La nueva disputa entre Estados Unidos y China

La tregua comercial hasta enero, la pulseada por los chips, las tierras raras y la onda expansiva de la guerra de Irán dibujan una rivalidad administrada en la que ninguna de las dos potencias controla todas las variables.
Washington y Pekín siguen comprando tiempo
Washington y Pekín siguen comprando tiempo

La última cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, en Washington, ofreció una radiografía de un equilibrio inestable. Hubo gestos, ceremonias y anuncios, pero los núcleos duros del conflicto —tecnología, minerales críticos y Taiwán— quedaron intactos.

Una tregua que compra tiempo

El anuncio central llegó antes incluso de que empezaran las reuniones. Mientras Xi aterrizaba en la Base Conjunta Andrews para su primera visita de Estado a Estados Unidos en once años, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que la tregua comercial pactada en Busan en octubre de 2025 se extendería del 10 de noviembre al 10 de enero de 2027. A eso se sumó una reducción recíproca de aranceles sobre unos 30.000 millones de dólares de bienes en cada dirección, en su mayoría productos no sensibles, coordinada a través de la Junta de Comercio bilateral creada durante la visita de Trump a Pekín en mayo.

El resultado dejó sabor a poco en sectores clave. La cumbre no trajo nuevos compromisos de compras agrícolas, los futuros de granos cayeron al retirarse la prima por China y senadores del Medio Oeste criticaron abiertamente el saldo. Analistas del Asia Society Policy Institute calificaron la tregua como frágil: las concesiones fueron modestas y las disputas de fondo siguen sin resolverse. La agenda inmediata —la visita de Trump a Shenzhen para la cumbre de APEC en noviembre y el viaje de Xi a Miami para el G20 en diciembre— sugiere que cualquier acuerdo de mayor alcance, si llega, quedará para fin de año.

Chips: el bloqueo que aceleró la autosuficiencia

En el terreno tecnológico, la estrategia estadounidense de restringir el acceso chino a semiconductores avanzados produjo un efecto paradójico. La participación de Nvidia en el mercado chino de chips de inteligencia artificial pasó de alrededor del 66% en 2024 a cerca del 8% este año, según estimaciones de Bernstein, mientras Huawei proyecta ingresos por unos 12.000 millones de dólares en chips de IA para 2026, frente a 7.500 millones de dólares el año anterior. La propia compañía admite que la demanda interna supera su capacidad de producción y que por eso limita las ventas al exterior; su próxima generación, el Ascend 960, estaría disponible comercialmente en 2027.

Sin embargo, la brecha de fondo persiste. Un análisis de Epoch AI estima que Huawei producirá este año menos del 4% del poder de cómputo para IA que genera Nvidia, una proporción que podría caer a cerca del 1% hacia 2028 si no logra acceso a memoria de alto ancho de banda extranjera. El stock de esos componentes que las firmas chinas acumularon antes de los controles de 2024 se estaría agotando en 2026, lo que convierte a este año en un punto de inflexión. Washington, en tanto, empieza a tratar las licencias de exportación de chips como una ficha de negociación más dentro de la discusión comercial.

Tierras raras, la carta que Pekín no suelta

Si los chips son la palanca de Washington, las tierras raras son la de Pekín. China concentra cerca del 90% de la refinación mundial y casi todo el procesamiento de las tierras raras pesadas que requieren la industria de defensa y la electrónica avanzada. La suspensión de los controles que Pekín anunció en octubre de 2025 también se prorrogó hasta el 10 de enero, pero el andamiaje legal de licencias sigue en pie, y las exportaciones de imanes hacia Estados Unidos cayeron 21% en agosto, a 512 toneladas, en la antesala de la cumbre.

La dependencia estadounidense es estructural. Según Benchmark Mineral Intelligence, el país cubre hoy apenas el 42% de su demanda y dentro de cinco años todavía necesitará importar cerca de una cuarta parte. A pesar de los miles de millones volcados en productores locales, el objetivo de la Casa Blanca de bloquear todas las importaciones chinas de tierras raras en enero de 2027 aparece como prácticamente inalcanzable, y en esa misma fecha entra en vigor la prohibición del Pentágono de usar imanes de origen chino en compras de defensa. Una tregua, coinciden los especialistas, no equivale a seguridad de suministro.

Ormuz y las fuerzas que nadie controla

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada a fines de febrero, cerró durante semanas el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, y aun tras el alto el fuego de abril el tránsito siguió muy por debajo de los niveles previos. China, India, Japón y Corea del Sur absorben tres cuartas partes del crudo que sale del Golfo, de modo que el golpe recayó sobre todo en Asia.

El conflicto expuso debilidades en ambos bandos. Para Pekín, mostró los límites de su respaldo a socios estratégicos, algo que puede erosionar su credibilidad en el Sur Global. Para Washington, el retiro de sistemas antimisiles de Corea del Sur hacia Medio Oriente alimentó dudas entre los aliados asiáticos sobre la solidez de sus garantías de seguridad, y los empujó a cubrirse con estrategias más autónomas. Escenarios elaborados por el Atlantic Council advierten que, según cómo se resuelva la crisis, la relación bilateral podría derivar desde una rivalidad administrada hacia una dinámica de Guerra Fría con focos calientes.

El tablero actual no tiene dos jugadores sino decenas. Potencias medias, productores de energía y proveedores de minerales críticos —incluidos varios países de América Latina— ganan margen para negociar con ambos polos, atraer inversiones y diversificar mercados. Esa misma fragmentación vuelve más impredecible el resultado: un shock energético prolongado, una crisis en el estrecho de Taiwán o un salto tecnológico inesperado pueden alterar la correlación de fuerzas más que cualquier cumbre.

Lo más probable es que Washington y Pekín sigan comprando tiempo con treguas sucesivas, mientras el verdadero desenlace se define en variables que escapan a la voluntad de ambos.

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