La Unión Europea ampliará el uso de cláusulas de salvaguardia para proteger sectores industriales enteros de la competencia considerada desleal de China. Así lo anunció Stéphane Séjourné, comisario europeo de Estrategia Industrial. La medida implica un cambio de enfoque: hasta ahora, las salvaguardias se aplicaban empresa por empresa o materia prima por materia prima; en adelante, se extenderán de forma transversal a industrias completas.
«Utilizaremos las cláusulas de salvaguardia de manera más general, aplicadas a sectores y no solo a empresas o materias primas particulares», declaró Séjourné. El funcionario identificó la química, los metales y las tecnologías limpias como las ramas más expuestas a la sobreproducción subvencionada por el Estado chino, que ha deprimido precios y erosionado la competitividad europea durante años.
El diagnóstico de Séjourné es contundente: el déficit comercial diario de la UE con China alcanza los 1.000 millones de euros, y unos 29 millones de puestos de trabajo están en riesgo por la sobreproducción china. El comisario, sin embargo, aclaró que el objetivo no es una ruptura con Pekín. «Nuestra meta no es romper con China, sino lograr un reequilibrio real y medidas concretas que nos permitan alcanzarlo», señaló, y sugirió que el atractivo del mercado único europeo constituye una palanca de negociación que representa «probablemente una debilidad china».
El sector siderúrgico ya anticipa la dirección del cambio. En abril, el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo provisional sobre un nuevo régimen de importación de acero: las cuotas libres de aranceles se reducirían a 18,3 millones de toneladas anuales —cerca de un 47% por debajo del nivel vigente en 2024— y el arancel fuera de cuota subiría al 50%, en línea con los gravámenes que aplican Estados Unidos y Canadá. Este modelo de cuotas más estrictas y aranceles más elevados parece convertirse en la plantilla para una política industrial más amplia.
El paquete contempla también medidas complementarias. La Comisión Europea propondría exigir a las empresas que diversifiquen sus cadenas de suministro, reduciendo la dependencia de un único proveedor. Además, cinco Estados miembros —encabezados por Francia— han impulsado una herramienta de «resiliencia» que permitiría imponer cuotas o aranceles adicionales a los proveedores de una empresa cuando las importaciones superen cierto nivel de concentración. Las medidas serán debatidas por los comisarios en una reunión especial dedicada a la relación con China.
El giro proteccionista de Bruselas se produce en un contexto de creciente presión arancelaria global. Tras la escalada tarifaria impulsada por la administración Trump —que elevó los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio al 50%— y el acuerdo comercial general entre la UE y Washington de finales de julio pasado, la alianza transatlántica en materia de metales va tomando forma. Aun así, los exportadores europeos de acero siguen enfrentando un arancel del 50% al ingresar al mercado estadounidense, lo que mantiene viva la presión negociadora entre ambas potencias.
Con estas medidas, la UE apunta a una reconfiguración profunda de su política comercial defensiva: menos focalizada en casos puntuales y más orientada a blindar industrias estratégicas frente a lo que Bruselas ya caracteriza abiertamente como una distorsión sistémica del mercado global.

