Estados Unidos vuelve a escalar la guerra comercial con Canadá con aranceles del 50%

Washington invocó una norma de casi un siglo de antigüedad para gravar decenas de productos canadienses, en represalia por lo que califica como "trato discriminatorio" hacia las exportaciones estadounidenses.
Estados Unidos aranceles del 50% a Canadá
Estados Unidos aranceles del 50% a Canadá

El presidente Donald Trump firmó tres proclamas para imponer aranceles del 50% sobre un amplio abanico de bienes canadienses, apoyándose en la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una herramienta legal centenaria que nunca antes había sido utilizada con este propósito. La norma habilita al Poder Ejecutivo a fijar gravámenes de hasta 50% sobre las importaciones provenientes de países que, a su criterio, discriminan al comercio estadounidense.

Según funcionarios de la Casa Blanca, la medida busca compensar el perjuicio que Canadá impone al comercio de Estados Unidos a través de un sistema lácteo calificado como «proteccionista», además de aranceles y cupos que afectan a los autos estadounidenses que ingresan al mercado canadiense. La administración también señaló una caída en las importaciones canadienses de vehículos de origen estadounidense desde que Ottawa respondió a los aranceles automotrices previos de Washington.

Del vino a los palos de hockey

El nuevo esquema alcanza a una lista heterogénea de productos que incluye vino, palos de hockey, cemento, automóviles, bebidas alcohólicas y lácteos, entre otros rubros detallados en una ficha técnica difundida por la Casa Blanca. Los aranceles entrarán en vigencia el 19 de agosto y se aplicarán con independencia de que los bienes califiquen o no bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que profundiza la ruptura con el marco de libre comercio regional.

Quedan exceptuados de la medida la energía, el pescado, los minerales críticos y los productos ya alcanzados por los aranceles previos de la Sección 232. La exclusión energética resulta significativa: el rubro constituye la principal fuente del déficit comercial de bienes que Estados Unidos mantiene con su vecino del norte.

Un trasfondo de tensión creciente

El anuncio llega apenas días después de que Trump responsabilizara a Canadá por el humo de los incendios forestales que llegó a territorio estadounidense, y amenazara con sumar el «costo incalculable» de esa contaminación a los aranceles ya vigentes. El mandatario planteó el reclamo directamente al primer ministro Mark Carney durante un encuentro en la final del Mundial disputada el domingo en Nueva Jersey.

La relación bilateral viene deteriorándose desde octubre del año pasado, cuando Trump interrumpió abruptamente las negociaciones luego de que la provincia de Ontario difundiera en Estados Unidos una publicidad crítica de los aranceles. Las conversaciones se retomaron esta primavera boreal, aunque sin avances sustantivos hasta el momento. A comienzos de este mes, Washington ya había optado por no renovar el T-MEC, lo que abrió un período de revisiones anuales que se extenderá por una década; hasta ahora, Estados Unidos inició conversaciones de revisión con México pero no con Canadá.

Reacciones y riesgo de represalia

El premier de Ontario, Doug Ford, reclamó públicamente que Canadá responda «arancel por arancel, dólar por dólar» si la medida estadounidense avanza, en una señal de la presión política interna que enfrenta el gobierno de Carney para endurecer su postura. La embajada canadiense en Washington no respondió de inmediato a los pedidos de comentario de la prensa estadounidense.

Especialistas en comercio bilateral recuerdan que Canadá ya atravesó un escenario similar durante la primera administración Trump, en la recta final de las negociaciones que derivaron en el propio T-MEC, cuando Washington también recurrió a la presión arancelaria como herramienta de último momento. El uso ahora de la Sección 338 —inédito para este fin— abre además un interrogante legal: fuentes consultadas por medios canadienses no descartan que la medida sea judicializada.

Qué puede venir ahora

El plazo hasta la entrada en vigencia, el 19 de agosto, deja una ventana breve pero no menor para eventuales negociaciones de último momento, un patrón que ya se repitió en rondas anteriores de la disputa bilateral. Sin embargo, la falta de avances desde la ruptura de octubre y la ausencia de conversaciones formales de revisión del T-MEC con Ottawa —a diferencia de lo que ocurre con México— sugieren que el margen para destrabar la tensión antes de esa fecha es limitado.

Para la política canadiense, la presión de dirigentes provinciales como Doug Ford anticipa un debate interno sobre si Ottawa debe optar por una respuesta espejo —arancel por arancel— o priorizar una salida negociada que evite una escalada de mayor alcance en la relación económica bilateral, una de las más integradas del mundo.

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