Uruguay se prepara para ocupar un lugar central en la relación comercial entre América del Sur y Europa. El país organizará el próximo 2 de diciembre, en Punta del Este, el primer Encuentro Empresarial Mercosur–Unión Europea, un evento sin antecedentes que busca traducir en negocios concretos un acuerdo que tardó más de 25 años en cerrarse. La iniciativa forma parte de la agenda que Montevideo lleva adelante desde que asumió, el 30 de junio, la Presidencia Pro Témpore del bloque, con el objetivo declarado de convertir el tratado en inversiones, empleo e innovación tecnológica y no solo en un texto firmado.
Diciembre, mes de definiciones
El encuentro empresarial funcionará como antesala de una agenda diplomática cargada: los días 3 y 4 de diciembre sesionará el Consejo del Mercado Común, con los cancilleres y ministros de Economía del bloque, previo a la Cumbre de Presidentes del Mercosur. Uruguay negocia además que el primer mecanismo oficial de implementación del acuerdo con la Unión Europea, pensado originalmente para realizarse en Bruselas, se traslade a Punta del Este en el marco de este evento. Si se concreta, sería la primera vez que un espacio institucional de esa envergadura entre ambos bloques se celebra en suelo sudamericano.
Más acuerdos, menos dependencia
La relación con Europa no es el único frente abierto. El Mercosur también cerró un acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio —integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein— e inició conversaciones con los países del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, además de negociaciones en curso con Canadá, India y Emiratos Árabes Unidos. La estrategia de fondo es ampliar la red de acuerdos internacionales del bloque para reducir la dependencia de sus mercados tradicionales y abrir nuevas puertas a los sectores exportadores de sus cuatro socios.
Un fondo para achicar asimetrías
Entre los anuncios con mayor impacto económico figura la confirmación de que Brasil realizará un aporte extraordinario de 1.000 millones de dólares al Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur, mediante desembolsos de 100 millones de dólares anuales durante una década. Se trata del principal instrumento financiero del bloque para reducir asimetrías entre sus miembros y financiar infraestructura, integración física e innovación productiva. Paraguay y Uruguay, los socios menores del Mercosur, son históricamente los principales beneficiarios de ese fondo y podrán acceder a nuevos recursos para obras que mejoren su competitividad regional.
El nudo logístico pendiente
El repunte comercial también puso sobre la mesa un problema estructural: la necesidad de modernizar la hidrovía Paraguay–Paraná, optimizar los sistemas de transporte y reforzar la infraestructura portuaria uruguaya para absorber tanto el crecimiento del comercio con Europa como el mayor movimiento de minerales que llega desde Brasil. La competitividad del Mercosur, coinciden funcionarios y empresarios, dependerá tanto de la apertura de nuevos mercados como de la capacidad del bloque para desarrollar corredores logísticos modernos y eficientes que sostengan ese intercambio creciente.

