La aplicación provisional del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, está modificando las condiciones para hacer negocios entre ambos bloques. Para las empresas brasileñas, argentinas, paraguayas y uruguayas la oportunidad no se limita a pagar menos aranceles: entran en juego nuevas reglas de origen, exigencias técnicas y de sostenibilidad, y decisiones de estrategia de internacionalización. El mercado que conecta a ambos bloques reúne a cientos de millones de consumidores y constituye una de las mayores zonas de intercambio comercial del planeta; el desafío para las empresas sudamericanas será transformar las ventajas negociadas en ventas reales, algo que exige preparación y conocimiento de las nuevas normas.
Las reglas de origen, condición para acceder a las preferencias
Uno de los cambios centrales del nuevo esquema es la necesidad de demostrar dónde y cómo fue producido un bien. Para acceder a las preferencias arancelarias del acuerdo, las empresas deben cumplir las reglas de origen establecidas, lo que obliga a revisar la procedencia de materias primas, componentes e insumos utilizados en el proceso productivo. Una empresa puede tener un producto competitivo, pero si no cumple los requisitos de origen, podría no acceder a los beneficios tarifarios previstos. El control de proveedores y de las cadenas de producción deja así de ser una cuestión administrativa para convertirse en un elemento central de la estrategia exportadora.
Menos aranceles, pero un mercado más competitivo
El acuerdo establece calendarios de reducción y eliminación gradual de aranceles en numerosos sectores. Un estudio de Apex Brasil y del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios de Brasil identificó 543 oportunidades de exportación con arancel cero a partir de la entrada en aplicación del acuerdo, concentradas principalmente en productos industriales. La apertura, sin embargo, funciona en ambas direcciones: las empresas sudamericanas también deberán prepararse para competir con mayor intensidad frente a productos y compañías europeas dentro de sus propios mercados.
España y Portugal, posibles puertas de entrada al continente
Para buena parte de las empresas del Mercosur, la internacionalización hacia Europa puede comenzar por los países con mayores vínculos históricos, culturales y lingüísticos con Sudamérica. España y Portugal aparecen así como plataformas de entrada, especialmente para pequeñas y medianas empresas que buscan alianzas comerciales, redes de distribución o una presencia progresiva en el continente. Pero llegar a Europa no significa únicamente encontrar compradores: las compañías deberán analizar además costos logísticos, tributación, distribución, socios locales y las particularidades de cada mercado.
Las exigencias sanitarias, técnicas y ambientales no desaparecen
La reducción de aranceles no elimina las normas sanitarias, técnicas, ambientales y de sostenibilidad exigidas por la Unión Europea, un punto especialmente relevante para el agronegocio. La Regulación Europea contra la Deforestación, prevista para entrar en aplicación a fines de 2026, exigirá mayor capacidad de trazabilidad para determinados productos, con exportadores obligados a demostrar el origen de sus mercancías mediante información verificable. El acceso preferencial al mercado europeo no garantiza automáticamente la entrada de un producto, y la calidad, la trazabilidad y el cumplimiento normativo seguirán siendo factores determinantes.
La sostenibilidad, una ventaja comercial emergente
El nuevo escenario abre además espacio para productos y cadenas productivas vinculadas con la conservación ambiental y el desarrollo sostenible. El objetivo será reconocer oportunidades para productos ligados a la conservación y gestión sostenible de ecosistemas. Esto representa una oportunidad concreta para empresas que ya trabajan con innovación ambiental, energías renovables, producción certificada y tecnologías limpias.
Las compañías que se preparen con anticipación podrán aprovechar la reducción de barreras comerciales e identificar nuevos compradores; las que ignoren las nuevas reglas podrían descubrir que el acceso a Europa exige mucho más que un buen producto. Para el bloque sudamericano, el desafío ya no es solo abrir la puerta hacia Europa: comienza ahora una etapa más compleja, la de aprender a competir, cumplir las normas y transformar la integración comercial en crecimiento y empleo concretos.

