Las empresas japonesas abandonan China a un ritmo récord

La presencia corporativa de Japón en el gigante asiático cayó a su nivel más bajo desde que existen registros: en apenas dos años, más de 4.100 firmas cerraron o se retiraron.
Japón: menos inversiones en China y mas inversiones en India
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El vínculo empresarial que durante tres décadas convirtió a Japón en uno de los grandes inversores de China atraviesa su punto más bajo. Según el noveno relevamiento de la consultora de crédito Teikoku Databank, publicado el 28 de septiembre, a junio de 2026 apenas 10.118 compañías japonesas mantenían una filial, una planta o una oficina de representación en territorio chino. La cifra implica 2.916 empresas menos que en 2024, una caída del 22,4%, y queda casi un 30% por debajo del máximo de 14.394 registrado en 2012. Es el nivel más bajo desde 2010, cuando comenzó la serie.

Menos llegadas, más salidas

El retroceso se explica por los dos extremos del flujo. Entre 2024 y 2026 sólo 1.221 firmas japonesas desembarcaron en China, por debajo incluso de las 1.352 que lo hicieron durante los años de pandemia y el registro más bajo de toda la serie. En paralelo, un récord de 4.137 compañías figuran como retiradas o con paradero desconocido, categoría que incluye sitios directamente cerrados. La conclusión del informe es contundente: la presencia japonesa en China dejó atrás la etapa de expansión y entró de lleno en una fase de reestructuración.

La contracción alcanzó a los tres sectores que concentran el 86% de las empresas relevadas. La manufactura perdió 933 establecimientos; el comercio mayorista, 898, y los servicios, 590. Dentro de la industria, los rubros intensivos en mano de obra —textil, imprenta y muebles— fueron los más golpeados, una señal de que el viejo modelo de China como plataforma de producción barata se está agotando para el capital japonés.

Shanghái y Pekín, epicentros del repliegue

Shanghái sigue siendo el principal polo de negocios japoneses en el país, con 3.961 empresas, pero en dos años perdió 1.085 sitios, cerca de una quinta parte de su total, y ya se ubica un 30% por debajo de su nivel de 2022. En Pekín el ajuste fue aún más profundo: quedan 555 compañías, la mitad que hace cuatro años. La capital concentra oficinas financieras, de consultoría, tecnología y sedes regionales, funciones que las casas matrices vienen racionalizando ante una carga regulatoria cada vez más pesada. Tampoco se verificó el traslado de la costa hacia el interior que algunos anticipaban: el número de firmas japonesas también cayó en Shaanxi, Chongqing y Sichuan.

Taiwán, tierras raras y espionaje: el factor político

El deterioro de la relación bilateral encabeza la lista de riesgos que identifican las empresas. El quiebre se produjo el 7 de noviembre de 2025, cuando la primera ministra Sanae Takaichi planteó ante el Parlamento que un bloqueo naval chino sobre Taiwán podría configurar una situación de amenaza a la supervivencia de Japón, figura que habilita el ejercicio de la autodefensa colectiva. Pekín respondió con desaconsejar los viajes de sus ciudadanos a Japón, suspender las importaciones de productos del mar y congelar intercambios académicos y culturales.

La escalada se profundizó el 6 de enero de 2026, cuando el Ministerio de Comercio chino prohibió la exportación de bienes de uso dual con destino a usuarios militares japoneses o a fines que pudieran fortalecer las capacidades de defensa de Japón, sobre un universo de control que abarca más de 800 ítems, desde químicos y sensores hasta equipos navales y aeroespaciales. En febrero, Pekín publicó además dos listas con 20 compañías japonesas cada una sujetas a restricciones. A ese frente se suman, según Teikoku Databank, la recesión inmobiliaria china, las restricciones a las tierras raras, la reforma de la ley antiespionaje, la sobrecapacidad productiva y la guerra de precios con competidores respaldados por el Estado.

Competencia local y aranceles de Washington

Aun antes de la crisis diplomática, el clima ya era adverso. En la encuesta anual de la Organización Japonesa de Comercio Exterior (JETRO), relevada entre agosto y septiembre de 2025, el 74,5% de las compañías japonesas en China señaló a las firmas locales como su principal competidor, proporción que supera el 90% entre los fabricantes de componentes electrónicos. 

La política comercial de Estados Unidos agrega presión. Un sondeo de Teikoku Databank de octubre de 2025 entre unas 450 empresas con operaciones en China mostró que el 47,1% esperaba un impacto negativo de los aranceles estadounidenses sobre sus ganancias, frente al 33,4% del conjunto de las compañías japonesas. Entre las manufactureras radicadas en China, la proporción trepaba al 58,4%.

Hacia dónde se mueve el capital japonés

Los flujos de inversión confirman la reasignación. La inversión directa neta de Japón en China pasó de 12.500 millones de dólares en 2021 a unos 1.700 millones de dólares estimados en 2025, mientras que la dirigida a India se duplicó en el mismo período, de 3.700 millones de dólares a 7.600 millones de dólares. El Sudeste Asiático también capitaliza el giro: Vietnam se consolida como destino preferido para nuevas plantas, y la inversión japonesa en la ASEAN creció un 36% en 2024 hasta 29.600 millones de dólares. Una parte de la producción, además, vuelve a Japón.

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