La Unión Europea dio un paso significativo para reforzar su política climática comercial: los países miembros acordaron incorporar cerca de 400 nuevas categorías de importaciones de acero y aluminio al Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), una medida que regirá para las mercaderías a partir de 2028.
La ampliación abarca productos intermedios que van desde materiales de construcción hasta maquinaria y componentes de vehículos. Entre los bienes alcanzados figuran artículos como montacargas, lavarropas y herramientas de jardín.
El objetivo declarado es cerrar un vacío regulatorio que venía siendo explotado por importadores: la extensión apunta a impedir que las empresas eludan el gravamen importando productos más terminados en lugar de materias primas metálicas.
El CBAM entró plenamente en vigencia en enero de 2026, cuando comenzó a gravar importaciones de bienes de alta intensidad de carbono como el acero y el cemento. Desde entonces, los importadores de los bienes alcanzados deben adquirir y presentar certificados CBAM equivalentes al carbono incorporado en productos como acero, aluminio, cemento, fertilizantes e hidrógeno.
En cuanto a la metodología aplicada a los nuevos productos, el CBAM atribuirá emisiones únicamente a los materiales precursores —acero o aluminio— utilizados en su fabricación, no a los procesos de elaboración o ensamblaje posteriores.
El comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra, sostuvo que la ampliación refuerza la equidad competitiva y responde a las demandas de la industria, que reclamaba medidas más rápidas contra la evasión.
En paralelo, la Comisión Europea revisará anualmente los productos susceptibles de ser incorporados al mecanismo.
La medida no estuvo exenta de tensiones. Francia logró obtener una exención para el cemento y los materiales de construcción pesados destinados a sus territorios de ultramar de Mayotte y Reunión, en el océano Índico, argumentando que no existe una alternativa económicamente viable para abastecer esas regiones remotas con producción europea.
A nivel internacional, el mecanismo enfrenta cuestionamientos. Mozambique, país fuertemente dependiente de las exportaciones de aluminio hacia la UE, y Rusia criticaron la política ante la Organización Mundial del Comercio, señalando que impone cargas desproporcionadas sobre las economías más pobres y genera barreras al comercio.

