Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunció este martes su retiro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), poniendo fin a una membresía de casi 60 años. La decisión, que se hará efectiva en mayo, marca un punto de quiebre en la historia del cartel y abre interrogantes sobre la viabilidad de la alianza en el mediano plazo.
El ministro de Energía emiratí justificó el paso con un argumento estratégico: liberarse de las cuotas de producción impuestas por el grupo le permitirá al país responder con mayor agilidad a la creciente demanda global de energía, capitalizar las inversiones realizadas para expandir su capacidad productiva y tomar decisiones con autonomía.
EAU era, al momento del anuncio, el tercer mayor productor de petróleo crudo dentro de la OPEP, con una extracción de aproximadamente 3,4 millones de barriles diarios en febrero de este año, previo al inicio del conflicto en Irán. Arabia Saudita, el líder de facto del bloque, producía en ese período 10,1 millones de barriles. Con la salida emiratí, la OPEP queda reducida a 11 miembros activos. El país también abandona la alianza ampliada conocida como OPEP+, que incluye a otros 10 productores no pertenecientes al bloque original.
La decisión fue calificada por analistas como un golpe de alto impacto para la cohesión del cartel. Saul Kavonic, jefe de investigación energética de MST Financial, afirmó que el retiro representa el principio del fin de la alianza. Según su análisis, la OPEP pierde cerca del 15% de su capacidad productiva y a uno de sus miembros históricamente más disciplinados en el cumplimiento de los acuerdos internos.
Carole Nakhle, directora ejecutiva de Crystol Energy y secretaria general del Club Árabe de la Energía, señaló que esta ruptura venía gestándose desde hace tiempo. Abu Dabi llevaba años buscando ampliar su producción de manera agresiva, pero se encontraba sistemáticamente limitada por las cuotas grupales y por el incumplimiento reiterado de otros miembros. A eso se suma la incomodidad generada por las acciones de Irán dentro del bloque, que habría reforzado la decisión final.
El momento del anuncio no es menor. Se produce en un contexto de extrema tensión en los mercados energéticos globales, con el Banco Mundial advirtiendo que la guerra en Oriente Medio ha provocado la mayor interrupción del suministro petrolero registrada en la historia reciente. Las proyecciones del organismo estiman un aumento promedio del 25% en los precios de la energía durante el presente año, mientras que el restablecimiento del tráfico marítimo a través del estratégico estrecho de Ormuz podría demorar hasta seis meses.
En ese escenario, la salida de EAU no generará efectos inmediatos en el suministro, dado que el estrecho permanece cerrado. Sin embargo, su impacto a largo plazo podría ser considerable. David Oxley, economista jefe de Capital Economics especializado en clima y materias primas, señaló que la medida podría derivar en precios más bajos del crudo en el futuro, aunque también en una mayor volatilidad del mercado. El riesgo más significativo, agregó, no radica en la salida emiratí en sí, sino en el efecto dominó que podría desencadenar: si otros miembros deciden seguir el mismo camino, o si Arabia Saudita y Rusia optan por incrementar su producción unilateralmente, la arquitectura que sostiene el cartel podría colapsar.
Desde Washington, la noticia fue recibida con satisfacción. La ruptura representa un triunfo para el presidente Donald Trump, quien ha criticado públicamente a la OPEP en múltiples ocasiones, acusándola de manipular los precios en perjuicio del resto del mundo.
Para Arabia Saudita, el desafío que se avecina es de otra escala. Según Kavonic, Riad tendrá que asumir prácticamente en soledad la carga de sostener la disciplina interna del bloque y gestionar la estabilidad del mercado, una tarea que se vuelve exponencialmente más difícil sin el respaldo de uno de sus aliados más confiables.

