China afina su estrategia de subsidios con foco en sectores estratégicos

Beijing no solo destina más recursos que sus competidores, sino que los redirige con mayor agilidad hacia las industrias que considera prioritarias, retirando el apoyo a sectores ya maduros.
China afina su estrategia de subsidios
China afina su estrategia de subsidios

La discusión sobre los subsidios industriales de China volvió a instalarse en el centro del debate comercial global. Más allá del volumen del gasto -que según distintas estimaciones multiplica varias veces el de Estados Unidos o la Unión Europea-, lo que distingue al modelo chino es la capacidad de reasignar el apoyo estatal a medida que cambian las prioridades tecnológicas y geopolíticas, en lugar de sostener indefinidamente a los mismos sectores.

Un estudio del Centro de Estrategia e Investigación Internacional (CSIS) había estimado que el respaldo estatal chino a sus empresas alcanzó al menos 1,73% del PBI en 2019, equivalente a más de 248.000 millones de dólares a tipo de cambio de mercado, una cifra que supera el gasto militar del país y que según los propios autores del informe viene en aumento. El instituto alemán IfW Kiel calculó que los subsidios industriales chinos son, en promedio, entre tres y cuatro veces más altos que los de los países de la OCDE, y en algunos casos hasta nueve veces mayores.

Del apoyo masivo a la reasignación selectiva

La señal más reciente de ese reacomodamiento llegó con el nuevo plan quinquenal 2026-2030, que por primera vez en más de una década excluyó a los vehículos eléctricos de la lista de industrias estratégicas. La decisión no implica un abandono del sector -China concentra hoy la mayor parte de la producción mundial de autos eléctricos y baterías-, sino el reconocimiento de que esa industria ya alcanzó una madurez que le permite competir sin el mismo nivel de sostén estatal. Analistas del sector señalan que el mensaje oficial es claro: los subsidios a los vehículos eléctricos se irán diluyendo, mientras el mercado asume un rol mayor en decidir qué empresas sobreviven en un rubro que enfrenta una sobrecapacidad instalada de alrededor de 40 millones de unidades anuales frente a una demanda doméstica cercana a los 22 millones.

Los recursos liberados por esa retirada gradual se redirigen hacia lo que en círculos de política económica china se denomina la nueva generación de industrias estratégicas emergentes: computación cuántica, hidrógeno, inteligencia artificial, biomanufactura, semiconductores, aeroespacial comercial, la llamada economía de baja altitud -drones y movilidad aérea- y las redes de sexta generación (6G). Es un giro que confirma un patrón de comportamiento: Beijing no reparte subsidios de manera pareja entre todos sus sectores prioritarios, sino que reordena el tablero conforme cada industria pasa de la etapa de despegue tecnológico a la de consolidación comercial.

Una evidencia empírica más matizada

Investigaciones académicas recientes relativizan, sin embargo, la eficacia de ese modelo. Un trabajo del Centre for Economic Policy Research (CEPR) estimó que el costo fiscal equivalente de la política industrial china ronda el 4% del PBI por año, con la mayor parte del apoyo concentrado en el sector manufacturero, y calculó que la mala asignación de factores productivos que genera reduce la productividad total de los factores en cerca de 1,2%. Otro estudio del mismo centro, basado en las notificaciones de subsidios que China realiza ante la Organización Mundial del Comercio entre 2001 y 2022, encontró que el apoyo fiscal directo se estabilizó en torno al 0,8% del PBI después de 2008, con una tendencia de fondo hacia menos subsidios para atraer inversión extranjera y más apoyo enfocado en innovación tecnológica específica por industria.

Datos recopilados por Rhodium Group muestran, además, la magnitud de la dispersión del sistema: más del 98% de las empresas chinas que cotizan en bolsa recibieron algún tipo de subsidio en 2020, lo que confirma que, junto al componente estratégico, el aparato de apoyo estatal chino también cumple funciones de sostenimiento del empleo y la estabilidad social que exceden la lógica de la competitividad tecnológica pura.

La comparación con Occidente

Para gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur y Japón, que en los últimos años relanzaron sus propias políticas de subsidios en semiconductores, baterías y energías limpias, el caso chino funciona como referencia obligada y como advertencia. La lectura que se impone entre especialistas es que la ventaja china no proviene únicamente del tamaño del gasto, sino de la velocidad con la que el Estado redefine sus prioridades sectoriales y de la escala de mercado doméstico que permite amortizar los costos de esa reasignación, dos condiciones que ninguna economía occidental logra replicar con la misma facilidad.

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