El sector hortofrutícola español atraviesa una transformación silenciosa en la forma en que genera sus ingresos externos. Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones de frutas y hortalizas frescas alcanzaron los 10.106 millones de euros, un 6,8% más que en el mismo periodo de 2025, mientras el volumen despachado retrocedió un 1,6%, hasta las 5,56 millones de toneladas. La combinación no es casual: revela un sector que exporta menos kilos pero a mejor precio, en un contexto de mayor selectividad de mercados y de productos con mayor valor unitario.
La Unión Europea, un mercado cada vez más rentable
La Unión Europea continúa siendo el destino excluyente de la oferta española, con el 83,5% del volumen y el 82% del valor total exportado. Entre enero y mayo, las ventas al bloque comunitario sumaron 4,64 millones de toneladas —un 1,4% menos que un año atrás— pero generaron 8.290 millones de euros, un 7,7% más. Si se suma el resto de Europa no comunitaria (Reino Unido, Suiza, Noruega y mercados vecinos), el continente en su conjunto concentró el 97,6% del volumen exportado y el 98% de la facturación, con 9.939 millones de euros. La cifra confirma que, más allá de las políticas de diversificación que impulsa el sector, la rentabilidad del negocio hortofrutícola español sigue sucediéndose casi por completo dentro de las fronteras europeas.
Lechuga, pimiento y pepino, los productos que sostienen el volumen
Por productos, la lechuga se mantuvo como la hortaliza más exportada, con 453.039 toneladas y un crecimiento del 3%, seguida del pimiento (415.037 toneladas, estable) y el pepino (363.742 toneladas, +1%). El tomate, en cambio, retrocedió un 3% en volumen, hasta las 346.622 toneladas. En frutas, la naranja siguió liderando los envíos pese a una caída del 10% en volumen, mientras que el aguacate sumó 88.885 toneladas (+1%) y el arándano cerró los cinco meses con un descenso del 5%, en 72.355 toneladas. En términos de facturación, el pimiento fue el producto que más ingresos generó, con 1.057 millones de euros, por delante del tomate, con 719 millones, lo que confirma que ambos cultivos combinan volumen relevante con un precio de exportación particularmente sólido.
Terceros mercados: más valor, pero avance limitado
Fuera de la Unión Europea, el comportamiento fue heterogéneo. El conjunto de mercados extracomunitarios recibió 918.863 toneladas, un 2,5% menos que en 2025, pero por un valor de 1.816 millones de euros, un 2,9% superior. Dentro de ese grupo, los países europeos no comunitarios importaron 787.270 toneladas (-5%) por 1.649 millones de euros (+3%), mientras que los mercados no europeos —todavía marginales en el total, pero con la mayor dinámica relativa— crecieron un 16,3% en volumen, hasta las 131.593 toneladas, y un 2% en valor, hasta los 167 millones de euros.
Desde FEPEX se insiste en que esa dificultad para ganar terreno fuera de Europa no responde a falta de demanda, sino a barreras estructurales: exigencias fitosanitarias específicas de cada país de destino, protocolos de acceso que pueden demorar años en negociarse, y costos logísticos que penalizan especialmente a un producto perecedero como la fruta y la hortaliza fresca. Mientras esas barreras no se resuelvan, la diversificación geográfica seguirá creciendo en términos porcentuales, pero desde una base todavía muy pequeña frente al peso del mercado comunitario.
Un superávit sectorial que se sostiene
El contraste entre exportaciones e importaciones vuelve a jugar a favor de España: en el mismo periodo, las compras de frutas y hortalizas frescas al exterior sumaron 2,2 millones de toneladas por 2.656 millones de euros, muy por debajo de los 10.106 millones exportados. El resultado es un superávit comercial hortofrutícola cercano a los 7.450 millones de euros en los primeros cinco meses del año, una posición que reafirma al sector como uno de los pilares del comercio exterior agroalimentario español, incluso en un año en el que los volúmenes físicos dejaron de crecer.

