La relación comercial entre Brasil y China alcanzó un nuevo máximo histórico. En los primeros nueve meses de 2026 el intercambio bilateral sumó 143.000 millones de dólares, un 11,1% más que en igual período del año anterior, de acuerdo con el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC) sobre la base de datos de la Secretaría de Comercio Exterior brasileña. El país asiático explicó el 28,3% del comercio exterior de Brasil y se mantuvo como su principal socio comercial.
Las ventas brasileñas al mercado chino treparon un 12%, hasta 84.700 millones de dólares, mientras que las compras crecieron un 9,9%, hasta 58.600 millones de dólares. El resultado dejó un superávit de 26.100 millones de dólares a favor de Brasil, equivalente a cerca del 42% de su saldo comercial total con el mundo. China absorbió casi el 30% de las exportaciones brasileñas y aportó algo más de una cuarta parte de sus importaciones.
Petróleo y soja, los motores de la canasta exportadora
El gran protagonista del período fue el petróleo. Las exportaciones de crudo a China alcanzaron 21.800 millones de dólares, con un salto del 49% interanual, y ya representan la mitad de todo el petróleo que Brasil vende al exterior.
La soja se mantuvo como el primer producto de la canasta, con envíos por 30.000 millones de dólares y una suba del 3,6%. China compró el 70% de la soja exportada por Brasil. Se destacaron además productos de menor escala pero alto dinamismo, como el espodumeno, mineral del que se extrae litio, cuyas ventas crecieron un 339% hasta 172 millones de dólares, y el sorgo, con China como destino del 95% de los embarques.
En sentido contrario, la carne bovina mostró el límite de la dependencia de un solo comprador: una vez agotado el cupo asignado por Beijing, los envíos de septiembre se desplomaron a apenas 68 millones de dólares, porque el volumen excedente paga una sobretasa del 55% sobre el arancel regular del 12%.
La ola de autos electrificados
Del lado de las importaciones, el fenómeno del año son los vehículos electrificados chinos. Las compras de autos eléctricos crecieron un 341%, hasta unos US$2.400 millones; las de híbridos aumentaron un 248%, hasta 641 millones de dólares; y las de híbridos enchufables avanzaron un 89%, hasta 2.871 millones de dólares. China concentró el 86% de las importaciones brasileñas en estas categorías.
El avance se produjo pese al endurecimiento arancelario. Brasil eliminó en 2024 la exención que regía para estos vehículos y fijó un cronograma escalonado que llevó el tributo al 35% en julio de 2026 para eléctricos, híbridos e híbridos enchufables, frente a tasas previas de entre 25% y 30%. Las compras cayeron con fuerza ese mes, pero se recuperaron en los siguientes. El objetivo oficial es inducir la fabricación local, en línea con las inversiones de marcas chinas como BYD en Camaçari, Bahía.
¿Puede la región aprovechar el impulso?
El caso brasileño se inscribe en una tendencia regional. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el primer trimestre de 2026 las exportaciones latinoamericanas a China crecieron un 25% interanual, por encima de las dirigidas al resto de Asia (24%), la Unión Europea (19%) y Estados Unidos (14%). Las ventas totales de la región subieron casi 16%, el doble del ritmo de todo 2025. Aun así, Estados Unidos sigue siendo el principal mercado regional por el peso de México y Centroamérica, mientras China lidera en buena parte de Sudamérica.
El impulso actual descansa en gran medida en precios favorables de commodities y en una demanda china concentrada en pocos productos primarios, mientras la región importa bienes industriales de creciente valor agregado. Aprovechar el momento exige diversificar la oferta exportadora, sumar procesamiento local en cadenas como la del litio o la de alimentos, negociar mejores condiciones sanitarias y de acceso, y reducir la exposición a cupos y decisiones unilaterales como las que hoy enfrenta la carne. Sin esa transformación, el récord puede ser más una fotografía del ciclo de precios que una mejora estructural de la inserción latinoamericana.

