El presidente chino Xi Jinping estará en Nueva Delhi entre el 11 y el 13 de septiembre para participar de la 18ª cumbre del BRICS, en lo que sería su primer viaje a India desde 2019. La visita, encabezada por una delegación de gran magnitud, llega después de años de tensión militar y distancia diplomática entre las dos potencias asiáticas, y se lee como el gesto más visible hasta ahora de un acercamiento que ambos gobiernos vienen construyendo con extrema cautela.
El vínculo bilateral tocó su punto más bajo en junio de 2020, tras el choque en el valle de Galwan, en la cordillera del Himalaya, que dejó soldados muertos de ambos lados y llevó a Nueva Delhi a prohibir aplicaciones tecnológicas chinas y a endurecer las reglas de inversión extranjera para países con frontera terrestre compartida. Desde entonces, ambos ejércitos mantuvieron un despliegue reforzado a lo largo de la Línea de Control Real, la frontera de facto entre los dos países.
El deshielo comenzó a tomar forma recién en 2024, cuando China e India alcanzaron un acuerdo de patrullaje fronterizo que puso fin a un enfrentamiento militar de cuatro años. Un año más tarde, en agosto de 2025, el primer ministro Narendra Modi viajó a Tianjin para la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde mantuvo un encuentro bilateral con Xi: fue su primera visita a China en siete años y un antecedente directo del actual paso en sentido inverso.
La frontera, el obstáculo que no termina de cerrarse
Pese al acuerdo de 2024, la disputa territorial de fondo sigue sin resolverse. Existen zonas de amortiguación y cambios en la disposición de tropas, pero la demarcación completa de la frontera continúa pendiente. En paralelo a los preparativos de la cumbre, el asesor de seguridad nacional indio, Ajit Doval, mantuvo conversaciones en China con el canciller Wang Yi como parte del mecanismo de representantes especiales para el litigio fronterizo, una señal de que el diálogo bilateral se sostiene incluso en los tramos más difíciles.
El encuentro entre Xi y Modi en Nueva Delhi funcionará como una prueba concreta de hasta dónde puede estirarse la relación: si el vínculo logra despegarse de la lógica estrictamente fronteriza para incorporar cooperación en comercio, inversión, tecnología e inteligencia artificial, o si la desconfianza estructural entre ambos gobiernos impone un techo bajo a cualquier avance.
Comercio, tecnología y el tablero geopolítico más amplio
En el plano económico, India sigue dependiendo en buena medida de insumos intermedios chinos, particularmente en electrónica y farmacéutica, aun cuando mantiene restricciones a las inversiones y a la tecnología china por razones de seguridad nacional. Normalizar esos protocolos comerciales es, para el gobierno de Modi, una prioridad que convive con la cautela estratégica hacia Beijing.
El contexto internacional añade otra capa a la cumbre. Las relaciones entre India y Estados Unidos cayeron a un mínimo histórico durante 2025, después de que la administración Trump impusiera aranceles de hasta 50% sobre bienes indios, lo que habría reforzado el interés de Nueva Delhi en ampliar su peso diplomático dentro del Sur Global a través del BRICS. Para Modi, oficiar de anfitrión de Xi le permite proyectar estatura global y dialogar con Beijing bajo el paraguas multilateral del bloque, sin que eso implique una concesión bilateral directa. Para China, en tanto, el foro es una vía para consolidar influencia entre las economías emergentes, incluso cuando sus objetivos de fondo con India no siempre coinciden.
Qué se espera puertas adentro de la cumbre
India llega a la cumbre con la ambición de mostrar una convocatoria amplia de líderes del bloque y de sus socios, algo que en la diplomacia regional se interpreta como una manera de exhibir capacidad de convocatoria y liderazgo dentro del Sur Global. La operación del centro regional del Nuevo Banco de Desarrollo en Gujarat, el brazo financiero del BRICS, en territorio indio también refuerza la relevancia del bloque para Nueva Delhi, en un momento en que habían perdido fuerza los reclamos internos para que India se retirara del grupo.
En el plano financiero, las propuestas para avanzar hacia un sistema de pagos común, una moneda compartida o un fondo monetario propio del BRICS siguen enfrentando obstáculos de fondo entre los miembros, por lo que no se esperan definiciones estructurales en ese terreno durante los dos días de sesiones.
Los propios antecedentes de la relación explican la cautela con la que ambas partes llegan al encuentro. Xi y Modi ya se habían reunido en 2023 al margen de la cumbre del BRICS en Johannesburgo, donde coincidieron en la necesidad de manejar con cuidado la cuestión fronteriza para preservar la estabilidad regional; los años posteriores mostraron que ese tipo de gestos diplomáticos tardan en traducirse en avances concretos sobre el terreno.

