Desde principios de este siglo, China ha desplegado una estrategia sistemática de inversión en infraestructura a lo largo de Centroamérica y el Caribe. Carreteras, puentes, puertos y centros de convenciones financiados por Pekín han transformado el paisaje urbano y logístico de varios países de la región. Pero entre todos los receptores de esa inversión, hay uno que concentra la mayor cantidad de megaproyectos y el volumen más alto de financiamiento: Jamaica.
El dato llama la atención porque Jamaica no suele figurar en los primeros planos del análisis geopolítico latinoamericano. Es un país pequeño, anglófono, que usa el dólar en gran parte de sus transacciones y que geográficamente pertenece al Caribe antes que a Centroamérica en sentido estricto. Sin embargo, es precisamente allí donde la presencia china alcanzó sus niveles más altos en la región.
Más de 13 proyectos de envergadura —tramos de autopistas, puentes, un puerto en la costa sur de la isla— fueron ejecutados con fondos provenientes de China en las últimas dos décadas. En total, el gobierno chino facilitó más de 2.100 millones de dólares en préstamos para financiar esa infraestructura. Las empresas chinas también se involucraron en sectores productivos clave de la economía jamaicana, como la minería de bauxita y la industria azucarera.
La relación bilateral entre ambos países tiene raíces más antiguas que la diplomacia contemporánea. Desde mediados del siglo XIX, trabajadores chinos llegaron a Jamaica como mano de obra contratada. Con el tiempo se integraron a la sociedad local y construyeron una presencia comercial que persiste hasta hoy. Esa historia compartida facilita, en parte, la profundidad de los vínculos actuales.
Para China, Jamaica es un nodo estratégico en una región que le interesa por razones logísticas y de influencia global. El Caribe es una zona de paso para rutas marítimas de primer orden, y desarrollar infraestructura portuaria y vial en la isla refuerza la capacidad de proyección del gigante asiático en el Atlántico occidental. La inversión en Jamaica se inscribe en la misma lógica que guía los proyectos chinos en África, el sudeste asiático y otras partes de América Latina: infraestructura a cambio de presencia, acceso y deuda.
Esa lógica no está exenta de tensiones. Las críticas sobre la dependencia financiera que generan estos préstamos son recurrentes en Jamaica y en otros países receptores. Los términos de los contratos, la opacidad de algunas negociaciones y la pregunta sobre qué activos o condiciones respaldan los créditos chinos son temas que generan debate en la sociedad jamaicana y entre observadores internacionales.
Lo que no está en discusión es la escala de lo construido. Las autopistas financiadas por China redujeron tiempos de traslado significativos entre puntos clave de la isla. El puerto en desarrollo en la zona sur promete ampliar la capacidad logística del país. Y la relación con Pekín, que se extiende también al ámbito tecnológico y comercial, seguirá siendo uno de los ejes centrales de la política exterior jamaicana en los próximos años.

