La política comercial de Donald Trump sigue siendo difícil de anticipar tanto para empresas como para consumidores. Su próxima ronda de aranceles sobre dieciséis socios comerciales, sumada al acuerdo alcanzado con China para reducir gravámenes sobre una lista de productos considerados “no sensibles”, podría producir un resultado paradójico: si los nuevos aranceles a otros países terminan siendo demasiado altos en comparación con los aplicados a China, algunas cadenas de suministro que se habían mudado fuera del país asiático en el último año podrían encontrar conveniente regresar.
Convencer a las empresas de diversificar su abastecimiento fuera de China había sido, hasta ahora, un objetivo explícito de la administración estadounidense. Funcionarios de comercio insistieron en que sería un error que las compañías que ya trasladaron su producción volvieran atrás, apelando a los riesgos de una dependencia excesiva de un solo proveedor. Sin embargo, la propia dinámica arancelaria de Washington podría terminar incentivando exactamente ese regreso, especialmente si se concreta una baja de aranceles a China dentro del nuevo mecanismo bilateral de comercio acordado en la cumbre de Beijing de mayo.
El precedente de los celulares
Semanas después de asumir, Trump impuso un arancel del 20% a todos los productos chinos, alcanzando por primera vez a los teléfonos celulares, que habían quedado exceptuados durante la guerra comercial de 2018-2019. Se trataba de un segmento clave: los celulares representaban cerca del 10% de las importaciones totales de China hacia Estados Unidos, y una marca concentraba más de la mitad de las compras de consumo, con picos cercanos a dos tercios en los últimos trimestres de 2024 y 2025.
La respuesta de la industria fue veloz: se aceleró el traslado del ensamblaje hacia India, apoyado en una red de contratistas que ya venía desarrollándose desde los cierres por la pandemia en Shanghái en 2022. A diferencia del arancel a China, los aranceles globales aplicados en abril de 2025 y los adicionales de agosto sobre India exceptuaron a los celulares, lo que reforzó el incentivo a sostener el nuevo esquema de abastecimiento. En apenas siete meses, la participación de India en las importaciones estadounidenses de celulares saltó del 6% al 66%, apoyada en vuelos de carga chárter y en la reducción del tiempo de despacho aduanero en el aeropuerto de Chennai, de 30 a 6 horas. Entre abril de 2025 y febrero de 2026, cerca de la mitad de las importaciones totales de celulares llegaron desde India.
La indumentaria no siguió el mismo camino
El caso de la indumentaria fue distinto y resulta igual de revelador. Aunque el arancel a las prendas chinas subió proporcionalmente más que el de los celulares, las importaciones no se redirigieron hacia India, porque los aranceles impuestos a ese país —tanto en abril como en agosto de 2025— no incluyeron ninguna excepción para el rubro textil. Hacia octubre de 2025, los gravámenes sobre indumentaria india eran incluso más altos que los aplicados a China, y la brecha arancelaria entre China y otros proveedores tradicionales como Vietnam o Bangladesh cerró el año prácticamente sin cambios respecto de los niveles previos a 2025. Sin una diferencia arancelaria significativa, no hubo estímulo para mudar la producción.
Un tablero que vuelve a moverse
En febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos invalidó los aranceles país por país que se habían aplicado bajo la ley de poderes económicos de emergencia, eliminando tanto la ventaja arancelaria de India sobre China en celulares como la desventaja que sufría en indumentaria. Desde entonces rige una estructura más pareja: primero un arancel temporal del 10% sobre casi todos los socios comerciales y, desde julio, gravámenes de entre 10% y 12,5% aplicados a los sesenta principales socios comerciales tras investigaciones por presunto uso de trabajo forzado, que nuevamente exceptuaron a los celulares. El resultado fue una estabilización del abastecimiento sin cambios drásticos: entre marzo y junio de 2026, cerca del 60% de las importaciones de celulares seguía llegando desde India, y el mapa de origen de la indumentaria tampoco mostró variaciones relevantes.
La disyuntiva que se abre ahora
El próximo movimiento dependerá de investigaciones en curso sobre presunta sobrecapacidad industrial en dieciséis economías, entre ellas China e India. Si el nuevo esquema amplía de forma significativa la brecha arancelaria entre China y proveedores alternativos, podría repetirse el patrón de los celulares en 2025: una salida acelerada de China. Pero si esa brecha se mantiene acotada —China ya obtuvo el compromiso de que los nuevos aranceles, sumados al de julio, no superen el 20%— y a la vez avanza una rebaja arancelaria para la lista de productos “no sensibles” por unos 30.000 millones de dólares dentro del nuevo mecanismo bilateral, el efecto podría ser el inverso: un regreso de compras hacia China.
Incluso las empresas que tomaron en serio las advertencias sobre el riesgo de depender de un solo proveedor podrían verse forzadas a reconsiderarlo si sus competidoras vuelven a abastecerse en China y el arancel sobre las alternativas sigue siendo demasiado alto para competir en precio.

