Colombia y el costo de dar un paso atrás con China

La eventual salida del memorando firmado con Beijing en 2025, anticipada desde Washington y todavía sin confirmación oficial, abre interrogantes sobre la estrategia exterior colombiana.
Colombia y su estrategia internacional
Colombia y su estrategia internacional

Colombia evalúa abandonar el memorando de entendimiento que firmó con China en mayo de 2025 para sumarse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el programa de infraestructura y conectividad con el que Beijing extendió su influencia económica en buena parte del mundo en desarrollo. La decisión, que aún no fue anunciada formalmente por Bogotá, encendió un debate entre especialistas en relaciones internacionales, que advierten que el país podría desperdiciar una herramienta estratégica a cambio de un alineamiento que no le garantiza beneficios equivalentes.

La novedad no surgió de la Cancillería colombiana. Trascendió el 5 de agosto en Washington, cuando el candidato propuesto por Donald Trump para la embajada de Estados Unidos en Colombia la mencionó durante su audiencia de confirmación ante el Senado. Desde entonces, el gobierno colombiano no emitió ninguna comunicación oficial sobre el tema.

Un marco para negociar, no un tratado

Un punto central del análisis es la naturaleza del instrumento. El memorando no constituye un tratado vinculante ni obliga a Colombia a recibir o tomar financiamiento chino. Funciona como un paraguas general para negociar y estructurar proyectos de cooperación en áreas como conectividad, infraestructura, reindustrialización, salud, ambiente, finanzas y transformación digital.

Desde esa perspectiva, lo que se pondría en juego no es una alianza política sino un canal institucional: una vía para que el país formule sus propios proyectos y atraiga socios, capital y tecnología bajo las condiciones, prioridades y salvaguardas que defina Bogotá.

Un primer año de resultados modestos

El balance del primer año de vigencia muestra una implementación todavía embrionaria. El acuerdo sirvió para que el Estado colombiano tomara mayor conciencia de la relación con China, lo que se tradujo en acercamientos desde algunos ministerios y en un programa de cooperación técnica y capacitación para funcionarios públicos. Sin embargo, no se concretaron proyectos de gran escala bajo el paraguas de la Iniciativa y el sector privado mostró escaso interés.

Esos avances, aunque acotados, quedarían en riesgo por el anuncio extraoficial y por la frialdad del nuevo gobierno hacia Beijing. Más allá de la designación de un nuevo embajador, la administración no fijó objetivos públicos para el vínculo con China, y la comunicación diplomática bilateral se volvió marcadamente distante.

La sombra de Washington

El repliegue se explica, en buena medida, por la inquietud de Estados Unidos frente al avance chino en América Latina. Como la Franja y la Ruta estuvo asociada desde su origen a objetivos geopolíticos y geoeconómicos, la adhesión colombiana podía interpretarse como un aporte al desplazamiento del equilibrio regional hacia Beijing. 

Los críticos de la retirada recuerdan, sin embargo, que la relación con China nunca derivó en una alianza estratégica ni ubicó a Colombia en contra de los intereses estadounidenses. El acuerdo no incluyó cooperación en defensa con el Ministerio de Defensa colombiano y, en el plano económico, Bogotá trabaja activamente para integrarse a la cadena de suministro de minerales críticos de Estados Unidos.

Los riesgos de un solo socio

El alejamiento de Beijing, sumado a una dependencia creciente de Washington, genera incertidumbre sobre el rumbo de la política exterior. Si a la salida de la Iniciativa se agregan el cierre de embajadas, el desconocimiento de las normas internacionales sobre el estatus de los Altos del Golán, el distanciamiento de la ONU y una eventual salida de la Corte Penal Internacional, el resultado sería un mayor aislamiento internacional del país.

Una relación condicionada a metas de seguridad y una política exterior poco diversificada, advierten los especialistas, agravarían la vulnerabilidad externa de Colombia, que ya arrastra problemas estructurales como la baja productividad y una inserción limitada en las cadenas globales de valor. Un dato ilustra la brecha: de las cuatro economías latinoamericanas con mayor comercio bilateral con China, Colombia es la única que no tiene al gigante asiático entre sus principales destinos de exportación.

La contradicción de fondo, es que una política exterior condicionada por la rivalidad entre grandes potencias choca con el propio objetivo oficial de una diversificación pragmática y desideologizada. Una salida de la Franja y la Ruta podría despojar a la relación con China de su carga geopolítica, pero no libera a Colombia de la necesidad de diseñar una estrategia propia para aprovechar los cambios que se gestan en Asia-Pacífico.

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