Marruecos, la nueva frontera industrial de China en el Mediterráneo.

Miles de millones en inversiones chinas despiertan alarmas en Bruselas ante el riesgo de que productos subsidiados inunden a los fabricantes europeos.
01/06/2026
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Marruecos la nueva frontera industrial de China
Marruecos la nueva frontera industrial de China

A nueve millas de la costa española, sobre el Estrecho de Gibraltar, China está construyendo lo que podría convertirse en su mayor plataforma manufacturera fuera de Asia. La Ciudad Tecnológica Mohammed VI de Tánger —conocida como Tangier Tech— es el epicentro de una estrategia de inversión que acumula miles de millones de dólares y que ha encendido todas las alarmas en Bruselas.

Desde que Marruecos se incorporó a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) en 2017, el flujo de capital chino hacia el país norteafricano no ha hecho más que crecer. Empresas como Gotion High-Tech han comprometido 6.500 millones de dólares para construir la primera gigafábrica de baterías de África en Kenitra, con capacidad para 100 GWh destinados casi en su totalidad al mercado europeo de vehículos eléctricos. BTR New Material Group fabrica materiales de cátodo dentro del propio Tangier Tech. CNGR Advanced Material opera en Jorf Lasfar en una joint venture para producir materiales de baterías con destino a Europa. El mapa de inversiones chinas en Marruecos ya no es una anécdota: es una estrategia.

Marruecos ofrece acceso preferencial a la Unión Europea a través de un acuerdo de libre comercio en vigor desde 2000, además de un tratado equivalente con Estados Unidos desde 2006. Su proximidad geográfica reduce los costos logísticos. Su mano de obra es multilingüe y más barata que la europea. El puerto de Tánger Med —el primero del Mediterráneo y de África— garantiza conectividad marítima de primer nivel. Y el Gobierno marroquí complementa el cuadro con un sistema de subsidios que incluye préstamos preferenciales, exenciones fiscales y subvenciones directas al sector automotor.

Pero lo que para Marruecos es un modelo de desarrollo industrial acelerado, para la Comisión Europea representa una distorsión del comercio internacional. En marzo de 2025, Bruselas impuso aranceles compensatorios a las exportaciones marroquíes de llantas de aluminio: 31,45% para Dika Morocco Africa —empresa que recibió financiamiento directo chino en el marco del BRI— y 5,60% para Hands8, que opera solo con subsidios marroquíes. La investigación antisubvenciones de la Comisión concluyó que el Gobierno marroquí apoya sistemáticamente a su sector automotor mediante mecanismos incompatibles con las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Estos aranceles se suman a los ya existentes por dumping, impuestos en enero de 2023 y que oscilan entre el 9% y el 17,5%.

Marruecos podría convertirse en el campo de batalla entre Europa y China por el control de las cadenas de valor industriales del futuro. Las consecuencias ya son visibles. Dika Morocco Africa canceló los planes para su cuarta fábrica en Kenitra y decidió redirigir esa inversión hacia Portugal, dentro de la Unión Europea, donde los aranceles no se aplican. Es un movimiento que ilustra con precisión el dilema que enfrenta el capital chino: la ventaja competitiva del nearshoring marroquí depende de que Bruselas no cierre la puerta. Y Bruselas ya está cerrándola.

El contexto geopolítico amplifica la tensión. En 2025, Washington impuso aranceles masivos sobre productos chinos, lo que generó un exceso de capacidad productiva en China que busca nuevos destinos de exportación. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió en la cumbre del G7 que Beijing estaba inundando los mercados globales con una sobreoferta subsidiada que sus propios consumidores no podían absorber. El comisario de Industria, Stéphane Séjourné, llamó a las empresas europeas a diversificar proveedores ante las crecientes tensiones con China. Las importaciones europeas desde China totalizaron 559.400 millones de euros en 2025, un 89% más que en 2015, generando un déficit comercial de 359.800 millones de euros.

Marruecos, sin embargo, se niega a ser tratado como una simple pieza en el tablero sino-europeo. Rabat tiene una relación estratégica con la Unión Europea de décadas: es el socio árabe más antiguo de Bruselas, desde 1969; obtuvo el estatus de ‘socio privilegiado’ en 2008; y casi dos tercios de su comercio exterior se realiza con Europa. El comercio bilateral alcanzó los 110.000 millones de dólares en 2023, con un superávit favorable a la UE de 27.000 millones. El Ministerio de Industria y Comercio marroquí respondió públicamente a los aranceles recordando el proceso formal de investigación que los precedió, y el Gobierno busca posicionarse como una plataforma industrial neutral, abierta tanto a la inversión europea como a la asiática.

Un informe de la organización Afripoli, publicado a principios de 2026, plantea la posibilidad de un marco trilateral China-Marruecos-UE en el sector de minerales de transición energética, anclado en la inversión compartida e intercambio tecnológico. Pero ese escenario cooperativo choca con la dinámica actual de instrumentalización comercial y respuestas defensivas. China está construyendo en Marruecos, la UE está poniendo aranceles, y Marruecos está tratando de beneficiarse de ambos sin perder a ninguno.

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