El impulso internacional del yuan se frena y el dólar retiene su hegemonía

El uso transfronterizo de la moneda china perdió fuerza en los últimos dos años: cae en SWIFT y en el sistema de Hong Kong, mientras que su plataforma propia, CIPS, gana volumen. El dólar, lejos de retroceder, opera en máximos históricos.
El dólar retiene su hegemonía
El dólar retiene su hegemonía

El uso internacional del yuan chino, o renminbi, creció con fuerza en 2023 y 2024 al calor de la invasión rusa a Ucrania: las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y otros emisores de monedas de reserva empujaron a Rusia y a otros socios comerciales a liquidar más operaciones en la divisa china, alimentando la narrativa de que Beijing avanzaba hacia un desplazamiento del dólar. Sin embargo, la evidencia de los últimos dos años contradice ese relato: por varias mediciones relevantes, el uso internacional del yuan dejó de crecer e incluso retrocedió, tanto en términos absolutos como en su participación sobre el total de pagos mundiales.

El panorama es heterogéneo. El sistema chino de pagos interbancarios transfronterizos, conocido como CIPS, es el punto más favorable para la moneda china: numerosos bancos se sumaron recientemente a esta plataforma y la crisis en el estrecho de Ormuz parece haber reactivado su expansión. Pero el volumen de yuanes que procesa CHATS, el sistema de liquidación de Hong Kong que maneja un volumen tres veces mayor al de CIPS, se derrumbó desde mediados de 2024, y la participación del yuan en la red SWIFT también cayó desde sus máximos de ese año: hoy ocupa el sexto lugar entre las divisas más usadas para pagos internacionales, por detrás incluso del dólar canadiense. Mientras tanto, el dólar estadounidense permanece en máximos históricos en los pagos cambiarios globales, y el 72% del comercio exterior chino todavía se liquida en otras monedas.

La divergencia entre CIPS y el resto de los indicadores sugiere, por primera vez, que una porción creciente de los pagos en yuanes está evitando pasar por SWIFT, en lo que parece ser una apuesta china por la resiliencia frente a eventuales sanciones futuras y la autosuficiencia financiera, aun a costa de alejarse de los estándares globales de pagos.

Un avance con marchas y contramarchas

Desde hace más de una década, Beijing busca consolidar al yuan como moneda global, en parte para reducir el margen de maniobra estratégico que la centralidad del dólar otorga a Washington. En 2023, el presidente Xi Jinping llamó a convertir al país en una «potencia financiera fuerte» con una moneda de uso amplio en el comercio, la inversión y los mercados cambiarios internacionales, e incluso con estatus de moneda de reserva global. En 2025, el gobernador del Banco Popular de China, Pan Gongsheng, advirtió sobre los riesgos de que una moneda dominante sea utilizada como arma geopolítica. Pero las autoridades chinas enfrentan una tensión de fondo: la apertura financiera que exige una moneda verdaderamente global choca con la estabilidad doméstica que buscan preservar mediante estrictos controles de capital.

La participación del yuan en SWIFT —el estándar global para los mensajes de pago entre bancos— pasó de menos del 1% a 2,8% entre 2010 y fines de 2015, impulsada por medidas de apertura financiera, y luego cayó y se estancó en torno al 2% durante cinco años tras una fuerte depreciación y el endurecimiento de los controles de capital. A fines de 2023, el uso del yuan volvió a dispararse por las sanciones a Rusia, hasta un pico de 4,7% en julio de 2024, cuarta moneda más utilizada del mundo. Desde entonces esa participación cayó a 2,75%, y la principal hipótesis es que buena parte de esos pagos migró hacia CIPS sin pasar por SWIFT.

¿Es real la caída del yuan en SWIFT?

Los bancos envían mensajes de pago transfronterizo por SWIFT, pero también necesitan sistemas de compensación y liquidación, como CIPS o CHATS, para ejecutar esas operaciones. CIPS integró su mensajería con SWIFT poco después de su creación en 2015; CHATS, el sistema de liquidación bruta en tiempo real de Hong Kong, también recurre a ella. Pero CIPS cuenta además con una red propia de mensajería para sus participantes directos, que creció de 79 bancos en enero de 2023 a 210 hoy. Si esos bancos mantienen o aumentan sus pagos en yuanes sin pasar por SWIFT, ese volumen desaparecería de las estadísticas y generaría una caída estadística, aunque no real.

El volumen de pagos en CIPS y CHATS más que se duplicó entre mediados de 2022 y mediados de 2024: CIPS pasó de unos 350.000 a 770.000 millones de yuanes, y CHATS de 1,5 a 3,3 billones. Pero desde ese pico, la tendencia de CIPS se desacopló de SWIFT y CHATS: mientras estos últimos cayeron con fuerza, CIPS se mantuvo estable y hoy opera en máximos históricos. Aunque parte de la caída de CHATS podría explicarse por migración hacia CIPS, el volumen diario promedio en CHATS cayó más de 1 billón de yuanes entre junio de 2024 y junio de 2026, mientras que CIPS solo sumó unos 200.000 millones en el mismo período: la migración no alcanza para explicar el derrumbe de CHATS.

Otras estadísticas oficiales muestran que la porción del comercio de bienes liquidada en yuanes cayó de 23% en 2015 a un mínimo de 11% en 2017, para luego recuperarse hasta 28% en el primer semestre de 2025, aunque esta serie todavía no refleja la caída más reciente de SWIFT. A nivel global, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) señala que la participación del yuan en las transacciones cambiarias mundiales pasó de rondar el 2% en 2013 a 8,5% a mediados de 2025, pero ese avance se dio a costa de otras monedas distintas del dólar: la participación de la divisa estadounidense en realidad aumentó, de 87% a 89%, en el mismo período. Un canal adicional, el yuan digital del proyecto mBridge, sigue siendo marginal: procesó apenas 4.047 transacciones por 387.200 millones de yuanes hasta noviembre de 2025, una fracción mínima frente a las 33.000 transacciones diarias de CIPS.

Un seguro más que un desafío inmediato

El fuerte crecimiento del yuan como moneda de pago perdió impulso en los últimos dos años. Parte de esa reversión podría estar sobreestimada por la migración hacia el sistema de pagos propio de China, y el uso general de la moneda sigue creciendo, sobre todo en el comercio exterior. Pero esos avances no alcanzan para que el yuan continúe ganándole terreno al dólar, ni en los pagos globales ni en las liquidaciones transfronterizas chinas. Todo indica que la internacionalización del yuan funciona hoy más como una póliza de seguro —lista para activarse ante un escenario de sanciones que obligue a China a alejarse del dólar— que como una estrategia de expansión activa. La moneda china todavía rinde muy por debajo del peso económico de su país, y está lejos de haber abandonado el sistema financiero global basado en el dólar; Beijing deberá encontrar nuevos motores de crecimiento si pretende acortar la brecha con el billete verde.

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