El gobierno de Donald Trump formalizó, mediante una proclama de la Casa Blanca, la ampliación temporal de la cuota arancelaria (TRQ) para recortes magros de carne vacuna destinados a la elaboración de carne picada. La medida habilita el ingreso de hasta 300.000 toneladas adicionales sin el arancel fuera de cuota que normalmente encarece esos volúmenes, repartidas en tres tramos mensuales de 100.000 toneladas cada uno: el primero corre del 1 al 30 de septiembre, el segundo del 1 al 31 de octubre y el tercero se abre el 31 de octubre y permanece disponible hasta que se agote el cupo o hasta el 30 de noviembre, lo que ocurra primero.
La ampliación rige por 90 días a partir del 1° de septiembre y alcanza exclusivamente a recortes magros que se combinan con carne producida en el país para elaborar carne picada; no modifica los compromisos existentes con los socios que tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos ni afecta las cuotas específicas ya asignadas por país, entre ellas la de Argentina.
Un descuento del 25% como condición
La Casa Blanca ató el beneficio arancelario a un compromiso de precio: el Departamento de Agricultura y el Representante de Comercio (USTR) quedaron encargados de verificar que la carne ingresada bajo la cuota ampliada se comercialice un 25% por debajo del precio de mercado vigente para recortes magros, con el objetivo declarado de que el ahorro llegue al consumidor final. La administración no precisó qué países participarán del esquema ni identificó a los exportadores que se comprometieron a sostener ese descuento.
La decisión se suma a otra proclama firmada en febrero, que había incrementado en 80.000 toneladas anuales —divididas en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas— el cupo libre de arancel para recortes magros procedentes de Argentina. Esa asignación permanece vigente y separada del nuevo cupo general anunciado.
El rodeo más chico en siete décadas
El trasfondo de la medida es la caída sostenida del stock ganadero estadounidense, que llegó en enero a un mínimo histórico de 86,2 millones de cabezas, un 8,6% menos que en 2020. Años de sequía e incendios redujeron las tierras de pastoreo y las reservas de forraje, mientras que las restricciones a la importación de ganado desde México —dispuestas tras la detección de gusano barrenador— limitaron aún más la oferta de hacienda para engorde. Como resultado, el precio de la carne picada tocó en diciembre un promedio de 6,69 dólares la libra, el más alto desde que existen registros, y en julio ya rondaba los 6,89 dólares, un salto de casi 57% en cinco años.
Rechazo de las entidades ganaderas
El anuncio generó una reacción negativa inmediata entre las principales organizaciones del sector. La National Cattlemen’s Beef Association calificó la medida de intervención artificial en el mercado y advirtió que un ingreso masivo de carne subsidiada y por debajo del precio de referencia desalienta a los productores justo en la época del año en que deciden si retienen o venden sus vientres para expandir el rodeo. La entidad señaló además que los futuros de ganado cayeron con fuerza apenas se conoció el anuncio.
La U.S. Cattlemen’s Association también cuestionó la decisión y la enmarcó en una serie de excepciones arancelarias recientes —incluidas las otorgadas a Brasil y a Argentina— que a su juicio envían señales contradictorias al mercado. Legisladores republicanos de estados ganaderos manifestaron reparos similares, en un contexto en el que la Casa Blanca busca contener el costo de vida de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
Dudas sobre el alcance real de la medida
Persisten interrogantes sobre el funcionamiento concreto del esquema. No está claro contra qué referencia de precio se calculará el descuento del 25%, ya que el Departamento de Agricultura publica cotizaciones para distintos cortes de importación —carne de toro, de vaca y otros recortes— sin que la Casa Blanca haya especificado cuál de ellas tomará como base. Tampoco se confirmó qué origen tendrá el grueso del volumen adicional, aunque especialistas del sector anticipan que Brasil podría aportar una porción relevante ante la suba de aranceles que China aplicó este año a sus propias importaciones de carne por fuera de cuota, lo que dejaría a los frigoríficos brasileños con excedente disponible para otros mercados.
Analistas del mercado ganadero calculan que las 300.000 toneladas habilitadas equivalen a apenas alrededor de un mes y medio de consumo de carne picada en Estados Unidos, un volumen que, según sus propias estimaciones, no alcanzaría por sí solo para revertir la suba de precios, aunque sí introduce presión adicional sobre las cotizaciones domésticas en un momento en que los productores evalúan si retener hembras para reconstruir el rodeo o continuar liquidando existencias.

