Un año después de que Washington y Bruselas cerraran el acuerdo marco que evitó una escalada arancelaria de mayor magnitud, Estados Unidos volvió a presionar a la Unión Europea, esta vez sobre un frente distinto al de los aranceles: las llamadas barreras no arancelarias. La administración Trump trasladó a asesores europeos una propuesta para que Bruselas anuncie públicamente el desmantelamiento de un conjunto de normas de importación que Washington considera un obstáculo encubierto al comercio bilateral.
El pedido llega en el aniversario del acuerdo alcanzado en Turnberry, Escocia, en julio de 2025, mediante el cual la UE se comprometió a eliminar aranceles sobre productos industriales estadounidenses y a ampliar el acceso de exportaciones agrícolas y pesqueras de Estados Unidos, a cambio de que Washington mantuviera en 15% el techo arancelario sobre la mayoría de los bienes europeos. Ese entendimiento, sellado tras meses de tensión, había dado cierto respiro a las industrias europeas, en particular a la automotriz, que hasta entonces enfrentaba la amenaza de aranceles de hasta 25%.
Vino, quesos y maquinaria en la mira
El planteo estadounidense no apunta a los aranceles propiamente dichos, sino a regulaciones que Washington interpreta como filtros de facto contra sus exportaciones. En paralelo, la UE trasladó al Parlamento Europeo una lista de reducciones arancelarias que espera de parte de Estados Unidos, con foco en vinos y bebidas espirituosas, algunos quesos y maquinaria, un conjunto de bienes que representa unos 115.000 millones de euros en exportaciones anuales del bloque hacia el mercado estadounidense.
La insistencia sobre las barreras no arancelarias no es nueva. Ya en 2025, el asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, había señalado al IVA europeo y a las regulaciones sanitarias y fitosanitarias como obstáculos de mayor peso que los propios aranceles, y había pedido explícitamente que la UE bajara su alícuota de IVA del 19% y habilitara el ingreso de carne de cerdo, maíz y carne vacuna estadounidenses, hoy restringidos por estándares comunitarios de inocuidad alimentaria.
Bruselas, entre la ratificación y la cautela
La UE, por su parte, sostiene que ya cumplió su parte del trato y reclama previsibilidad. «Un acuerdo es un acuerdo», repitió en distintas ocasiones la Comisión Europea a lo largo del año, luego de que un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos declarara ilegal buena parte del esquema arancelario global de Trump, lo que generó semanas de incertidumbre sobre la vigencia del pacto y llevó al Parlamento Europeo a posponer su ratificación formal hasta obtener garantías de Washington.
El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, mantuvo desde entonces una comunicación directa con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y con el secretario de Comercio, Howard Lutnick, en un intento de sostener el equilibrio alcanzado el año pasado. Aun así, la relación bilateral atravesó episodios de fricción adicionales, como el anuncio de Trump de elevar al 25% los aranceles sobre automóviles europeos alegando incumplimientos de Bruselas, un reclamo que la Comisión rechazó de forma expedita.
Elecciones de medio término de por medio
El nuevo round de presión se produce en un contexto político sensible para la Casa Blanca, que enfrenta un clima interno adverso de cara a las elecciones legislativas de noviembre, con encuestas desfavorables para el oficialismo y un frente inflacionario adicional derivado de la tensión en Medio Oriente. Para la UE, en cambio, el objetivo central sigue siendo la previsibilidad: evitar sobresaltos arancelarios que compliquen a sectores exportadores, en particular al automotriz alemán, ya golpeado por meses de incertidumbre comercial.
El desenlace de este nuevo capítulo, sin fecha definida, quedará sujeto a las conversaciones que Šefčovič mantiene con sus pares estadounidenses en las próximas semanas, en un vínculo bilateral que, pese al acuerdo marco, sigue definiéndose reclamo por reclamo.
Un socio comercial que no pierde peso
Más allá de la disputa puntual, ambos bloques mantienen incentivos fuertes para preservar el vínculo: la Unión Europea sigue siendo, en conjunto, el mayor socio comercial de Estados Unidos, y viceversa, lo que explica por qué ninguna de las dos partes optó hasta ahora por una ruptura del entendimiento alcanzado en 2025. Analistas del sector consultados por medios europeos coinciden en que el pulso actual por las barreras no arancelarias se resolverá, más probablemente, con concesiones parciales antes que con una crisis abierta, aunque advierten que la falta de plazos concretos deja margen para nuevas fricciones antes de fin de año.

