El comercio mundial de mercancías ingresó a 2026 con viento a favor pero enfrenta un freno pronunciado antes de llegar a fin de año. Según el informe Trade and Development Foresights 2026 publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el crecimiento real del comercio de bienes podría desplomarse desde el 4,7% registrado en 2025 hasta un rango de entre 1,5% y 2,5% en el ejercicio en curso. De materializarse el escenario más pesimista, sería el peor desempeño desde 2023, cuando el comercio de mercancías apenas avanzó un 0,9%.
El informe identifica un cambio de fondo en la naturaleza de los riesgos globales. Si durante 2025 la principal fuente de incertidumbre fue la política comercial —con los aranceles como arma de negociación geopolítica—, en los primeros meses de 2026 ese lugar lo ocupan las tensiones militares.
El inicio del año había sido prometedor. El comercio global mostró un dinamismo considerable en los primeros meses de 2026, impulsado en parte por exportaciones chinas robustas y por el avance sostenido del comercio vinculado a la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica. Las importaciones estadounidenses de máquinas de procesamiento automático de datos —servidores, equipos de computación de alta performance— representaron por sí solas alrededor de tres cuartas partes del crecimiento del 4% registrado en las importaciones de mercancías de Estados Unidos durante 2025.
La UNCTAD señala que la combinación de mayor precio del crudo, disrupciones logísticas vinculadas a Ormuz y volatilidad financiera está erosionando los márgenes de las empresas exportadoras y desincentivando decisiones de inversión en cadenas de suministro globales.
Las economías en desarrollo son las más expuestas a este deterioro. Para muchas de ellas, la dependencia de combustibles importados, alimentos y fertilizantes convierte cualquier shock energético en una amenaza directa sobre la balanza de pagos, la inflación doméstica y la capacidad fiscal. La UNCTAD advierte que los países de frontera —los más pequeños y vulnerables del mundo en desarrollo— enfrentan condiciones de financiamiento externo especialmente restrictivas, con tasas de endeudamiento que oscilan entre el 7% y el 11% anual, frente al 1% y 4% que pagan las economías avanzadas por crédito similar.
El informe también advierte sobre la creciente influencia de los factores financieros en la determinación de los flujos comerciales. El comercio, sostiene la UNCTAD, ya no es únicamente una cadena de proveedores y compradores: es también una cadena de líneas de crédito, sistemas de pago, mercados cambiarios y flujos de capital. En ese esquema, la volatilidad financiera global no es solo un efecto secundario del conflicto, sino un amplificador autónomo de la desaceleración comercial.
En el plano macroeconómico, la UNCTAD proyecta que el crecimiento mundial se reducirá del 2,9% en 2025 al 2,6% en 2026, impulsado hacia abajo por los mayores precios energéticos, las disrupciones del transporte, la volatilidad de los mercados financieros y la búsqueda de activos refugio. Las dos mayores economías del mundo también pierden velocidad: se espera que Estados Unidos crezca apenas un 1,5% en 2026, frente al 1,8% de 2025, mientras que China desaceleraría del 5% al 4,6%, un nivel marcadamente inferior al promedio del 6,7% previo a la pandemia.
El informe destaca asimismo las transformaciones estructurales que están redibujando el mapa del comercio global. Casi dos tercios del intercambio mundial de bienes ocurre dentro de cadenas de valor globales, y su reconfiguración está generando nuevos centros y rutas. Las empresas están diversificando proveedores, acercando la producción a los mercados de consumo y buscando integración vertical para asegurar insumos críticos. La automatización y la inteligencia artificial, por su parte, erosionan las ventajas comparativas basadas en el costo de la mano de obra, alterando la geografía industrial a una velocidad sin precedentes.
Para el Sur Global, el balance es ambivalente. Las economías en desarrollo en su conjunto crecerán un 4,3% en 2026, a una tasa superior a la de las economías avanzadas, y el mundo en desarrollo genera ya más del 40% del producto mundial, casi la mitad del comercio global de mercancías y más de la mitad de los flujos de inversión entrantes. Sin embargo, esas mismas economías concentran apenas el 25% del valor de los mercados financieros globales, lo que las deja expuestas a las turbulencias externas con herramientas de amortiguación limitadas.
En un contexto donde los conflictos armados han alcanzado niveles históricos y las rutas marítimas estratégicas están bajo presión, la estabilidad que el sistema de comercio internacional dio por garantizada durante décadas se ha vuelto un bien escaso.

