El Mercosur atraviesa un giro pragmático en su política comercial externa. Con Uruguay al frente de la presidencia pro tempore desde el 30 de junio, el bloque decidió no esperar a que se despejen los obstáculos que todavía enfrenta la ratificación del acuerdo de asociación con la Unión Europea y avanzar, en paralelo, con una agenda de diversificación que apunta directamente a los mercados más dinámicos de Asia: Vietnam, Japón, India y China.
El canciller uruguayo Mario Lubetkin fue categórico al respecto en declaraciones recogidas por Prensa Latina: el bloque suramericano no va a detener su expansión comercial y buscará sustituir al mercado europeo si el Parlamento Europeo termina rechazando el acuerdo firmado el 17 de enero de 2026, hoy vigente de forma provisional desde el 1° de mayo.
Una agenda con tres frentes asiáticos abiertos
La hoja de ruta que trazó Uruguay para su semestre al frente del bloque incluye, además de la implementación del acuerdo con la UE, el lanzamiento formal de negociaciones con Japón y Vietnam, la profundización del vínculo ya existente con India y la reactivación del diálogo institucional con China. En la cumbre de jefes de Estado realizada en Asunción a fines de junio, el canciller argentino Pablo Quirno resumió el objetivo como un intento de abrirse a mercados que en conjunto suman 1.700 millones de consumidores.
El caso de Vietnam es el que más avanzó en términos concretos: el bloque ya formalizó el inicio de las tratativas bilaterales y la primera ronda de negociación técnica tiene fecha y sede confirmadas para agosto de este año en Buenos Aires. Se trata de un mercado de 97 millones de habitantes con una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo, lo que lo convierte en una plaza especialmente atractiva para las exportaciones agroindustriales del bloque.
Con Japón, el Mercosur dio inicio a las negociaciones para un Acuerdo de Libre Comercio, mientras que con India se busca profundizar un entendimiento comercial preexistente. En el caso de Indonesia, otro de los gigantes demográficos del sudeste asiático, las conversaciones se encuentran todavía en una etapa exploratoria, según reportes de medios especializados como Aduana News.
China, la carta de mayor peso geopolítico
El vínculo con Beijing ocupa un lugar particular en esta estrategia. Durante la cumbre de Asunción, el propio presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, propuso que el Mercosur avance hacia negociaciones formales para un tratado comercial con China, en un discurso que además cuestionó los «alineamientos automáticos» de algunos socios del bloque, en lo que fue interpretado como una alusión a la política exterior de la Argentina de Javier Milei.
Uruguay, por su parte, anunció que impulsará durante su presidencia la realización de un nuevo Diálogo Mercosur-República Popular China, mecanismo institucional creado en 1997 para canalizar el vínculo entre ambas partes, pero que sufrió largas interrupciones: pasaron catorce años entre su quinta y sexta ronda, y la última reunión data de 2024. Lubetkin fue incluso más allá al advertir, en una entrevista con Euro News, que si el Parlamento Europeo no ratifica el acuerdo con la UE, Uruguay continuará trabajando con otros socios, «en especial China», con consecuencias que calificó de «enormes» para el bloque europeo.
Otros frentes: Canadá, Emiratos Árabes y la región
La agenda externa del bloque no se agota en Asia. Lubetkin ratificó también el interés de Uruguay en avanzar hacia la conclusión de las negociaciones ya en curso con Canadá y con los Emiratos Árabes Unidos, y remarcó la intención de profundizar los acuerdos regionales existentes en el marco de la Aladi con Chile, Perú, Ecuador y Colombia. A esto se suma la agenda bilateral con la Unión Europea: en diciembre se realizará la primera reunión del Acuerdo Interino de Comercio Mercosur-UE, junto con el primer Foro Empresarial Mercosur-Unión Europea, ambos en el marco de la próxima Cumbre del Mercosur en Uruguay.
El canciller uruguayo insistió, además, en que el bloque debe contemplar las asimetrías entre sus economías y permitir que los socios de menor tamaño relativo avancen a distintas velocidades en la apertura comercial, un reclamo histórico de Montevideo que vuelve a cobrar relevancia en momentos en que el Mercosur negocia simultáneamente en múltiples tableros.
El resultado de estas negociaciones en curso, aún abiertas y sin plazos de cierre definidos, determinará si el Mercosur logra diversificar de manera efectiva sus flujos de comercio e inversión más allá de sus socios tradicionales, en un contexto internacional donde la seguridad alimentaria y energética se volvió un activo estratégico cada vez más disputado entre las grandes potencias.

