección abrupta.

La historia ofrece una advertencia concreta: los grandes desequilibrios en cuenta corriente frecuentemente terminan en crisis financieras. La acumulación de pasivos externos del país que ocupa el centro del sistema financiero global —en este caso, Estados Unidos— no puede crecer indefinidamente sin generar tensiones. En algún punto, el ajuste ocurre de todas formas. La pregunta es si ocurre de manera ordenada, por decisión de política económica, o de manera desordenada, forzado por los mercados.

El escenario benigno existe: requiere voluntad política coordinada entre las principales economías del mundo. El escenario maligno también existe, y sus ingredientes ya están sobre la mesa: proteccionismo creciente, fragmentación del comercio global, estrés financiero acumulado y una cooperación internacional debilitada. 

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