La cumbre del Mercosur en Luque, Paraguay, puso sobre la mesa una agenda económica con varios frentes abiertos en simultáneo: la reducción de aranceles automotrices, el impulso a las energías renovables, la facilitación del comercio intrarregional y el avance de nuevos acuerdos comerciales extrarregionales. La discusión se da en un momento clave para el bloque, que en los últimos meses aceleró como nunca antes la firma de tratados con terceros países.
Una demanda histórica de Uruguay y Paraguay
La reducción de aranceles en el sector automotriz es uno de los reclamos más antiguos dentro del bloque. Uruguay y Paraguay vienen presionando desde hace años por un acceso más competitivo a los mercados de Brasil y Argentina, que concentran la producción regional de vehículos y autopartes. Un eventual acuerdo en ese sentido podría dinamizar tanto el comercio como la inversión en uno de los sectores industriales más sensibles de la región, aunque se trata también de uno de los puntos donde las asimetrías entre los socios del bloque son más marcadas.
La apuesta por la energía renovable
El segundo gran eje de la agenda económica es la cooperación energética. El Mercosur cuenta con un potencial significativo en energía hidroeléctrica, solar y eólica, y la profundización de ese vínculo podría reducir la dependencia regional de los combustibles fósiles al tiempo que abre nuevas oportunidades de negocio. Se espera que los presidentes avancen en mecanismos concretos para fomentar la inversión conjunta y una mayor integración de los mercados energéticos del bloque, un objetivo que viene siendo postergado en sucesivas cumbres.
La carrera por nuevos mercados: Canadá, Emiratos Árabes y la EFTA
En materia de comercio exterior, el Mercosur transita las etapas finales de negociación de sendos tratados con Canadá y con Emiratos Árabes Unidos, según confirmaron tanto el canciller uruguayo, Mario Lubetkin, como la vicecanciller Valeria Csukasi en la previa de la cumbre. Estos acuerdos se suman al pacto ya alcanzado con la Unión Europea como parte de una estrategia de apertura hacia nuevos socios, con la que el bloque busca diversificar sus mercados de destino y reducir su histórica dependencia de un puñado de socios tradicionales.
El tratado con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) —que reúne a Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein— también avanza en su proceso de implementación, aunque el rechazo del Parlamento suizo introdujo un manto de incertidumbre sobre su entrada en vigor plena. Pese a ese traspié puntual, funcionarios uruguayos describen el efecto del acuerdo con la UE y la EFTA como un “efecto dominó” que podría destrabar otras negociaciones en danza, entre ellas la profundización del tratado con India, el eventual inicio de conversaciones formales con Vietnam y el avance de un acuerdo con Japón.
Menos burocracia en las fronteras
La facilitación del comercio intrarregional es otro de los objetivos centrales de la cumbre. La reducción de la burocracia en los pasos fronterizos y el fortalecimiento de la integración física y digital del bloque buscan agilizar el intercambio comercial y bajar los costos logísticos que todavía encarecen el comercio entre los socios. En ese marco, la implementación de tecnologías digitales para la gestión aduanera y el reconocimiento mutuo de documentos electrónicos aparecen como pasos concretos en esa dirección, de la mano de iniciativas como la aproximación del sistema brasileño GOV.BR a los mecanismos digitales del resto de los países del bloque.
El nudo pendiente: las cuotas del acuerdo con la UE
En el plano agroindustrial, el acuerdo con la Unión Europea abre nuevas oportunidades para los productores del Mercosur, en particular en carnes, azúcar y arroz. Sin embargo, la falta de consenso entre los cuatro socios sudamericanos sobre cómo repartirse internamente los contingentes arancelarios pactados con Bruselas —cuya parte comercial entró en vigor el 1° de mayo— sigue generando tensiones puertas adentro del bloque.
Resolver ese reparto es, para buena parte de la delegación uruguaya que asume ahora la presidencia pro tempore del bloque, uno de los puntos más urgentes de la cumbre: de no destrabarse en Luque, el tema deberá retomarse durante el semestre que Uruguay conducirá el Mercosur. La resolución de ese conflicto no solo es clave para que el sector agropecuario aproveche plenamente las ventajas del acuerdo, sino también para que el bloque pueda mostrar una imagen de cohesión interna frente a sus nuevos socios comerciales.

