Intel firmó un acuerdo definitivo para adquirir Classiq, la compañía con sede en Tel Aviv especializada en software para computación cuántica. Aunque la empresa estadounidense no divulgó el precio, la operación fue valuada en unos 2.300 millones de dólares en efectivo y acciones, lo que la convierte en la mayor adquisición registrada hasta ahora en la industria cuántica: más que duplica el récord anterior, los cerca de 1.080 millones de dólares que IonQ pagó en 2025 por la británica Oxford Ionics.
Como Classiq tiene alrededor de 100 millones de dólares en caja, el desembolso neto para Intel rondaría los 2.200 millones de dólares. La transacción requiere las aprobaciones regulatorias habituales y su cierre se prevé para el primer semestre de 2027; mientras tanto, ambas compañías seguirán operando de forma independiente. Tras la integración, Classiq pasará a funcionar como el centro global de desarrollo cuántico de Intel.
El software que traduce problemas en circuitos cuánticos
Classiq no fabrica computadoras cuánticas. Su negocio es la capa de software que permite programarlas: una plataforma que automatiza la síntesis de algoritmos cuánticos y combina un lenguaje de modelado de alto nivel, herramientas de automatización de diseño y agentes de inteligencia artificial. El enfoque es comparable al que tuvieron las herramientas de diseño electrónico en la industria de chips convencionales, que liberaron a los ingenieros de dibujar cada transistor a mano.
Su principal ventaja competitiva es la independencia del hardware. Hoy conviven varias tecnologías para construir qubits —iones atrapados, circuitos superconductores, fotones o espines en silicio— y la plataforma puede ejecutarse sobre todas ellas. En ese terreno compite de manera directa con Qiskit, el entorno de programación impulsado por IBM. Entre sus clientes figuran BMW, Rolls-Royce, HSBC y Citi, y más de 600 instituciones académicas, como laboratorios del MIT y del University College London, utilizan sus herramientas. Sus ingresos anuales se ubican todavía por debajo de los 100 millones de dólares.
Un precio que triplica la última valuación
La compañía fue fundada en 2020 por Nir Minerbi, actual director ejecutivo; Amir Naveh, a cargo de producto, y su padre, Yehuda Naveh, director de tecnología y exdirectivo del centro de investigación de IBM en Israel. Minerbi y Amir Naveh se formaron en Talpiot, el programa tecnológico de élite de las Fuerzas de Defensa de Israel. Hasta hace poco, la empresa evaluaba salir a cotizar en Wall Street mediante una fusión con una compañía de adquisición de propósito específico (SPAC).
Con unos 150 empleados y cerca de 200 millones de dólares recaudados desde su creación, Classiq había sido valuada entre 600 y 700 millones de dólares en su última ronda privada, en 2025: el precio pactado multiplica esa cifra por más de tres. Entre sus principales accionistas figuran los fondos Entrée Capital y Team8 y la aseguradora israelí Phoenix, que habría invertido unos 15 millones de dólares entre 2022 y 2025 y recibiría alrededor de diez veces esa suma. Los empleados controlan cerca del 10% del capital, e Intel reservó además más de 100 millones de dólares en incentivos para retener al equipo.
La pieza que completa la estrategia de Intel
Intel investiga en computación cuántica desde 2015 con una apuesta propia: qubits de espín en silicio, fabricados con los mismos procesos de litografía que sus chips convencionales, junto con electrónica de control criogénico. En 2023 puso a disposición de laboratorios de investigación Tunnel Falls, un chip de 12 qubits producido en obleas de 300 milímetros. Con Classiq suma la capa de software que le faltaba y, según el director ejecutivo Lip-Bu Tan, transforma su Grupo de Computación Cuántica en un negocio integral. Tras el cierre, la compañía incorporará procesadores cuánticos (QPU) a su cartera de CPU, GPU y ASIC, y se comprometió a mantener la plataforma abierta a equipos de otros fabricantes.
La operación llega en medio de un proceso de reestructuración. Intel registró pérdidas por unos 11.000 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026 y, bajo la conducción de Tan, recortó costos, redujo planes de expansión y se desprendió de activos como la mayoría de su negocio de chips programables Altera. La compra de Classiq marca, en ese contexto, una apuesta selectiva por un mercado que algunas proyecciones ubican en hasta 20.000 millones de dólares en los próximos años. Tan había invertido a título personal en Classiq en 2022, antes de asumir en Intel, y según fuentes cercanas a la startup se excusó de participar en la negociación.
Israel consolida su ecosistema cuántico
Se trata de la segunda mayor adquisición de Intel en Israel, detrás de Mobileye (15.300 millones de dólares en 2017), y por encima de Habana Labs (unos 2.000 millones de dólares en 2019) y Moovit (cerca de 1.000 millones de dólares en 2020). También es la primera compra cuántica de envergadura de un gigante tecnológico estadounidense. El sector cuántico israelí pasó de unas cinco empresas en 2019 a más de 20 en 2025, con alrededor de 1.000 empleados y más de 1.000 millones de dólares captados, y el país figura entre los primeros del mundo en inversión de capital de riesgo en esta tecnología.
Persisten, sin embargo, dos interrogantes. Por un lado, Intel tuvo resultados dispares al integrar compras israelíes anteriores, como Habana Labs o Granulate, finalmente cerrada. Por otro, la computación cuántica todavía no supera a las supercomputadoras clásicas en aplicaciones prácticas, y los especialistas difieren sobre si ese umbral llegará en 2027 o hacia 2030. La apuesta de Intel es estar posicionada con hardware y software propios cuando ese momento llegue.


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