Tras casi una década de negociaciones, el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) dejó de ser una promesa diplomática para convertirse en una herramienta operativa. Desde el 1° de octubre, las exportaciones brasileñas a Islandia ingresan con preferencias arancelarias, y a partir del 1° de noviembre ocurrirá lo mismo con Noruega. Suiza y Liechtenstein, en cambio, todavía tienen pendientes sus procesos internos de aprobación.
El bloque europeo es pequeño en población, con unos 15 millones de habitantes, pero de enorme peso económico: su producto conjunto ronda los 1,4 billones de dólares y sus cuatro miembros figuran entre los países de mayor ingreso por habitante del planeta. Para el Mercosur, se trata de un mercado de consumo sofisticado y de una fuente relevante de capital, en un momento en que la región busca diversificar destinos y reducir su dependencia de compradores tradicionales.
De la firma en Río a la vigencia escalonada
El acuerdo se firmó en Río de Janeiro el 16 de septiembre de 2025, después de 14 rondas de negociación iniciadas en 2017 y de un primer cierre en 2019 que luego debió reabrirse. Uruguay fue de los primeros en avanzar, con la aprobación parlamentaria completada en junio. En Suiza, el proceso podría demorarse si los opositores reúnen las 560.000 firmas necesarias para forzar un referéndum dentro de los 100 días posteriores a la ratificación legislativa.
Industria libre de aranceles, agro con cuotas
La EFTA eliminará desde el primer día la totalidad de los aranceles sobre bienes industriales y productos pesqueros. En el sector agropecuario, donde las protecciones europeas son más altas, la apertura combina rebajas arancelarias, eliminación directa en algunas posiciones y contingentes con arancel cero en otras, con condiciones que varían según el producto y el país de destino.
La carne bovina ilustra el cambio de escala. Hasta ahora, las ventas del Mercosur dependían de una cuota OMC de unas 22.000 toneladas compartida con otros proveedores y gravada con 17%. El acuerdo agrega cupos libres de arancel de 3.000 toneladas hacia Suiza y Liechtenstein y de 655 toneladas en peso carcasa hacia Noruega. A ello se suman 2.090 toneladas de miel sin arancel, un contingente de 50.000 hectolitros de vino tinto para el mercado suizo que crecerá a 55.000 en tres años, y cuotas para carne ovina, aceite de oliva, arroz, leche fluida, manteca, frutas y hortalizas.
El café tostado es otro caso concreto: hoy enfrenta aranceles de hasta 10% en Islandia y de 7% en Suiza y Liechtenstein, y el tratado fija reducciones inmediatas para buena parte de sus posiciones. La lista de oportunidades se completa con carnes aviar y porcina, maíz, harina de soja, arroz, jugos, alcohol etílico y tabaco.
Mucho más que aranceles
El tratado excede el acceso a mercados de bienes. Incluye capítulos sobre servicios, inversiones, compras públicas, propiedad intelectual, facilitación del comercio, reglas de origen y desarrollo sostenible, lo que extiende su alcance a empresas de tecnología, servicios profesionales y cadenas de producción internacionales. Incorpora, además, compromisos sobre biodiversidad, agricultura sostenible, participación de las mujeres en el comercio y protección de conocimientos tradicionales.
En el caso brasileño, la relación con el bloque está muy concentrada: Suiza y Noruega explican el 94% de las exportaciones a la EFTA y el 99% de las importaciones. Pará y Minas Gerais encabezan las ventas, mientras que San Pablo lidera las compras. Para facilitar el aprovechamiento del acuerdo, el MDIC habilitó un panel de datos que cruza las estadísticas de comercio con los aranceles vigentes y el tratamiento preferencial, con filtros por producto y por estado.
Qué cambia para el resto del bloque
Para Uruguay, las preferencias alcanzarán a cerca del 97% de lo que hoy vende a la EFTA, unos 55 millones de dólares en 2025, de los cuales el 90% correspondió a carne bovina. El país oriental también apuesta al canal de inversiones: alrededor de 45 empresas de la EFTA operan en su territorio, con unos 2.500 empleos en finanzas, farmacéutica, alimentos y energía, y Suiza figura entre sus diez principales inversores. Para Argentina y Paraguay, con perfiles exportadores centrados en carnes, granos, harinas y miel, la vigencia efectiva dependerá de la finalización de sus propios trámites de ratificación.
El Gobierno brasileño enmarca el tratado en una estrategia más amplia de diversificación, junto con el acuerdo interino con la Unión Europea, en aplicación provisional desde mayo, y el pacto con Singapur. Las reglas de origen serán decisivas para que productos con insumos de varios países del bloque califiquen para las preferencias, y podrían estimular cadenas de valor regionales.
El desafío: convertir preferencias en ventas
El acceso preferencial no garantiza por sí solo más exportaciones. Las empresas deberán identificar productos con demanda real en mercados exigentes, verificar los aranceles y cupos disponibles para cada posición, cumplir las reglas de origen y atender requisitos sanitarios, técnicos y documentales rigurosos. El resultado se medirá en exportaciones, nuevos proveedores, inversiones y empleo: la apertura ya está en marcha, y el reloj de la competencia también.


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