Durante décadas, las empresas de América Latina compitieron sobre todo por precio, calidad de producto y fuerza comercial. Ese esquema empieza a quedarse corto. En mercados donde los consumidores exigen entregas más rápidas, información precisa y cumplimiento de lo prometido, la logística pasó a ser una herramienta estratégica capaz de distinguir a una compañía de su competencia.
El punto de partida explica por qué. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los costos logísticos en la región representan entre el 18% y el 35% del valor final de los productos, frente a alrededor del 8% en los países de la OCDE, y en el caso de las pequeñas y medianas empresas pueden superar el 40%. El organismo subraya que la eficiencia logística depende de la infraestructura, de la calidad de los servicios de transporte y del marco regulatorio e institucional. En ese contexto, quien logra mover mejor sus productos no solo ahorra: también ofrece algo que otros no pueden.
Visibilidad: de la fecha estimada al dato en tiempo real
La primera palanca es la visibilidad de la cadena de suministro. Los sistemas de gestión de transporte (TMS) y de almacenes (WMS), el GPS, los sensores IoT, las etiquetas RFID y las plataformas de seguimiento permiten saber dónde está cada producto, anticipar demoras y comunicarlas al cliente antes de que se convierta en un reclamo.
El salto es conceptual: la logística deja de ser una función de trastienda y pasa a ser un servicio. Una empresa que informa con precisión cuándo llegará un pedido, y lo cumple, se diferencia claramente de otra que apenas ofrece una fecha aproximada. En el comercio entre empresas, esa confiabilidad permite a los clientes trabajar con menos stock de seguridad, lo que se traduce en un ahorro concreto para quien compra.
Última milla: donde se gana o se pierde al cliente
El tramo final de la entrega es, en la región, el más caro y el más visible. La congestión urbana, las distancias y la dispersión geográfica encarecen la distribución, pero también abren espacio para la innovación: centros de distribución urbanos, puntos de retiro, planificación dinámica de rutas, operadores especializados y canales digitales.
Mercado Libre es el caso más citado de cómo la logística puede convertirse en ventaja competitiva. La compañía construyó una red propia de centros de fulfillment, agencias de paquetería, flota terrestre y aviones de carga que le permite prometer plazos que pocos pueden igualar. En Brasil, su mayor mercado, entregó en el primer trimestre de 2026 el 76% de sus envíos en hasta 48 horas, extendió la entrega en el mismo día a los domingos y prevé terminar el año con 42 centros de fulfillment. En Chile, más de la mitad de sus paquetes llega en menos de 24 horas, apoyada en una red de comercios de barrio que funcionan como puntos de despacho y retiro. Los vendedores que almacenan su mercadería en esos centros, además, ganan prioridad en las búsquedas de la plataforma: la logística se transforma directamente en ventas.
El desafío no es exclusivo de las grandes compañías. El BID apoya en Centroamérica un proyecto orientado a fortalecer las capacidades logísticas de las micro, pequeñas y medianas empresas mediante soluciones de última milla y canales digitales, una muestra de que este eslabón se volvió un componente central de la competitividad empresarial.
Datos e inteligencia artificial para decidir mejor
La analítica avanzada permite pronosticar la demanda, optimizar inventarios, detectar productos de baja rotación y ajustar las rutas de distribución en función del tráfico, el volumen de pedidos o la disponibilidad de vehículos. El BID destaca que la inteligencia artificial puede reducir costos de información y de procesos logísticos y administrativos, con aplicaciones que van desde la clasificación arancelaria de mercaderías en las declaraciones aduaneras hasta la gestión de riesgos en frontera. Para una pyme exportadora, automatizar esas tareas significa menos errores, menos demoras y menos dependencia de intermediarios.
Para una empresa latinoamericana, diferenciarse a través de la logística significa usarla no solo para mover productos, sino para ofrecer rapidez, información, flexibilidad, confiabilidad y acceso a nuevos mercados. En ese escenario, la cadena de suministro deja de ser un costo operativo y pasa a formar parte de la experiencia que la compañía le entrega a sus clientes.


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