El conflicto armado en Irán ha generado lo que analistas de los principales centros financieros del mundo describen como una «ventana de oro» para la internacionalización del renminbi chino. A medida que las sanciones occidentales paralizan los canales de pago convencionales y las rutas energéticas se reconfiguran, la divisa de Pekín avanza posiciones en el comercio internacional de crudo con una velocidad sin precedentes.
En el centro de esta transformación se encuentra el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos de China (CIPS, por sus siglas en inglés), creado en 2015 como alternativa a las redes de mensajería y liquidación financiera dominadas por Occidente. Desde que el conflicto iraní se intensificó, los volúmenes diarios de transacciones en CIPS alcanzaron niveles récord, con picos de actividad en la liquidación de operaciones que evidencian una creciente dependencia del sistema de compensación en renminbi para los flujos comerciales internacionales.
El trasfondo estructural de esta dinámica es contundente. Hacia fines de 2025, China absorbía entre el 80 y el 90 por ciento de las exportaciones petroleras de Irán, equivalentes a 1,4 millones de barriles diarios, lo que representaba el 13 por ciento de las importaciones totales de crudo del gigante asiático. Este vínculo quedó institucionalizado mediante la Asociación Estratégica Integral de 25 años firmada en 2021, por la cual China se comprometió a invertir aproximadamente 400 mil millones de dólares en los sectores energético, bancario e infraestructural de Irán, a cambio de suministro de crudo estable y a precios por debajo del mercado.
Las sanciones que afectan a grandes exportadores como Rusia e Irán han empujado a estos países a buscar mecanismos de liquidación no vinculados al dólar. En muchos casos, los compradores e intermediarios se encuentran ante opciones limitadas, lo que favorece el uso del renminbi en las transacciones petroleras vinculadas a Asia y otros mercados emergentes.
El papel de los Emiratos Árabes Unidos en este esquema merece atención especial. El banco First Abu Dhabi se incorporó a CIPS como participante directo a mediados de 2025 y fue posteriormente designado banco oficial de compensación en renminbi. Dada la histórica función de los Emiratos como hub del comercio iraní y las finanzas comerciales de la región, este movimiento amplía significativamente el alcance operativo de la red china de pagos transfronterizos.
La tecnología también juega un rol central. China podría valerse del Proyecto mBridge, una plataforma de pagos transfronterizos diseñada para facilitar la liquidación directa entre monedas digitales de bancos centrales (CBDC). La iniciativa, originalmente incubada bajo el Banco de Pagos Internacionales (BIS), reúne al Banco Popular de China, la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el Banco de Tailandia, el Banco Central de los Emiratos y el Banco Central de Arabia Saudita. El proyecto ha procesado más de 4.000 transacciones por un valor superior a los 55 mil millones de dólares, con el yuan digital de China representando el 95,3 por ciento del volumen total.
Los datos del FMI correspondientes a fines de 2025 muestran que el dólar sigue concentrando más de la mitad de las reservas oficiales declaradas a nivel global, mientras que el renminbi permanece como una moneda de reserva secundaria. Las estadísticas del sistema SWIFT reflejan una mejora en la participación del yuan en los pagos internacionales, aunque todavía se ubica en un rango de un dígito bajo.
Lo que emerge con claridad es un fenómeno más modesto pero potencialmente más duradero: el renminbi está consolidándose como una «moneda de corredor», es decir, una divisa que opera con eficacia en contextos donde la dependencia comercial, la presión de sanciones y el alcance institucional chino se superponen. El caso iraní encarna esta lógica: cuando un Estado sancionado no puede ejecutar pagos a través de los canales financieros convencionales, el yuan se convierte en el lubricante que mantiene el comercio en funcionamiento.
La posición de China como mayor importador de petróleo del mundo le otorga un apalancamiento estructural considerable en las negociaciones sobre el uso de monedas en las liquidaciones comerciales. Durante 2025, Pekín negoció descuentos crecientes sobre el crudo iraní, y la perturbación del tránsito por el estrecho de Ormuz no hizo más que incrementar su poder de negociación. Este desequilibrio estructural, en el que Irán vende materias primas y China vende bienes manufacturados de alto valor, podría sentar las bases de una dependencia duradera, tanto energética como financiera.

