Un estudio elaborado para la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) sitúa a España entre las economías más dinámicas del mundo en la exportación de servicios digitales, una categoría que incluye tanto actividades de naturaleza digital como servicios susceptibles de prestarse por medios digitales: consultoría, informática, diagnóstico médico a distancia, asesoramiento legal o formación especializada, entre otros. Según el trabajo, las exportaciones españolas de este tipo de servicios crecieron a una tasa promedio anual del 11,1% entre 2019 y 2025, lo que se tradujo en una expansión acumulada del 66,8% en ese período.
El fenómeno se inscribe en una transformación más amplia del comercio mundial. Según la Organización Mundial del Comercio, los servicios ya representaban en 2024 el 26,7% de las exportaciones globales, seis puntos porcentuales más que en 2010, en un contexto de pérdida relativa de dinamismo del comercio de bienes. Ese avance está impulsado en gran medida por la digitalización, que permitió comercializar internacionalmente actividades antes confinadas a los mercados domésticos.
Los servicios no turísticos superan al turismo
El dato más significativo para la economía española es de carácter estructural: desde 2019, las exportaciones de servicios no turísticos superan a las turísticas, una situación que se mantuvo en 2025. Ese año, los ingresos por servicios no turísticos alcanzaron 120.161 millones de euros, frente a 105.145 millones de los servicios turísticos. Las ventas de servicios digitales al exterior totalizaron 83.212 millones de euros en 2025, equivalentes al 36,9% del conjunto de las exportaciones de servicios del país.
El saldo comercial de España en servicios digitales también se fortaleció: el superávit llegó a 25.360 millones de euros en 2025, prácticamente el triple del registrado en 2019. El país se consolida así como exportador neto en un segmento donde compite con las principales economías desarrolladas.
Un crecimiento que supera al de sus pares europeos
La tasa de expansión española (11,1% anual) superó a la de Francia (8,3%), Alemania (8,6%) y Estados Unidos (8,7%), el mayor exportador mundial de servicios, así como al promedio global del sector (10,2%). Solo el Reino Unido, segundo exportador mundial, registró un crecimiento algo mayor (11,4%). Como resultado, la cuota española en el mercado mundial de servicios digitales pasó de 1,69% en 2019 a 1,79% en 2025, un nivel similar al peso de España en el PBI mundial pero todavía muy por debajo del de Alemania, Francia, Estados Unidos y, en especial, el Reino Unido, cuya cuota exportadora (10,5%) triplica su participación en el PBI global.
Concentración sectorial y geográfica, el principal riesgo
El estudio advierte que la solidez de ese crecimiento está condicionada por una elevada concentración. En 2025, los servicios profesionales explicaron el 51% de las exportaciones digitales españolas, muy por encima del 40,4% que representan en el comercio mundial del sector. Los servicios informáticos aportaron otro 20,5%, en línea con el 22% mundial. En cambio, los cargos por uso de propiedad intelectual (8,1% frente a 11,5% mundial) y los servicios financieros (7,5% frente a 16% mundial) tienen un peso comparativamente menor en la canasta exportadora española.
La concentración geográfica sigue un patrón similar. En 2024, último dato disponible, la Unión Europea absorbió el 51,5% de las exportaciones digitales españolas, en línea con su peso en el total de exportaciones de servicios del país. Estados Unidos fue el principal destino extracomunitario, con 10,9%, seguido del Reino Unido, con 10,1%. Los países de América Latina concentraron el 6,7% del total, una participación que el estudio identifica como una vía natural de diversificación todavía poco explotada, dada la proximidad lingüística y cultural de la región con España.
Barreras regulatorias y una inversión en intangibles rezagada
A diferencia del comercio de bienes, que cuenta con un marco multilateral consolidado, el de servicios digitales carece de reglas equivalentes, lo que empujó a los países a regular estos intercambios mediante acuerdos bilaterales o regionales y generó una fragmentación normativa que encarece el acceso a otros mercados. El índice de restricciones al comercio de servicios digitales que elabora la OCDE (DSTRI) muestra un endurecimiento reciente de esas barreras, y España figuraba en 2025 entre los países del organismo con mayores restricciones, una posición que encarece tanto sus importaciones de insumos digitales como su atractivo como plataforma exportadora. El patrón inverso se observa en el Reino Unido, líder mundial en exportación de estos servicios y el país de la OCDE con menor nivel de restricciones.

