El financiamiento comercial digital sigue sin encontrar su despegue

Tras el auge de plataformas blockchain y la sanción de leyes que habilitan los documentos electrónicos de comercio, la banca adoptó una postura cautelosa.
10/07/2026
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financiamiento comercial digital
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El comercio internacional sigue dependiendo, en su inmensa mayoría, de conocimientos de embarque en papel y presentaciones físicas de cartas de crédito, tramitadas por correo electrónico, PDF y los sistemas de back office de los bancos. El impulso hacia una migración acelerada a documentos digitales, que parecía imparable hace pocos años, se diluyó y dio paso a una postura de espera por parte de las entidades financieras.

Hacia fines de la década pasada, la agenda del sector giraba en torno a iniciativas lideradas por bancos para digitalizar el comercio: comités interbancarios, inversiones, empresas conjuntas y reglas diseñadas para sortear obstáculos regulatorios. Tat Yeen Yap, de Maybank, describe una “fase eufórica” entre 2015 y la pandemia, alimentada por el temor a quedar rezagados frente a la competencia, y sostiene que la banca aprendió que el entusiasmo por sí solo no garantiza resultados.

Cicatrices de plataformas fallidas

El avance no se detuvo del todo. Lloyds Bank, en el Reino Unido, trabaja junto a fintechs como Enigio y Mercore para probar el uso transfronterizo de documentos electrónicos, con foco en la interoperabilidad entre plataformas. Fuera del terreno de los conocimientos de embarque, la legislación de tipo MLETR habilitó letras de cambio electrónicas, ya ofrecidas por bancos como Citi y JPMorgan en determinados mercados. Komgo, plataforma de gestión de transacciones fundada por bancos, es una de las pocas que logró sostener una base amplia de usuarios tras la ola de cierres posterior a la pandemia.

Aun así, el uso efectivo sigue siendo marginal: en Singapur, sin impedimento legal para el uso de conocimientos de embarque electrónicos con el Reino Unido desde 2023, las operaciones financiadas bajo esa modalidad por un banco consultado podían contarse con los dedos de una mano, y las reglas de la Cámara de Comercio Internacional para documentos electrónicos (eUCP) rara vez se invocan. Jacco de Jong, con trayectoria en Bolero y hoy al frente de la firma TradeWiz, sostiene que la banca —naturalmente conservadora— integra tecnología de fintechs de forma lenta y selectiva, y que el fracaso de iniciativas propias como Bank Payment Obligation, Contour, we.trade o Marco Polo alimenta la desconfianza hacia nuevos proyectos.

La interoperabilidad se volvió la palabra central del debate: ninguna plataforma alcanzará por sí sola una adopción universal, por lo que se requieren estándares comunes que permitan a los documentos digitales circular entre proveedores y ser aceptados por aduanas, transportistas y agentes de carga. 

¿Dónde están los clientes corporativos?

El otro cambio de fondo es el vínculo entre bancos y clientes en torno a la digitalización: las entidades ya no crean plataformas para luego convencer a sus clientes, sino que esperan que la demanda corporativa impulse la decisión, algo que ocurre con poca frecuencia. Las excepciones más visibles aparecen entre grandes mineras: en 2024, la trader Trafigura renovó una línea de financiamiento con un sindicato de 27 bancos que aceptó conocimientos de embarque electrónicos como garantía. 

Maria Mogilnaya, de la plataforma CargoX, describe una cadena de responsabilidades cruzadas: si el cliente no exige el cambio, el banco no lo traslada a su proveedor de sistemas centrales, y ese proveedor no prioriza la funcionalidad. 

La irrupción de la inteligencia artificial

Persiste el escepticismo sobre los plazos reales de la transición, tras años de anuncios sobre el fin inminente del papel. Aun así, buena parte de los banqueros consultados coincide en que la digitalización es, en el fondo, una cuestión de sostenibilidad: los costos de mantener procesos en papel amenazan con erosionar los ajustados márgenes del negocio. 

El escenario hacia adelante combina avances puntuales —pilotos de interoperabilidad, corredores digitales con mercados como China, incorporación de inteligencia artificial y tokenización— con una adopción de fondo que sigue siendo lenta. Sin señales claras de demanda corporativa ni de rentabilidad sostenida, la inversión bancaria en infraestructura digital continuará avanzando de manera gradual antes que disruptiva.

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