Chile, Perú, Colombia y México llegaron a 2026 con una agenda común más ambiciosa que en cualquier etapa anterior de la Alianza del Pacífico. El bloque, que ya representa el 41% del producto interno bruto de América Latina y el Caribe y capta el 38% de la inversión extranjera directa de la región, avanza en una nueva fase que va más allá de la reducción arancelaria: busca consolidarse como un ecosistema económico integrado con proyección directa hacia Asia-Pacífico.
El pilar más visible de esa transformación es la digitalización del comercio. Entre las metas para este año figura la interoperabilidad de las ventanillas únicas de comercio exterior de los cuatro países, la implementación de certificados de origen en formato digital y la armonización regulatoria para el comercio electrónico. Se trata de cambios con efectos prácticos inmediatos: un exportador colombiano que vende a clientes en Santiago o Lima enfrentará menos fricciones administrativas y mayor seguridad jurídica en sus operaciones en línea, en un mercado regional de comercio electrónico que según Americas Market Intelligence superará los cien mil millones de dólares.
La agenda ambiental gana terreno con igual fuerza. Europa y América del Norte han endurecido sus exigencias de sostenibilidad y trazabilidad para los productos que importan, y la Alianza trabaja para que sus miembros respondan a esa demanda desde una posición de ventaja. Hacia 2026 se espera un impulso significativo para desarrollar cadenas de valor regionales que cumplan con estándares ambientales y sociales elevados. Productos como el café orgánico peruano, las flores colombianas con certificación de comercio justo o los productos del mar chilenos con sello de pesca sostenible son los que mejor posicionados están para aprovechar esa tendencia tanto dentro como fuera del bloque.
En materia arancelaria, el avance es igualmente notable. El 98% de las líneas arancelarias entre los cuatro países ya se encuentran liberadas, y para este año se espera alcanzar la desgravación prácticamente total. El ejemplo es concreto: un exportador peruano de espárragos puede competir hoy en el mercado mexicano en condiciones similares a las de un productor local, eliminando aranceles que en el pasado representaban hasta el 20% del valor del producto. El acceso a esos beneficios, sin embargo, requiere una correcta presentación del certificado de origen; un error en ese documento puede implicar la pérdida completa de la ventaja arancelaria.
La movilidad de personas completa el cuadro. La Plataforma de Movilidad Estudiantil y Académica de la Alianza ha otorgado más de tres mil becas desde su creación y seguirá creciendo. Para los sectores empresariales, eso se traduce en mayor disponibilidad de talento con formación regional, lo que facilita tanto la expansión de operaciones como la conformación de equipos con conocimiento de los distintos mercados del bloque.
El concepto de nearshoring dentro de la propia Alianza aparece como una de las estrategias más prometedoras para las empresas que buscan optimizar sus cadenas de suministro. En lugar de depender de proveedores asiáticos, una empresa mexicana puede ensamblar productos con componentes fabricados en Chile, reducir costos logísticos y tiempos de entrega, y comercializar el resultado final en Perú y Colombia sin aranceles. Esa lógica de integración productiva regional es, precisamente, el tipo de encadenamiento que la Alianza del Pacífico busca estimular como base de su competitividad de largo plazo.

