La Unión Europea le puso fecha límite a China para mostrar resultados concretos en la reducción del abultado déficit comercial que mantiene el bloque con el gigante asiático. El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, y el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, se reunieron en Bruselas en un encuentro que se extendió durante todo el día y que ambas partes calificaron como “intensivo, enfocado y constructivo”.
El objetivo declarado por Šefčovič fue claro: comenzar a equilibrar la relación comercial entre la Unión Europea y China antes de que termine el año.
Un déficit que crece sin pausa
El trasfondo de la negociación es un número que se volvió políticamente incómodo para Bruselas: el déficit comercial de bienes de la UE con China alcanzó los 360.000 millones de euros en 2025, el más alto de la historia del bloque. La cifra equivale a un desbalance de aproximadamente 1.000 millones de euros por día y, por primera vez, los 27 Estados miembro registraron déficit con Beijing de manera simultánea.
“Las exportaciones chinas a la UE siguen aumentando, mientras que nuestra cuota de mercado en China sigue reduciéndose, y esta tendencia no es sostenible”, advirtió Šefčovič, quien remarcó que “el status quo no es una opción”. El planteo había sido respaldado dos semanas antes por los propios líderes europeos: en la cumbre de mediados de junio, el Consejo Europeo le dio a la Comisión el mandato de negociar con Beijing un resultado concreto para reequilibrar el vínculo.
Cuatro frentes de negociación
Como resultado del encuentro, ambas partes acordaron formalizar cuatro mesas de trabajo conjuntas: balance del comercio y la inversión bilateral, controles a la exportación, protección de la propiedad intelectual y una agenda común para impulsar la reforma de la Organización Mundial del Comercio. El acuerdo quedó plasmado en una declaración conjunta, la primera que firman ambas partes desde 2019.
Entre los puntos más sensibles de la agenda figuran las restricciones chinas a la exportación de tierras raras y de imanes permanentes, materiales clave para sectores estratégicos de la industria europea, desde la automotriz hasta la de defensa. Sobre este punto, Šefčovič indicó que Wang le aseguró que “los controles a la exportación existentes sobre tierras raras e imanes permanentes no van a interrumpir las cadenas de suministro de la UE”.
Como parte del esquema acordado, ambos gobiernos se comprometieron a crear un mecanismo conjunto de monitoreo de los flujos comerciales, que utilizará los mismos datos consensuados por ambas partes para detectar a tiempo subas abruptas en las importaciones. Según explicó Šefčovič, el sistema funcionará con una lógica de alerta temprana: cuando una variable cruce hacia una “zona roja”, el caso escalará de inmediato a una instancia de diálogo político.
Una visita a Beijing para medir el avance
Šefčovič confirmó que viajará a Beijing durante el otoño europeo para evaluar el cumplimiento de los compromisos asumidos, en un viaje que funciona, en los hechos, como un mecanismo de presión adicional sobre el cronograma fijado. El plazo de octubre no es casual: coincide con la próxima cumbre de líderes europeos, prevista para el 15 de ese mes, fecha en la que la Comisión deberá rendir cuentas sobre los avances logrados.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ya había marcado la urgencia del reclamo a fines de junio. “Un déficit comercial de 1.000 millones de euros por día es simplemente insostenible, y no podemos seguir planteando este problema sin resultados concretos”, había señalado tras dos jornadas de reuniones a puertas cerradas. En esa misma conferencia, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, había anticipado que el bloque está diseñando nuevos instrumentos, entre ellos una herramienta de diversificación para ayudar a las empresas europeas a reducir su dependencia de proveedores chinos.
Berlín, en el centro de la presión
En paralelo a su encuentro con Šefčovič, Wentao también se reunió en Bruselas con la ministra alemana de Asuntos Económicos, Katherina Reiche, quien venía de visitar Beijing en mayo. El Ministerio de Economía alemán indicó en un comunicado que buscaba “aprovechar intereses compartidos y beneficios mutuos”, aunque remarcó que “los mercados abiertos requieren condiciones equitativas, cadenas de suministro confiables y un comercio equilibrado”.
El reclamo alemán no es menor: las cifras conocidas el año pasado mostraron un déficit comercial récord de 87.000 millones de euros entre Alemania y China, un dato que funcionó como una señal de alarma para Berlín. El gobierno alemán, históricamente reacio a endurecer su postura frente a Beijing para no comprometer el acceso de sus empresas al mercado chino, enfrenta hoy una competencia cada vez más dura por parte de los fabricantes chinos, particularmente en el sector automotor, donde se anunciaron más de 100.000 despidos para los próximos años.
El cronograma quedó así planteado: cuatro mesas de trabajo activas desde ahora, un mecanismo conjunto de monitoreo en marcha, una visita de Šefčovič a Beijing en otoño y una cumbre de líderes europeos el 15 de octubre como horizonte de evaluación. Será entonces cuando se sepa si el diálogo iniciado esta semana logró torcer una tendencia que, según reconocen ambas partes, se volvió insostenible.

