Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron su guerra contra Irán a fines de febrero, el Estrecho de Ormuz —por el que solía circular cerca del 20% del petróleo mundial— quedó prácticamente paralizado. Arabia Saudita, el mayor exportador de crudo del planeta, encontró en su oleoducto East-West una vía alternativa para sostener sus exportaciones: unos 5 millones de barriles diarios que antes salían por el Golfo Pérsico empezaron a desviarse por tierra hasta el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo. Esa salida de emergencia, que según el propio CEO de Aramco contribuyó más a estabilizar el mercado que las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas lideradas por Washington, es la que ahora empieza a quedar comprometida.
El oleoducto que sostuvo al mercado desde febrero
El East-West, de unos 1.200 kilómetros de extensión, conecta los yacimientos sauditas del este del país con la costa del Mar Rojo y tiene una capacidad de transporte de aproximadamente 5 millones de barriles diarios. Datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) muestran hasta qué punto el sistema de transporte petrolero global ya se había reordenado en torno a esa arteria: los flujos por Ormuz cayeron de 21,6 millones de barriles diarios en el cuarto trimestre de 2025 a apenas 4,9 millones en el segundo trimestre de 2026, mientras que el tránsito por el estrecho de Bab el-Mandeb, en el sur del Mar Rojo, subió de 5,4 a 8,1 millones de barriles diarios en el mismo período.
La semana pasada, drones lanzados desde Irak alcanzaron estaciones de bombeo del oleoducto, provocando incendios y obligando a Arabia Saudita a suspender su operación como medida de precaución. Riad atribuyó el ataque a milicias respaldadas por Irán y, tras un pedido del primer ministro iraquí, optó por no responder de forma inmediata, aunque se reservó el derecho a tomar las medidas que considere necesarias para proteger su soberanía y su infraestructura crítica.
Los hutíes se acercan al otro punto de estrangulamiento
El golpe al oleoducto llegó apenas horas después de que los hutíes, la milicia yemení respaldada por Irán, completaran un avance sobre la costa del Mar Rojo: según fuentes gubernamentales yemeníes citadas por Reuters, el grupo tomó la ciudad portuaria de Mokha y la estratégica isla de Perim, en pleno estrecho de Bab el-Mandeb, conocido como la “Puerta de las Lágrimas”. Ese avance contó con orientación directa de la Guardia Revolucionaria iraní, algo que Teherán niega en público pese a reconocer a los hutíes como aliados.
Los hutíes ya habían declarado, semanas atrás, un bloqueo naval contra buques vinculados a Arabia Saudita que transiten por la zona, aunque aclararon que no apuntarían contra embarcaciones de otros países. El control efectivo del grupo sobre Bab el-Mandeb amenaza con dejar a Riad sin ninguna de sus dos grandes vías de salida al mercado internacional al mismo tiempo, y le otorga a Irán una nueva carta de presión en su conflicto con Washington.
Una oferta que ya estaba en mínimos históricos
El deterioro se da sobre una base de oferta ya muy ajustada. Según la Agencia Internacional de Energía, la producción saudita de agosto se ubicó en 6 millones de barriles diarios, 2,3 millones menos que en julio y el nivel más bajo en más de tres décadas, mientras que las cargas de crudo cayeron a 3,5 millones de barriles diarios. El organismo también redujo su proyección para la producción saudita de todo 2026 en 885.000 barriles diarios, hasta 7,6 millones, citando una recuperación más lenta de la producción del Golfo.
El mercado reaccionó de inmediato: el crudo WTI subió 3,46% hasta 103,51 dólares el barril y el Brent avanzó 3,51% hasta 108,28 dólares, ambos por encima de los 100 dólares por primera vez en varias semanas. Una reunión diplomática entre Irán y los países del Golfo prevista para discutir el futuro de Ormuz debió reprogramarse tras el ataque al oleoducto, aunque Teherán confirmó que participará el lunes de un encuentro en Omán sobre ese mismo tema, en el que exige el reconocimiento de su control sobre el estrecho.
Un golpe al petróleo, todavía no al comercio en general
A diferencia de la crisis de 2023-2024, cuando los ataques hutíes contra buques mercantes en el Mar Rojo obligaron a gran parte del tráfico de contenedores a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza y afectaron al comercio global de bienes en su conjunto, el episodio actual se concentra por ahora en el mercado petrolero.
Bab el-Mandeb concentra en torno al 7% del suministro mundial de petróleo, y aun si el estrecho no llega a cerrarse por completo, mayores primas de seguro, desvíos de buques y rutas más largas ya alcanzan para encarecer significativamente el transporte. Analistas del sector remarcan que la combinación de oleoductos de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos apenas alcanza a cubrir unos 4,7 millones de barriles diarios de capacidad de esquive frente a Ormuz, muy por debajo de lo que ambos estrechos movían antes del conflicto.

