Las multilatinas son el motor empresarial de la integración productiva latinoamericana

Con operaciones en 116 países y más de tres cuartas partes de sus ventas dentro de la región, las grandes empresas latinoamericanas ganan peso como articuladoras de cadenas de valor.
Multilatinas y la integración productiva
Multilatinas y la integración productiva

Durante décadas, la integración de América Latina y el Caribe se pensó como un asunto de gobiernos, resuelto mediante tratados comerciales. En paralelo a la diplomacia, un actor empresarial articula de hecho cadenas de valor, inversión transfronteriza y transferencia tecnológica: las multilatinas, compañías nacidas en la región que expandieron sus operaciones más allá de su país de origen.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ofrece la radiografía más completa hasta ahora: mapeó 156 empresas cotizantes de 15 países, con filiales en 116 mercados, y combinó datos de balances con una encuesta propia. El universo es heterogéneo, pero concentrado: Brasil (42 firmas), México (32), Chile (30), Argentina (20) y Colombia (10) reúnen más del 85% del total.

Una región con amplio margen por recorrer

La oportunidad es grande porque América Latina sigue siendo una de las regiones menos integradas del planeta. Según la CEPAL, el comercio intrarregional equivale a apenas un 14% de las exportaciones totales, frente a cerca del 60% dentro de la Unión Europea, pese a contar con un mercado de más de 660 millones de personas. El organismo viene recomendando profundizar la integración interna y, al mismo tiempo, diversificar vínculos con Asia, Europa y otros socios, en un escenario de mayor fragmentación comercial y de aranceles más altos en Estados Unidos.

Aun con normativas dispares, infraestructura limitada y costos logísticos elevados, las empresas siguen apostando por sus vecinos. Casi el 77% de las ventas y el 93% del empleo de las multilatinas relevadas se generan dentro de la región, y el 92% de ellas tiene filiales en países latinoamericanos. Son, en la práctica, compañías con fuerte anclaje regional. La escala, en cambio, sigue siendo limitada: sus ventas promedian unos 6.400 millones de dólares, contra 135.700 millones de dólares de las cien mayores multinacionales del mundo y más de 80.000 millones de dólares de sus pares emergentes.

La inversión productiva confirma esa lógica. Entre 2013 y 2023, las multilatinas ejecutaron en promedio más de 320 proyectos greenfield por año, por más de 14.000 millones de dólares anuales y con unos 43.000 empleos generados cada año. En 2023, la región fue el principal destino de ese capital, con el 50% del total.

El efecto tractor sobre las pymes

El impacto más visible se da en las cadenas regionales de valor. Las empresas líderes suelen actuar como anclas que organizan redes de proveedores especializados en manufactura, agroindustria, logística, servicios y tecnología. Participar de esas cadenas eleva la productividad, facilita la inserción exportadora y aprovecha mejor las complementariedades entre economías vecinas. Así, las multilatinas pueden convertirse en el puente que conecte a miles de pequeñas y medianas empresas con mercados regionales e internacionales.

Además, difunden estándares. Cuando una gran compañía incorpora exigencias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), de trazabilidad o de digitalización en su cadena de abastecimiento, esas prácticas se propagan a cientos de proveedores. La integración productiva deja de ser solo comercial y se transforma en una herramienta de modernización empresarial.

Financiamiento para pasar del anuncio a la obra

En mayo, durante el Foro Internacional de Integración Regional realizado en Cartagena, CAF comprometió 10.000 millones de dólares hasta 2031 para infraestructura física y digital, comercio intrarregional, energía, turismo, logística y movilidad. El anuncio se apoya en tres décadas de trabajo: 118 operaciones de crédito por 16.730 millones de dólares destinadas a proyectos de integración. A ello se suma la iniciativa Rutas de Integración, impulsada junto al BID, el BNDES y FONPLATA, que buscará movilizar otros 10.000 millones de dólares. El desafío inmediato, coinciden los organismos participantes, es traducir los compromisos en proyectos concretos y sostener su seguimiento.

La agenda pendiente es pragmática: fortalecer corredores logísticos, crear plataformas regionales de innovación, financiar redes de proveedores estratégicos, impulsar fondos para la expansión de multilatinas y abrir espacios permanentes de diálogo empresarial. Más allá de los acuerdos entre gobiernos, la integración dependerá cada vez más de la capacidad de las propias empresas para crear valor compartido. En esa tarea, las multilatinas dejaron de ser meras beneficiarias para convertirse en protagonistas.

NOTICIAS RELACIONADAS

No te pierdas