Durante años, la carta de crédito fue relegada al museo de las antigüedades financieras. La digitalización del comercio, la consolidación de cadenas de valor globales y la confianza entre contrapartes consolidadas habían reducido su protagonismo a operaciones puntuales, de nicho o de alto riesgo. Sin embargo, en los últimos meses, dos de los bancos más influyentes del mundo en financiación del comercio —HSBC y Citi— han registrado un aumento significativo en la demanda de este instrumento, desafiando la tendencia de declive que lo caracterizó durante la última década.
La señal es clara: cuando el mundo se vuelve impredecible, los operadores del comercio internacional buscan certeza. Y pocas herramientas ofrecen tanta certeza como una carta de crédito.
Un instrumento de siglos con vigencia renovada
Las cartas de crédito —o Letters of Credit (LC) en la terminología anglosajona— son documentos emitidos por un banco que garantiza el pago a un exportador, siempre que se cumplan determinadas condiciones documentadas. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando las casas de banca florentinas y venecianas las utilizaban para financiar el comercio de especias y telas a lo largo de las rutas mediterráneas. Codificadas hoy bajo el estándar UCP 600 de la Cámara de Comercio Internacional, se mantienen como uno de los pilares del comercio documentario global.
La lógica es simple pero poderosa: el exportador no depende de la confianza en el importador, sino de la solidez del banco emisor. El importador, a su vez, tiene la certeza de que el pago sólo se realizará cuando los documentos que acrediten el embarque de la mercadería estén en regla. En un mundo donde las disputas comerciales, las sanciones y los defaults soberanos forman parte del paisaje cotidiano, esa arquitectura de garantías mutuas recupera todo su sentido.
El contexto que explica el giro
El renacimiento del instrumento no es casual. Responde a una confluencia de factores que, en conjunto, han erosionado la confianza entre contrapartes comerciales y encarecido el costo de la incertidumbre.
En primer lugar, la política arancelaria de Estados Unidos bajo la administración Trump —denominada «Liberation Day» en su versión más agresiva de 2025— generó una ola de volatilidad sin precedentes en las cadenas de suministro globales.
En segundo lugar, los conflictos geopolíticos —desde la guerra en Ucrania hasta las tensiones en el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz— han alterado las rutas logísticas y elevado el riesgo de contraparte en mercados emergentes.
En tercer lugar, el crecimiento del comercio en mercados emergentes de Asia, África y América Latina —donde la confianza institucional entre contrapartes no siempre está consolidada— ha ampliado el universo de operaciones donde las LCs resultan indispensables.
HSBC y Citi: las grandes bancas toman nota
Ambas instituciones son actores centrales en la financiación del comercio global, con redes que cubren desde los puertos del sudeste asiático hasta los corredores comerciales de América del Sur.
Históricamente, ambos bancos han sido pioneros en la digitalización del instrumento. Citi India adoptó cartas de crédito basadas en blockchain en 2023, mientras que HSBC ha desarrollado plataformas de comercio documentario que reducen los tiempos de procesamiento de días a horas. Que estas instituciones, comprometidas con la modernización del trade finance, reporten un alza en la demanda del formato tradicional, subraya que el retorno no es una nostalgia sino una respuesta racional al entorno.
La narrativa dominante de los últimos años en el sector del trade finance giraba en torno a la «muerte» de las cartas de crédito: el auge del open account —pago diferido sin documentación—, la proliferación de plataformas de financiación de cadena de suministro y la digitalización acelerada parecían condenar al instrumento a la marginalidad.
Sin embargo, en tiempos de incertidumbre, las exportaciones respaldadas por cartas de crédito muestran mayor resiliencia que aquellas basadas en relaciones de confianza no documentadas. Un estudio del Centro para la Investigación de Política Económica (CEPR) que analizó el comercio de EEUU y la Unión Europea durante la crisis financiera global y la pandemia de Covid-19 encontró que los productos con mayor penetración de LCs sostuvieron mejor sus volúmenes de exportación en los momentos de mayor disrupción.
La conclusión es incómoda pero elocuente: la carta de crédito es un instrumento contracíclico. Prospera cuando el mundo deja de funcionar con fluidez.

