China rechaza las acusaciones de «exceso de capacidad» mientras Washington avanza con su investigación bajo la Sección 301

El Ministerio de Comercio chino difundió un documento de posición que cuestiona el criterio estadounidense para definir la sobrecapacidad industrial.
China rechaza las acusaciones de "exceso de capacidad"
China rechaza las acusaciones de "exceso de capacidad"

El Ministerio de Comercio de China publicó esta semana un extenso documento de posición bajo el título «La postura de China sobre la cuestión de la llamada sobrecapacidad», en el que rechaza de manera frontal los señalamientos que Estados Unidos viene realizando sobre supuestos excedentes de producción industrial china. El texto también apunta contra los subsidios industriales, las medidas arancelarias y otras políticas comerciales estadounidenses, a las que califica de proteccionistas y contrarias a las normas de la Organización Mundial del Comercio.

En una conferencia de prensa posterior a la difusión del documento, un funcionario de la cartera comercial china sostuvo que Washington carece de autoridad para definir de manera unilateral qué constituye «sobrecapacidad» en un país determinado, y que el sólo hecho de que la producción de una industria supere la demanda doméstica no alcanza para calificarla de excedente estructural. Según esa posición, la determinación de la sobrecapacidad a través de una investigación unilateral —y la eventual imposición de restricciones comerciales basadas en esa determinación— carecería de sustento en el derecho comercial internacional. 

Pekín instó a Washington a corregir lo que describe como conductas irregulares y a retomar la vía del diálogo, al tiempo que se reservó el derecho a adoptar todas las medidas necesarias para defender sus intereses.

Una investigación que abarca a dieciséis economías

La respuesta china llega en un momento clave del proceso abierto en Washington. El 11 de marzo de 2026, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) inició formalmente investigaciones bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 sobre presunta «sobrecapacidad estructural y producción excesiva» en sectores manufactureros de dieciséis economías: China, la Unión Europea, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladesh, México, Japón e India.

El organismo sostiene que estas economías producen más bienes de los que pueden absorber sus propios mercados internos, lo que —según su argumento— desplaza la producción manufacturera estadounidense o desalienta nuevas inversiones en el sector dentro de Estados Unidos. La lista de rubros bajo la lupa es amplia: acero, aluminio, automóviles, baterías, cemento, productos químicos, electrónica, bienes energéticos, vidrio, máquinas herramienta, maquinaria en general, metales no ferrosos, papel, plásticos, alimentos y bebidas procesados, robótica, satélites, semiconductores, embarcaciones, paneles solares y equipos de transporte.

El proceso, sector por sector

Cada jurisdicción investigada fue señalada por motivos distintos: exceso de producción siderúrgica en el caso chino, baja utilización de plantas químicas en Alemania, expansión de capacidad industrial pese a la caída en las tasas de ocupación en Singapur, cuestionamientos por manejo cambiario en Suiza, sobreoferta persistente de cemento en Indonesia, medidas de impulso manufacturero en Camboya en medio de la incertidumbre arancelaria, utilización de capacidad instalada por debajo del 60% en Tailandia, y sostenimiento de empresas no rentables mediante mecanismos ajenos al mercado en Japón, entre otros señalamientos. El proceso incluyó una instancia de audiencia pública ante la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos y una ventana de comentarios que se cerró a mediados de abril, con la participación de centros de estudio, cámaras empresariales y organismos técnicos que en general coincidieron en señalar a China como el caso de mayor gravedad dentro del grupo de dieciséis economías.

Qué puede pasar ahora

Una determinación afirmativa en cualquiera de los casos investigados habilitaría a la administración estadounidense a imponer aranceles u otras restricciones comerciales sobre las importaciones de esos países, o bien a utilizar el hallazgo como base para abrir negociaciones bilaterales. Con la etapa de comentarios y audiencias ya cerrada, la atención pasó a las conclusiones que prepara la USTR, en un contexto en el que el organismo viene remarcando que Washington ya no está dispuesto a sostener su base industrial mientras otros países exportan, según su diagnóstico, los efectos de su propia sobrecapacidad. El documento chino difundido esta semana funciona, en ese sentido, como una respuesta anticipada a esas conclusiones y como un intento de fijar posición antes de que se conozcan eventuales medidas concretas.

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