La logística latinoamericana atraviesa un ciclo de cambios superpuestos. La aceleración tecnológica, las tensiones geopolíticas, la volatilidad de fletes y monedas y las nuevas exigencias ambientales de los mercados de destino obligaron a operadores, puertos y exportadores a revisar estrategias que durante décadas se apoyaron en el menor costo inmediato.
El punto de partida explica la urgencia. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los costos logísticos en América Latina y el Caribe equivalen a entre el 18% y el 35% del valor final de los productos, frente a un promedio del 8% en los países de la OCDE. En las pequeñas y medianas empresas la proporción puede superar el 40%. El mismo organismo atribuye cerca del 40% de la brecha de fletes internacionales con la Unión Europea a diferencias en la calidad de la infraestructura portuaria y aeroportuaria.
2026: más carga sobre una red que no crece al mismo ritmo
La discusión llega en un año de fuerte expansión comercial. Según el informe Perspectivas del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe 2026, de la CEPAL, el valor de las exportaciones regionales de bienes aumentaría 20% este año, el mayor salto desde el rebote pospandemia de 2021. El avance combina una suba de 11% en los precios y de 9% en los volúmenes, que completarían así seis años consecutivos de crecimiento.
La mejora es amplia: 28 de los 33 países de la región exportarían más que en 2025 y 16 lo harían a tasas de dos dígitos. México lidera con un alza proyectada de 26%, seguido por Paraguay y Argentina (19%), Brasil y Ecuador (16%), Colombia (15%) y Chile (13%). El comercio dentro de la región también se recupera, con exportaciones intrarregionales 8% más altas en el primer semestre, y las ventas hacia Asia, excluida China, crecerían 32%. La propia CEPAL advierte que ese dinamismo elevó la demanda de servicios logísticos y de transporte internacional, en una red cuya capacidad no se expande al mismo ritmo.
Los puertos reflejan esa concentración del esfuerzo. El último ranking portuario de la CEPAL ubica a Callao como cuarto puerto latinoamericano, con 3,07 millones de TEU, mientras que el Grupo Puerto de Cartagena superó los 4 millones de contenedores en 2025 y se consolidó como la principal operación portuaria de contenedores de la región.
Una región que sigue rezagada en desempeño logístico
Las debilidades se concentran en la calidad de la infraestructura y en la eficiencia de los procesos aduaneros. Las demoras en el despacho, por sí solas, encarecen el transporte entre un 4% y un 12%, según estimaciones regionales. Por eso la interoperabilidad digital entre puertos, aeropuertos y aduanas aparece como una de las palancas con mayor retorno.
La digitalización deja de ser un diferencial
La adopción tecnológica se masificó entre operadores logísticos y empresas exportadoras. Plataformas de visibilidad en tiempo real, modelos de inteligencia artificial para pronosticar la demanda, sensores IoT en unidades de transporte y depósitos, y sistemas de trazabilidad de punta a punta permiten anticipar interrupciones, redirigir cargas y optimizar recorridos aun en contextos de alta volatilidad. Ya no funcionan como diferencial, sino como requisito de entrada que exigen los grandes cargadores y los mercados de destino.
Resiliencia: menos dependencia de un solo corredor
La secuencia de crisis de los últimos años, desde la pandemia hasta los desvíos en rutas marítimas estratégicas, dejó una lección clara: depender de un único proveedor, origen o corredor genera vulnerabilidades difíciles de corregir sobre la marcha. Las empresas de la región respondieron diversificando proveedores, rediseñando redes de distribución y elevando inventarios estratégicos en segmentos sensibles. La planificación de contingencias y los modelos de riesgo pasaron a ocupar un lugar central en la gestión, mientras el comercio electrónico empujó inversiones en centros de última milla y automatización de depósitos.
El transporte, en el centro de la agenda climática
La dimensión ambiental dejó de ser accesoria. De acuerdo con el BID, el transporte genera alrededor del 40% de las emisiones de CO2 de América Latina y el Caribe, muy por encima del promedio global. Si la trayectoria actual se mantiene, esas emisiones crecerían un 17% hacia 2050 respecto de 2019, con un aumento cercano al 40% en el segmento de carga urbana.
El transporte de carga terrestre es el principal frente. El diésel representa el 38% del consumo total de combustibles de la región, según el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), y buena parte del parque de camiones es antiguo e informal. Renovación de flotas, combustibles alternativos, consolidación de cargas y planes de reducción de emisiones avanzan, aunque a ritmos muy desiguales entre países y entre grandes empresas y pymes. Con clientes internacionales que ya incorporan criterios ambientales en sus compras, la huella de carbono de la cadena logística empieza a pesar como una variable comercial más, a la par del precio y el plazo.
Lo que viene
La disrupción está dejando una cultura logística más colaborativa, más orientada a datos y más abierta a la innovación. Cerrar la brecha de costos con las economías avanzadas, sin embargo, exige algo más que adopción tecnológica empresa por empresa: requiere inversión sostenida en infraestructura, aduanas integradas, formación de talento especializado y cooperación público-privada. De esa combinación dependerá que la región no solo se adapte a las nuevas reglas, sino que pueda competir con ellas.


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