La floricultura colombiana, que aporta cerca del 5% de las exportaciones totales del país y sostiene más de 200.000 empleos formales, atraviesa un semestre en el que confluyen cuatro presiones al mismo tiempo. El dólar cotiza en torno a los 3.200 pesos, muy por debajo de los 3.900 pesos con los que el sector había presupuestado el año. El salario mínimo aumentó 23,7% en un negocio donde la mano de obra representa más de la mitad del costo de producción. Los fletes aéreos —vía obligada para un producto altamente perecedero— se encarecieron a raíz de la guerra en Irán. Y desde el 28 de julio, el arancel adicional que Estados Unidos aplica a las exportaciones colombianas subió del 10% al 12,5%, justo en el mercado que concentra la porción más grande de las ventas del sector al exterior.
Un mercado altamente concentrado en Estados Unidos
La dependencia del mercado estadounidense es el factor que amplifica cada uno de estos golpes. Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), cerca del 80% de las flores que Colombia exporta al mundo tiene como destino Estados Unidos, por un valor cercano a los 2.000 millones de dolares anuales. Esa relación comercial es, además, recíproca en importancia: el país abastece alrededor del 60% de las flores que Estados Unidos importa, lo que convierte a Colombia en su principal proveedor en ese mercado. El sector genera cerca de 240.000 empleos formales en Colombia y sostiene, según el gremio, otros 220.000 puestos de trabajo en la cadena de distribución estadounidense.
La revaluación del peso golpea los ingresos
Las flores se venden en el exterior en dólares, pero la mayor parte de los costos —salarios, servicios públicos, insumos y mantenimiento— se paga en pesos colombianos. Cuando el dólar se debilita, cada exportación deja menos pesos en caja, y ese es precisamente el fenómeno que atraviesa el sector desde comienzos de 2026. Asocolflores estima que la apreciación del peso frente al dólar les ha significado a los floricultores una reducción cercana al 26% en sus ingresos durante el último año y medio, un golpe que se produce justo cuando el resto de las variables del negocio también se encarecen.
Salario mínimo y fletes, presión adicional sobre el costo
El incremento del 23,7% del salario mínimo pega con particular fuerza en un sector intensivo en mano de obra, donde ese rubro supera la mitad del costo total de producción. A esa presión salarial se suma el encarecimiento de los fletes aéreos, la vía casi exclusiva para exportar un producto que debe llegar fresco a su destino en cuestión de horas. La tensión en Medio Oriente derivada de la guerra en Irán elevó los costos del transporte aéreo internacional, un componente logístico que la floricultura no puede sustituir por vías marítimas más económicas dado lo perecedero de su carga.
El nuevo arancel de Estados Unidos, el cuarto golpe
A ese cuadro se sumó, el 28 de julio, la decisión de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) de elevar del 10% al 12,5% el arancel adicional aplicado a buena parte de las importaciones provenientes de Colombia, en sustitución del recargo temporal vigente desde febrero. La medida excluyó productos como el café, el banano, el petróleo, el oro, el aguacate y algunos tipos de azúcar —que en conjunto representaron cerca del 60% del valor exportado por Colombia a Estados Unidos en 2025—, pero mantuvo bajo el nuevo gravamen a las flores, las confecciones, los alimentos procesados, los chocolates y los cosméticos, entre otros rubros.
El centro de estudios económicos Anif identificó a la floricultura como la actividad más expuesta a la nueva política comercial estadounidense, precisamente por el peso que ese mercado tiene sobre el total de sus exportaciones. Aunque formalmente el arancel lo paga el importador en Estados Unidos, gremios y empresarios coinciden en que buena parte de ese costo adicional termina trasladándose hacia atrás en la cadena, ya sea en forma de menores precios para el exportador colombiano, de mayores precios para el consumidor final, o de una combinación de ambos efectos.
Un sector sin margen financiero de maniobra
La combinación de los cuatro factores —tipo de cambio, salario mínimo, fletes y arancel— llega en un momento en que el sector floricultor no cuenta con el colchón financiero necesario para absorberlos sin ajustar su rentabilidad. Entre enero y mayo de 2026, el valor total de las exportaciones del sector ya mostraba una leve caída frente al mismo período del año anterior, señal de que el crecimiento en volumen no alcanza a compensar la pérdida de rentabilidad por cada tallo exportado.
Frente a este escenario, el gobierno entrante del presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que trabajará junto con Asocolflores en un plan de choque para enfrentar la revaluación, el aumento de los costos laborales y el nuevo arancel estadounidense.

