Estados Unidos sostiene su liderazgo inversor en América Latina

Un relevamiento del Atlantic Council concluye que ningún otro país iguala la escala, la amplitud y la persistencia del capital privado estadounidense en la región. Sin embargo, sus flujos cayeron en 2025 y la inversión china se triplicó desde el año 2020.
Inversiones EEUU en Latam
Inversiones EEUU en Latam

Pese a la creciente presencia china, Estados Unidos continúa siendo el principal inversor extranjero en América Latina y el Caribe en todos los indicadores que importan. Esa es la conclusión central de un estudio del centro de análisis Atlantic Council, elaborado por el economista y exsecretario de Hacienda de México José Antonio González Anaya junto a Martin Cassinelli, que reconstruye dos décadas de proyectos de inversión extranjera directa (IED) de nueva creación, conocidos como greenfield.

Según el informe, las empresas estadounidenses comprometieron en promedio unos 28.700 millones de dólares anuales en ese tipo de proyectos entre 2003 y 2025, con foco en energía, infraestructura digital, manufactura y servicios. El ritmo se aceleró en el último lustro, hasta unos 32.900 millones de dólares por año entre 2020 y 2025, con picos de 46.900 millones de dólares en 2022 y 43.200 millones de dólares en 2024. En comparación, la IED china en la región, que no superaba los 1.500 millones de dólares anuales en la primera década del siglo, alcanzó los 13.100 millones de dólares en 2024.

Calidad antes que volumen

El estudio pone el acento en el tipo de capital que llega. Cada 1.000 millones de dólares de IED greenfield estadounidense generó, en promedio, unos 3.091 puestos de trabajo entre 2016 y 2025: 65% más que la inversión china y 22% más que la europea, lo que la convierte en el capital con mayor capacidad de creación de empleo disponible para la región. La explicación está en la composición sectorial: la manufactura y los servicios concentran más del 80% de los empleos asociados a inversiones estadounidenses, aunque representan solo el 62% del capital invertido.

El diferencial también se observa en innovación. Estados Unidos destinó cerca del 2,5% de su inversión regional a investigación y desarrollo, el doble que la Unión Europea y casi cuatro veces la proporción de China. En energía, el rubro de mayor peso, el promedio anual de 2020 a 2024 rondó los 12.600 millones de dólares, con un máximo de 18.900 millones de dólares en 2024.

Una inversión concentrada en tres países

El liderazgo estadounidense, sin embargo, está lejos de ser homogéneo. México y Brasil absorbieron el 63% de la IED greenfield de ese origen desde 2003 y, con Guyana y su boom petrolero, el conjunto se acerca al 70%. Medida en relación con el tamaño de cada economía, la intensidad la encabeza Costa Rica, con cerca del 1% de su PIB, seguida por México. El informe presenta al caso costarricense, apoyado en los dispositivos médicos, como un modelo replicable de atracción deliberada de capital. En el extremo opuesto, Perú, Chile y Argentina vieron caer el peso relativo de la inversión estadounidense, y Centroamérica sigue subatendida.

Señales de alerta en 2025

Los datos más recientes matizan el diagnóstico. La IED greenfield estadounidense cayó a 19.300 millones de dólares en 2025, un retroceso que los autores atribuyen en parte a la incertidumbre arancelaria. En paralelo, la inversión anunciada por China trepó a unos 46.000 millones de dólares, aunque la cifra está distorsionada por un solo proyecto: un centro de datos de ByteDance en Brasil valuado en 40.000 millones de dólares. Más allá de ese caso, el gigante asiático triplicó su IED greenfield desde 2020 y ya alcanzó la paridad con Estados Unidos en el sector automotor, mientras que en transporte y logística llegó a superarlo, con el puerto peruano de Chancay como emblema.

El informe anual de la CEPAL, publicado en junio, confirma la tendencia. La región recibió en 2025 IED por 194.233 millones de dólares, apenas 1,7% más que el año previo. Estados Unidos explicó el 35% del total, pero sus flujos se contrajeron 11%, mientras que los de origen europeo, que ya representan el 32%, crecieron. Brasil captó el 40% de la inversión y México el 22%.

Minerales críticos: la brecha más visible

El punto más débil de la presencia estadounidense, y a la vez su oportunidad más clara según el estudio, está en la minería. Entre 2020 y 2024, la inversión de Estados Unidos en nuevos proyectos mineros promedió apenas 200 millones de dólares anuales, y en ningún año superó los 500 millones de dólares. 

China invirtió en el mismo período unas veinte veces más, en una región que concentra algunas de las mayores reservas mundiales de litio, cobre y níquel.

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