La Unión Europea abrió un nuevo frente en su relación comercial con el Reino Unido. Según trascendió de las conversaciones entre ambas partes, Bruselas le transmitió a Londres que un alineamiento más estrecho de su política comercial —en particular frente a China— podría ser la condición para que las empresas británicas accedan a los beneficios del esquema “Made in Europe” previsto en la Ley de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act). La salida más ambiciosa, según fuentes comunitarias, sería la incorporación británica a la unión aduanera del bloque, una alternativa que el gobierno del Reino Unido mantiene dentro de sus líneas rojas. La Comisión Europea evitó pronunciarse públicamente sobre el tema.
El trasfondo es la preocupación de que las menores barreras comerciales británicas conviertan al país en una vía de entrada de vehículos chinos al mercado único, esquivando la muralla arancelaria que Bruselas levantó en los últimos dos años.
Una brecha arancelaria de hasta 35 puntos
Desde fines de octubre de 2024, la UE aplica derechos compensatorios definitivos de entre 7,8% y 35,3% sobre los autos eléctricos a batería fabricados en China, según el fabricante, que se suman al arancel general del 10%. La carga total puede alcanzar así el 45,3%, como ocurre con los modelos del grupo SAIC, dueño de las marcas MG y Maxus. El Reino Unido, en cambio, no adoptó esas medidas antisubvención y sigue cobrando solo el 10% general.
Brecha arancelaria entre Bruselas y Londres sobre vehículos eléctricos de origen chino.
La diferencia ya se refleja en el mercado. Los fabricantes chinos —BYD, Chery y sus marcas Omoda y Jaecoo, entre otros— concentran en conjunto alrededor del 16% de las ventas de autos nuevos en el Reino Unido este año, una expansión que no tiene equivalente en el continente.
Del “portaaviones japonés” a la plataforma china
La discusión reactualiza una vieja metáfora de la industria europea. A comienzos de los noventa, cuando Nissan, Toyota y Honda instalaron plantas en suelo británico para abastecer al continente, la dirigencia automotriz francesa describió al Reino Unido como un portaaviones japonés anclado frente a las costas de Europa. Tres décadas después, la planta de Honda ya no existe y las de Nissan y Toyota operan cerca de la mitad de su capacidad. Ahora el temor es que el mismo esquema se repita con capitales chinos.
Las señales van en esa dirección. En junio, Nissan firmó un memorando de entendimiento no vinculante con Chery para fabricar vehículos de la marca china en la Línea 1 de su planta de Sunderland —la mayor fábrica de autos del país— a partir del año fiscal 2027. A esto se suman el proyecto de MG en Galicia, las plantas de BYD en Hungría y Turquía y la producción de modelos Leapmotor en dos fábricas de Stellantis en España. El propio titular de Nissan para Europa advirtió este mes que el Reino Unido corre el riesgo de convertirse en un corredor de eléctricos chinos hacia la UE y que Londres deberá revisar parte de su política arancelaria.
Lo que está en juego para la industria británica
La presión de Bruselas tiene peso concreto: cerca del 60% de los autos producidos en el Reino Unido se exporta a la Unión Europea. La propuesta de la Comisión fija un umbral del 70% de contenido europeo como condición para acceder a subsidios, beneficios fiscales y compras públicas, además de exigencias de ensamblaje dentro del bloque para flotas corporativas y autos eléctricos pequeños. Los vehículos británicos que no cumplan esos requisitos quedarían fuera de esos programas.
La asociación de fabricantes británicos (SMMT) salió a defender la interdependencia con un estudio de Oxford Economics: la producción automotriz del Reino Unido sostiene en la UE unos 24.000 millones de euros de actividad económica, 250.000 empleos y 1.600 millones de euros en recaudación anual. Excluirla, argumenta la entidad, restaría demanda a los proveedores continentales y debilitaría la competitividad de ambas orillas, por lo que reclama que los vehículos británicos sean tratados como ensamblados en la UE.
Un equilibrio delicado para Londres
El secretario de Negocios y Comercio británico, Jonathan Reynolds, admitió que los aranceles a los eléctricos chinos están bajo revisión y que el gobierno sigue la cuestión con más atención que otros temas. Reconoció, sin embargo, que el sector está dividido: como industria exportadora, el Reino Unido no puede poner en riesgo sus mercados y debe medir la posibilidad de represalias chinas. Al mismo tiempo, Londres insiste en quedar incluido en las reglas “Made in Europe”, al considerar que excluir a la segunda economía del continente contradice el objetivo de una industria europea más resiliente.


Follow