El sistema multilateral de comercio atraviesa una encrucijada histórica. Dos de sus fundadores —Estados Unidos y la Unión Europea— están cuestionando abiertamente la cláusula de nación más favorecida (NMF), la norma de no discriminación que ha sido la columna vertebral de la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde su creación. Washington ha declarado que esa era ha terminado. Bruselas pide un reequilibrio. El resultado podría redefinir las reglas del comercio global para las próximas décadas.
¿Qué es la NMF y por qué importa?
La cláusula NMF obliga a los miembros de la OMC a aplicar el mismo trato arancelario a todos los socios comerciales: si un país reduce aranceles a uno, debe hacerlo con todos. Este principio, conquistado en ocho rondas de negociaciones entre 1947 y 1994, tiene un complemento inseparable: los aranceles consolidados, es decir, los techos máximos acordados que ningún miembro puede superar unilateralmente. Juntos, ambos pilares han dado estabilidad y previsibilidad al comercio mundial durante ochenta años.
Estados Unidos ha roto ese contrato de forma unilateral. Sin reformar las normas ni obtener una dispensa formal, impone los aranceles que desea a cualquier país y producto. Ningún otro miembro de la OMC ha replicado ese movimiento, aunque la UE ha empezado a plantear si el marco actual sigue siendo equitativo.
Por qué los países quieren excepciones
Varios escenarios explican la creciente presión sobre la NMF. El conflicto comercial entre Washington y Pekín ilustra el caso de las potencias rivales: ambas aplican aranceles elevados mutuamente, amparadas en la excepción de seguridad nacional que contempla la OMC. La herramienta bilateral también seduce a quienes buscan acuerdos asimétricos, donde el poder de negociación dicta las condiciones.
Otros argumentos tienen más peso sistémico. Algunos países sienten que su posición competitiva ha cambiado tanto desde que suscribieron la NMF que el trato recíproco ya no refleja la realidad económica actual. El tratamiento especial para países en desarrollo —hasta ahora de autodesignación— enfrenta una revisión: tanto EE. UU. como la UE quieren que sea individualizado y condicionado. Y los acuerdos plurilaterales sobre clima, comercio digital o cadenas críticas de suministro demandan que solo quienes asuman obligaciones accedan a los beneficios, lo que implica discriminar a quienes no firmen.
Lo que cambiará y lo que sobrevivirá
Una eliminación total de la NMF es improbable. Las tarifas consolidadas seguirán en pie para la mayoría del mundo y la no discriminación continuará siendo la norma general —excepto en el comercio con Estados Unidos—. Lo que sí evolucionará son sus márgenes: los tratados de libre comercio, la mayor excepción histórica a la NMF, ganarán protagonismo. Los países negociarán acuerdos cada vez más amplios con socios de confianza, y esa tendencia se acelerará.
Los acuerdos plurilaterales adoptarán una NMF condicional: sus ventajas solo beneficiarán a quienes acepten las obligaciones del club. Los países en desarrollo recibirán acceso a mercados a la carta según sus necesidades reales. Y es posible que la OMC incorpore mecanismos de represalia inmediata contra quien discrimine a un miembro —un sistema análogo al antidumping, que permitiría actuar sin esperar al lento proceso de solución de diferencias.
El riesgo que nadie quiere nombrar
El primer ministro canadiense Mark Carney lo advirtió en Davos en enero de 2026 citando a Tucídides: en un mundo sin reglas comunes, «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Eso es lo que está en juego. Un sistema donde cada potencia aplica los aranceles que le conviene no es un sistema: es la ley del más fuerte disfrazada de política comercial.
La UE, los miembros del Acuerdo Transpacífico (CPTPP) y los países que aún creen en el multilateralismo tienen una tarea urgente: defender la no discriminación como norma central de la OMC, impulsar su actualización donde sea necesario y mantener abierta la puerta para que Estados Unidos vuelva a participar. La NMF no desaparecerá, pero el trabajo para salvarla acaba de comenzar.

