El proteccionismo nos empobrece a todos cuando el mundo se sacude

En momentos de shock global, cerrar las fronteras comerciales no protege a los mercados domésticos: los encarece, los fragmenta y los vuelve más vulnerables.
11/05/2026
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El proteccionismo nos empobrece
El proteccionismo nos empobrece

Cada vez que el mundo enfrenta un shock severo, ya sea una pandemia, un conflicto armado o una crisis financiera, resurge con fuerza la misma tentación política: cerrar las fronteras, restringir las exportaciones, subsidiar la producción local y proteger el mercado doméstico de los vaivenes externos. Es una respuesta comprensible. Y casi siempre contraproducente.

Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), advierte que las medidas proteccionistas adoptadas durante periodos de inestabilidad global no solo no amortiguan los efectos de los shocks, sino que tienden a amplificarlos. Cuando varios países actúan de manera simultánea para aislar sus mercados, el resultado acumulado es un incremento de precios, una mayor volatilidad y una reducción del acceso a bienes esenciales para las economías más vulnerables.

La trampa de la autosuficiencia

El argumento proteccionista descansa sobre una premisa atractiva: si producimos todo localmente, no dependemos de nadie. Pero esta lógica ignora la estructura real de los mercados modernos. Las cadenas de valor son globales por razones de eficiencia, especialización y escala. Desarmárlas no es gratis: implica costos de reconversión, pérdida de competitividad y, en el corto plazo, precisamente el encarecimiento de los productos que se pretende proteger.

El efecto dominó del cierre unilateral

Uno de los argumentos más sólidos del análisis de Okonjo-Iweala apunta al carácter sistémico del problema: cuando un país grande adopta medidas proteccionistas en respuesta a un shock, otros países sienten el impacto y se ven presionados a responder con medidas similares. Se desencadena así un ciclo de represalias y retaliaciones que, en conjunto, reduce el volumen global del comercio y eleva la incertidumbre para todos los actores.

Este fenómeno, conocido en economía como «empobrecer al vecino», fue una de las causas que profundizaron la Gran Depresión en la década de 1930, cuando la promulgación del arancel Smoot-Hawley en Estados Unidos desencadenó una cascada de represalias comerciales que colapsó el comercio mundial. La historia, subraya la directora de la OMC, tiene mucho que enseñar sobre los costos de repetir esos errores.

Los más vulnerables pagan el precio más alto

El impacto distributivo del proteccionismo es profundamente desigual. Los países de ingreso bajo y los mercados emergentes, muchos de ellos altamente dependientes de las importaciones de alimentos, energía y medicamentos, son los que más sufren cuando el comercio global se contrae o se encarece. La inflación importada golpea con más fuerza a las economías sin capacidad de sustitución doméstica, agravando la pobreza y la inseguridad alimentaria.

América Latina, y en particular las economías más pequeñas de la región, ilustra bien este dilema. Las restricciones comerciales aplicadas por potencias exportadoras durante shocks globales, ya sea en cereales, fertilizantes o semiconductores, se traducen directamente en costos más altos para los consumidores latinoamericanos, sin que estos países tengan herramientas de retaliación eficaces.

La alternativa: cooperación, no aislamiento

La propuesta de Okonjo-Iweala no niega la necesidad de resiliencia nacional ni la legítima preocupación por las dependencias estratégicas. Lo que cuestiona es el método: la autarquía no es la única respuesta posible a la vulnerabilidad. La diversificación de proveedores, la construcción de reservas estratégicas, los acuerdos regionales de contingencia y la cooperación multilateral son alternativas que permiten ganar seguridad sin sacrificar eficiencia.

En un contexto internacional marcado por la proliferación de tensiones geopolíticas, el repliegue hacia esquemas de seguridad nacional y el debilitamiento de las instituciones multilaterales, el análisis de la directora de la OMC llega en un momento crítico. La pregunta no es si los países deben prepararse para los shocks. Es si el cierre unilateral es realmente la mejor forma de hacerlo, o si, en última instancia, sólo traslada el costo de la inestabilidad a quienes menos pueden absorberlo.

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