El arroz enciende una alerta: Estados Unidos y el Mercosur recortan siembra al mismo tiempo

La producción de arroz largo estadounidense cae a su nivel más bajo en más de cinco décadas mientras Brasil, Uruguay y Paraguay reducen el área en simultáneo.
Arroz cae producción para el ciclo 2026/27
Arroz cae producción para el ciclo 2026/27

El mercado internacional del arroz empieza a mirar 2027 con más atención de la que suele dedicarle a una campaña que recién arranca. La producción estadounidense de arroz largo vuelve a caer con fuerza y, en paralelo, varios de los principales países productores del Mercosur confirman menor superficie sembrada para el ciclo 2026/27. Ninguno de los dos movimientos alcanza, por sí solo, para hablar de un problema de abastecimiento. Pero la coincidencia entre ambos introduce un factor de riesgo que productores, molinos, exportadores y organismos oficiales de la región ya empezaron a seguir de cerca.

Estados Unidos marca el mínimo de más de medio siglo

El dato que reordenó la discusión llegó con la actualización de septiembre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). El organismo proyectó la producción total de arroz para 2026/27 en 158,2 millones de hundredweight (cwt) —unos 7,18 millones de toneladas en cáscara—, apenas 0,2 millones de cwt por debajo de la estimación previa. El movimiento más significativo, sin embargo, se concentró en el arroz de grano largo: su producción fue recalculada en 103,5 millones de cwt, 3,2 millones menos que un mes atrás.

La comparación interanual es la que realmente preocupa al mercado. El nivel proyectado implica una caída cercana al 32,5% frente a 2025, arrastrada principalmente por una fuerte reducción de la superficie sembrada: la campaña 2026 registró la menor área de arroz largo en Estados Unidos desde 1972, con una retracción de siembra de alrededor del 28% interanual. El rendimiento promedio, en cambio, fue revisado al alza, hasta 7.690 libras por acre, 46 libras más que en la lectura anterior, aunque no alcanza para compensar la pérdida de hectáreas.

El colchón que evita hablar de escasez inmediata está en los inventarios. Las existencias iniciales estadounidenses fueron revisadas al alza, hasta 58,4 millones de cwt, y el USDA proyectó stocks finales de 40,4 millones de cwt para el cierre de 2026/27. El volumen alcanza para amortiguar el golpe de una cosecha más chica, pero de todos modos implica una caída del 31% frente al ciclo anterior: Estados Unidos entra a la nueva campaña con un margen de maniobra bastante más ajustado que hace apenas un año.

El Mercosur tampoco ofrece alivio

La preocupación adquiere una dimensión regional porque ningún productor grande del Mercosur llega a 2026/27 con señales de expansión. En Rio Grande do Sul, el estado que concentra la mayor parte del arroz brasileño, el Instituto Rio-Grandense do Arroz (IRGA) proyectó una intención de siembra de 861.778 hectáreas, un 3,4% menos que las 891.908 hectáreas cultivadas en el ciclo anterior. Es la tercera campaña consecutiva de retracción y la caída se repite en las seis regiones arroceras del estado, con la Planície Costeira Interna a la cabeza (-5,5%) y la Fronteira Oeste inmediatamente detrás (-3,7%).

El trasfondo es económico, no climático. Según cálculos de la propia entidad, el costo de producción promedio se ubica entre 80 y 90 reales por saca, mientras que en el mercado hubo productores que llegaron a vender por debajo de 60 reales. 

El movimiento no es exclusivo de Brasil. En Argentina y Paraguay también se proyectan superficies menores para el nuevo ciclo, mientras que Uruguay —tradicionalmente un actor clave en el segmento de grano largo de exportación— enfrenta su propia y más marcada reducción.

Uruguay, el caso más tenso de la región

El caso uruguayo resume con claridad la tensión que atraviesa a todo el sector. La Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) trabaja con una referencia de 155.000 hectáreas para 2026/27, frente a las 163.500 hectáreas de la campaña anterior, una baja superior al 5%. Sin un mecanismo de financiamiento adicional en danza, la reducción podría llegar a entre 25.000 y 30.000 hectáreas menos; con él, la siembra podría sostenerse en un rango de 155.000 a 158.000 hectáreas.

Para evitar el escenario más severo, productores, autoridades y actores financieros negocian un crédito puente de 500 dólares por hectárea, que se sumaría al financiamiento habitual del Banco República (BROU), fijado en 1.605 dólares por hectárea para la campaña, distribuidos en tres desembolsos entre septiembre de 2026 y enero de 2027. Detrás de la negociación hay una lógica de escala: una caída abrupta del área no solo afecta a quien decide sembrar menos, sino que reduce el volumen disponible para los molinos y eleva los costos fijos distribuidos por tonelada procesada en toda la cadena industrial.

El precio internacional ofrece, al menos, una señal más favorable que la de los últimos dos años. Entre marzo y junio, la tonelada de arroz procesado uruguayo subió 13%, de 445 a 502 dólares, en un contexto de recuperación también visible en las referencias de Vietnam y Tailandia. Aun así, la mejora llega después de un período que debilitó la capacidad financiera de buena parte de las explotaciones, lo que explica por qué el acceso al crédito sigue siendo la variable decisiva antes de que arranque la siembra.

El diagnóstico predominante entre analistas de la cadena arrocera es que los datos actuales no habilitan a hablar de una crisis de abastecimiento, pero sí justifican un seguimiento más cuidadoso que el habitual. La combinación de menor superficie en el Mercosur con una producción estadounidense de arroz largo en su piso más bajo en más de cinco décadas deja un escenario donde cualquier deterioro adicional —climático, financiero o comercial— pesaría más que en un año normal. El avance de la siembra sudamericana, el financiamiento en Uruguay y El Niño definirán si 2027 queda bajo simple vigilancia o si la región enfrenta un ajuste más profundo, con efectos que recorren toda la cadena hasta el precio en la góndola.

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