La Unión Europea frena la confrontación comercial con China

Pese a un déficit comercial récord de mil millones de euros diarios y a la erosión de su base industrial, los líderes europeos optaron en la cumbre de Bruselas por negociar antes que escalar el conflicto con Pekín.
22/06/2026
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La Unión Europea frena la confrontación comercial con China
La Unión Europea frena la confrontación comercial con China

Los 27 líderes de la Unión Europea (UE) reunidos en Bruselas llegaron a la cumbre con el peso de una agenda comercial explosiva: cómo responder al avance arrollador de las importaciones chinas que en 2025 generaron un déficit de 359.000 millones de euros, equivalente a más de mil millones de euros por día. Sin embargo, al cierre del encuentro, la retórica combativa previa cedió ante una resolución moderada: más diálogo, menos acción inmediata.

Los jefes de Estado y de Gobierno instruyeron a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a «continuar el diálogo constructivo» con los principales socios comerciales del bloque, y a «desarrollar y eventualmente complementar» el arsenal de herramientas de defensa comercial e industrial disponibles. La formulación fue deliberadamente ambigua, reflejo de un bloque profundamente dividido sobre cómo tratar a su mayor proveedor externo.

Un déficit que acumula presión

Las cifras hablan por sí solas. El déficit comercial de la UE con China alcanzó los 359.000 millones de euros en 2025, casi un 20% más que el año anterior, y en el primer trimestre de 2026 siguió ensanchándose: rozó los 95.000 millones de euros, frente a los 88.400 millones registrados en el mismo período de 2025. Las exportaciones chinas crecieron más de un 40% desde la pandemia, mientras que las importaciones europeas en China cayeron en casi todos los grandes países del bloque, con la excepción de los Países Bajos.

La Comisión Europea había preparado el terreno para una postura más firme. El 29 de mayo, declaró públicamente que la relación comercial UE-China «no es sostenible». Sectores como los vehículos eléctricos, la tecnología solar, los productos químicos y los metales son los más afectados por la competencia de productos chinos subsidiados, que según las mismas autoridades europeas distorsionan el mercado.

Divisiones internas y miedo a la represalia

Detrás de la cautela europea hay un cálculo político concreto: el miedo a las represalias de Pekín. China ya respondió a los aranceles europeos sobre vehículos eléctricos con gravámenes propios sobre alimentos y vinos europeos, un recordatorio de su capacidad para golpear donde duele. Antes de la cumbre, una cadena estatal china había mencionado cosméticos, alcohol, carne y productos de lujo como posibles objetivos, sectores neurálgicos para Francia, España e Italia.

Las posiciones dentro del bloque son dispares. Francia, Italia, Polonia y los Países Bajos presionaron por herramientas más agresivas, como nuevos aranceles y cuotas sobre importaciones chinas. En el otro extremo, Alemania y España abogaron por la prudencia. Berlín, cuya economía exportadora depende fuertemente del mercado chino, teme ser la primera víctima de cualquier escalada. Madrid, por su parte, ha profundizado sus lazos bilaterales con Pekín y recibió recientemente un flujo importante de inversión china.

El primer ministro belga, Bart De Wever, resumió la tensión al decir que los líderes «estamos de acuerdo en los problemas que tenemos», sin llegar a un consenso sobre las soluciones. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue más directa: «hay una clara disputa en términos de comercio y tecnología», e instó a que Europa «contraataque». El canciller austriaco, Christian Stocker, advirtió que cualquier acción contra China desencadenará una respuesta que el bloque debe estar dispuesto a absorber.

El factor Trump y el calendario geopolítico

Otro elemento que pesó en la decisión europea es el contexto geopolítico más amplio. El presidente chino, Xi Jinping, tiene previsto visitar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en septiembre. Para los diplomáticos europeos, adoptar ahora una postura confrontacional frente a Pekín podría aislar a la UE en un momento en que Washington podría alcanzar sus propios acuerdos con China. Según un alto diplomático europeo, el bloque no puede permitirse asumir el costo de la confrontación si luego queda sola en esa posición.

Mientras tanto, Pekín envió señales propias. China canceló reuniones diplomáticas de alto nivel con la UE a principios de junio, lo que fue ampliamente interpretado como una advertencia. Al mismo tiempo, el viceministro de Comercio chino, Ling Ji, visitó la sede de la UE entre el 9 y el 14 de junio para explorar el establecimiento de un mecanismo de consulta bilateral sobre comercio e inversión, señal de que Pekín también busca mantener canales abiertos.

El debate sobre los instrumentos disponibles

Analistas del Centro Jacques Delors y del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) advierten que la UE ya cuenta con herramientas suficientes para actuar sin necesidad de crear nuevos instrumentos: el Reglamento de Salvaguardas y el Instrumento contra la Coerción, entre otros. La propuesta que gana terreno en círculos académicos y de política exterior es la de una estrategia de «enjambre»: múltiples medidas de bajo perfil aplicadas de forma acumulativa, en lugar de una confrontación única y masiva que obligue a cada capital a decidir si puede soportar la siguiente represalia de Pekín.

El debate de fondo no es técnico sino político: ¿puede Europa construir una mayoría cualificada sostenida en el tiempo para avanzar en medidas de defensa comercial? Por ahora, la respuesta es no. Las asimetrías de exposición entre países miembros, las dependencias en materias primas críticas y semiconductores chinos, y la ausencia de un mecanismo de reparto de costos ante represalias hacen que la unidad sea difícil de alcanzar. La cumbre de Bruselas postergó la decisión, pero el reloj sigue corriendo.

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