México consolida su liderazgo en la exportación de berries a Norteamérica

Las exportaciones de frambuesas, fresas y arándanos superaron los 5.000 millones de dólares FOB en el último ejercicio y confirman a México como el proveedor dominante.
México consolida su liderazgo en la exportación de berries
México consolida su liderazgo en la exportación de berries

México consolidó en el último ejercicio su posición como la plataforma de abastecimiento más importante de berries para el mercado norteamericano, con exportaciones de frambuesas, fresas y arándanos que en conjunto superaron los 5.000 millones de dólares en valor FOB. El dato confirma una tendencia de crecimiento sostenido en un sector que combina inversión en agricultura protegida, variedades de mayor vida de anaquel y una posición geográfica que lo vuelve prácticamente insustituible para abastecer a Estados Unidos en contraestación. Sin embargo, detrás de ese volumen récord, productores y exportadores enfrentan una ecuación cada vez más compleja: los costos del transporte refrigerado, las exigencias fitosanitarias y la dependencia estructural de un solo mercado de destino presionan sobre el margen neto del negocio con más fuerza que en años anteriores.

Tres variedades, un mismo podio

El grueso del negocio se reparte de manera casi simétrica entre dos categorías. Las frambuesas (y el grupo que agrupa a zarzamoras y moras) explicaron 2.070 millones de dólares FOB, equivalentes al 39,18% del total exportado, mientras que las fresas quedaron apenas por detrás, con 2.066 millones de dólares y una participación del 39,10%. Ese virtual empate técnico entre ambas categorías no es casual: responde a inversiones sostenidas en macrotúneles y otras formas de agricultura protegida, además de la adopción de variedades patentadas que extienden la vida poscosecha de una fruta naturalmente frágil.

Los arándanos, por su parte, aportaron 980 millones de dólares y una participación del 18,54% sobre el valor total del sector. Aunque hoy ocupan el tercer lugar del podio, exhiben una ventaja estructural para ganar terreno hacia adelante: soportan mejor que el resto el tránsito marítimo prolongado bajo atmósfera controlada, una característica que los vuelve más aptos para abastecer mercados distantes sin depender exclusivamente del transporte aéreo o terrestre de corta distancia. El resto de las berries, agrupadas bajo una categoría mixta, sumaron unos 168 millones de dólares, el 3,18% restante.

Estados Unidos concentra casi dos tercios del negocio

El mercado estadounidense absorbió 3.355 millones de dólares, el 63,49% del valor FOB exportado, apalancado en la proximidad geográfica y en corredores logísticos consolidados como los cruces de Laredo, en Texas, y Nogales, en Arizona, que permiten trasladar la fruta desde el campo hasta los centros de distribución de las principales cadenas minoristas en apenas 24 a 48 horas. Esa rapidez es, en gran medida, la que sostiene la competitividad mexicana frente a otros orígenes: cuanto más corto el tránsito, menor la merma poscosecha y menor también el riesgo de rechazo por parte del comprador.

Un tercio del valor exportado, en cambio, no queda asociado a un destino final identificado en los registros primarios, lo que habitualmente responde al uso de centros de consolidación intermedios o a esquemas de triangulación comercial, una práctica extendida en el comercio internacional de productos perecederos de alto valor. Detrás de ese bloque asoman, de manera incipiente, mercados de mayor rendimiento por kilo: Japón representó apenas el 0,60% del total y Canadá el 0,57%, mientras que Italia se ubicó en el 0,41%. Son porciones todavía marginales del negocio, pero señalan hacia dónde podría orientarse la diversificación de la oferta mexicana en los próximos años, en particular de la mano de los arándanos y su mejor comportamiento en trayectos largos.

El desafío pendiente: diversificar sin perder margen

El interrogante de fondo para el sector no pasa tanto por seguir creciendo en volumen, sino por sostener la rentabilidad frente a una cadena de frío cada vez más cara y una concentración de destino que deja al negocio expuesto a cualquier vaivén regulatorio o comercial en el mercado estadounidense. Ganar posiciones en plazas como Japón o Italia exige identificar importadores concretos, negociar condiciones de venta más sofisticadas —como los términos FCA o CIP— y aceptar trayectos más largos y costosos, algo que solo resulta viable si la logística de frío y el cumplimiento fitosanitario funcionan sin margen de error. La experiencia de otras frutas latinoamericanas que ya transitaron ese camino de diversificación sugiere que la ventana de oportunidad existe, pero que exige una planificación logística mucho más fina que la que demanda hoy el mercado norteamericano.

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