Entre enero y mayo de 2026, los envíos mexicanos de computadoras, servidores, tarjetas electrónicas, cableado especializado y otros insumos vinculados a la inteligencia artificial alcanzaron un récord de 105.800 millones de dólares, según datos del Banco de México. La cifra, un salto interanual del 84,5%, representó el 33,3% del total exportado por el país en el período y desplazó por primera vez al sector automotor del primer lugar del comercio exterior mexicano. Las exportaciones de vehículos, en cambio, sumaron 60.500 millones de dólares —el 19% del total, frente al 23,7% de un año antes— en momentos en que la industria enfrenta nuevos obstáculos arancelarios en el mercado estadounidense.
El fenómeno no es coyuntural. En 2025, México exportó equipo de cómputo por 85.416 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 144,8% que elevó la participación del rubro en las ventas externas totales del 6% al 12,85%. Bajo la clasificación de «bienes habilitantes de IA» que utiliza la Organización Mundial del Comercio —que abarca hardware de cómputo, equipos de almacenamiento de datos, gear de redes, sensores y cámaras, software en soportes físicos y equipos para fabricación de semiconductores—, el país exportó 154.000 millones de dólares en 2025, un incremento del 62% respecto de 2024 y el mayor salto interanual registrado hasta el momento. Las unidades de procesamiento digital, que incluyen GPU, CPU, TPU y aceleradores especializados para entrenamiento e inferencia de IA, concentran más de tres cuartas partes de ese valor.
Jalisco y Chihuahua, epicentro del ensamblaje
Detrás del salto exportador está la base manufacturera electrónica que México construyó durante décadas al amparo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que exime de aranceles adicionales a buena parte de los bienes que cumplen reglas de origen regional. Fabricantes globales como Foxconn, Flex, Jabil y Sanmina ensamblan servidores, racks y tarjetas electrónicas con componentes importados —mayormente de Asia— que luego se envían a Estados Unidos para equipar los centros de datos de las principales tecnológicas del mundo. Jalisco, apodado el «Silicon Valley mexicano», y Chihuahua concentran la mayor parte de esa producción, con Baja California como otro polo relevante. Foxconn, socio estratégico del diseñador de chips Nvidia, anunció en marzo una inversión de 137 millones de dólares en dos de sus subsidiarias mexicanas tras proyectar que su producción podría duplicarse este año; la compañía prevé destinar un 30% más de capital que en 2025 a la expansión de su capacidad vinculada a IA. Flextronics, por su parte, debió reconvertir sus propios estacionamientos en Jalisco para ampliar la planta ante el volumen de pedidos.
El impulso se refleja también en la inversión extranjera directa: el sector manufacturero mexicano recibió 40.900 millones de dólares entre enero y septiembre de 2025, un 15% más que el año anterior, en un contexto de relocalización de operaciones hacia proveedores más cercanos al mercado estadounidense. Del lado de la demanda, la inversión privada en infraestructura de centros de datos en Estados Unidos totalizó 102.200 millones de dólares en 2025, con un crecimiento interanual del 29,8%. Amazon Web Services comprometió más de 5.000 millones de dólares para su nueva región México (Central), con instalaciones en Querétaro.
Ensamblaje, no desarrollo propio
El crecimiento exportador, sin embargo, no equivale todavía a una captura significativa de valor agregado. México ensambla unidades de procesamiento con insumos importados principalmente de Asia —chips, memorias y componentes— y la correlación entre esas importaciones y el aumento de las exportaciones de equipo de cómputo es, según estudios especializados citados por medios económicos mexicanos, «cuantificable y estrecha»: el modelo responde a integración y ensamble antes que a desarrollo tecnológico propio. A eso se suma un factor de riesgo que analistas económicos vienen señalando: la capacidad de infraestructura energética y logística de México para sostener el ritmo de expansión, además de la posibilidad de que parte del salto reciente responda a un adelantamiento de envíos ante la amenaza de nuevos aranceles estadounidenses, más que a una tendencia estructural pura.
Con todo, el cambio de composición en la canasta exportadora mexicana —de los autos a los servidores— ya funciona como amortiguador frente a otros frentes adversos de la economía del país, entre ellos el menor crecimiento salarial, el ajuste fiscal y los aranceles que Washington mantiene sobre bienes no comprendidos en el T-MEC. La consolidación de México como eslabón de ensamblaje de la cadena de infraestructura de IA lo posiciona, al menos en el corto plazo, como uno de los principales beneficiarios comerciales del boom tecnológico estadounidense.

