El canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, reclamó a la Unión Europea que aproveche lo que describió como una oportunidad histórica y complete cuanto antes la ratificación del acuerdo comercial con el Mercosur. Durante una visita a Bruselas, el jefe de la diplomacia uruguaya —cuyo país ejerce desde julio la presidencia semestral rotativa del bloque sudamericano— planteó que una demora prolongada del lado europeo corre el riesgo de ceder terreno de influencia en América Latina frente a China y a otras potencias globales.
Lubetkin remarcó que los cuatro socios plenos del Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— completaron la ratificación de su parte del acuerdo en apenas dos meses, algo que calificó como inédito por el consenso que logró entre gobiernos de distinto signo político. A su criterio, ese respaldo transversal refleja que la región considera al acuerdo una prioridad estratégica que trasciende las diferencias ideológicas internas, y que ese mismo cálculo debería primar también del lado europeo.
El freno judicial en el Parlamento Europeo
El acuerdo, cerrado políticamente en enero tras más de dos décadas de negociaciones y firmado el 17 de enero en Asunción, entró en vigor de forma provisional para su pilar estrictamente comercial a partir del 1° de mayo. Sin embargo, el proceso de ratificación europea sigue trabado: apenas cuatro días después de la firma, el 21 de enero, el Parlamento Europeo aprobó por 334 votos a favor, 324 en contra y once abstenciones una moción para remitir el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), con el objetivo de que ese organismo determine si la estructura jurídica elegida y la aplicación provisional del pacto son compatibles con los tratados comunitarios.
Esa consulta judicial paraliza de hecho el trámite parlamentario europeo hasta que el TJUE se expida, un proceso que, según cálculos de la propia cancillería uruguaya, suele demorar entre 18 y 24 meses. Lubetkin buscó relativizar el impacto de la medida citando antecedentes: los acuerdos comerciales de la Unión Europea con Canadá y con Singapur atravesaron consultas similares ante el mismo tribunal y en ambos casos la Justicia europea terminó confirmando la validez de los tratados, un precedente que en Montevideo interpretan como una señal favorable de cara al desenlace del caso Mercosur.
El canciller uruguayo admitió que el calendario definitivo de aprobación sigue siendo incierto y que podría extenderse hasta 2027 o 2028, una decisión que —subrayó— depende exclusivamente de la dinámica interna europea. Insistió en que, del lado sudamericano, el proceso ya está cerrado y que corresponde ahora a las instituciones comunitarias definir los tiempos.
Uruguay no espera: agenda propia con Bruselas
En lugar de aguardar pasivamente la resolución judicial, Uruguay decidió avanzar con una agenda bilateral propia mientras ejerce la presidencia pro tempore del bloque. Montevideo prevé organizar en diciembre el primer foro comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, y ya trabaja junto a funcionarios de Comercio de la Comisión Europea para profundizar la cooperación económica incluso antes de que se resuelva el proceso de ratificación completo. El argumento oficial es que los sectores productivos y la ciudadanía de ambas regiones no pueden quedar sujetos a los tiempos judiciales de Bruselas.
Lubetkin planteó además que el vínculo comercial que propone el acuerdo funciona en ambos sentidos: no se trata únicamente de facilitar el ingreso de exportaciones sudamericanas a mercados europeos, sino también de habilitar mayores flujos de inversión europea hacia la región y de capital sudamericano hacia Europa, en momentos en que el comercio mundial está cada vez más condicionado por la competencia geopolítica entre grandes bloques.
China, Estados Unidos y el resto del tablero
Consultado sobre si China sería el socio alternativo más evidente en caso de que el acuerdo con la Unión Europea siga estancado, Lubetkin no dudó en confirmarlo. El gigante asiático se consolidó como el principal socio comercial de Uruguay durante los últimos catorce años, mientras que Europa continúa siendo la mayor fuente de inversión extranjera del país y Estados Unidos mantiene una posición dominante en el comercio de servicios. Lejos de plantear una elección excluyente, el canciller insistió en que Uruguay busca profundizar simultáneamente sus relaciones con las tres potencias, sin subordinar ese vínculo a la rivalidad entre Washington y Pekín, incluso en un contexto de presión creciente de la administración de Donald Trump para contener la influencia china en América Latina.
Durante su semestre al frente del Mercosur, el bloque también se propone cerrar negociaciones comerciales pendientes con Canadá, los Emiratos Árabes Unidos e India, además de reforzar vínculos con los países de la ASEAN y con el continente africano. Lubetkin utilizó esa agenda paralela como argumento de presión hacia Bruselas: si Europa avanza con la ratificación, sostuvo, ambas partes saldrán beneficiadas: de lo contrario, el Mercosur continuará abriendo nuevas puertas comerciales en otras regiones del mundo.

