La carrera por la inteligencia artificial tiene ahora un instrumento financiero nuevo. El directorio del Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos —conocido como Ex-Im Bank oEXIM— aprobó esta semana la iniciativa ExportAI, un programa diseñado para acelerar la exportación de tecnología de IA estadounidense mediante garantías de préstamo, seguros y crédito directo para compradores en el extranjero. La lógica es directa: si los aliados de Washington necesitan financiamiento para adoptar infraestructura de IA, que ese financiamiento provenga del gobierno estadounidense y que la tecnología adquirida sea norteamericana.
El programa ejecuta un decreto presidencial firmado por Donald Trump en julio de 2025, que instruyó a actualizar las herramientas de financiamiento externo para “disminuir la dependencia internacional de tecnologías de IA desarrolladas por adversarios”. La aprobación convierte esa directriz en mecanismos concretos: operaciones de mediano plazo respaldadas por seguros y garantías; transacciones de largo plazo elegibles para préstamos directos. Cada operación requiere, sin excepción, una licencia de exportación aprobada previamente por el Departamento de Comercio, lo que incluye los chips avanzados de empresas como Nvidia.
El mes pasado, el laboratorio chino publicó un modelo de IA de código abierto y uso gratuito diseñado para correr sobre chips Huawei, una maniobra que eludió con elegancia los controles de exportación de hardware que Washington había instalado para contener el avance tecnológico de Beijing. El modelo fue adoptado rápidamente en múltiples mercados y se considera competitivo con los sistemas líder de Occidente. ExportAI es, en parte, la respuesta: si China puede ofrecer IA gratuita sobre hardware propio, Estados Unidos responderá con financiamiento subsidiado sobre hardware propio.
En abril de 2026, el Departamento de Comercio abrió una licitación para que consorcios privados presenten propuestas de paquetes tecnológicos completos —desde infraestructura de cómputo hasta aplicaciones— para ser desplegados en países aliados. El plazo de postulación cierra el 30 de junio.
La apuesta geopolítica es evidente. “La visión del presidente Trump es clara: establecer la IA estadounidense como el estándar de oro a nivel global y garantizar que nuestros aliados estén construyendo sobre tecnología americana”, declaró un funcionario del EXIM al presentar el programa. En ese esquema, el financiamiento federal no es un subsidio industrial en sentido tradicional, sino un instrumento de política exterior: el equivalente del siglo XXI a los programas de ayuda tecnológica que Washington usó durante la Guerra Fría para anclar a los países aliados en su órbita.
Lo que aún no está definido es quiénes serán los primeros beneficiarios concretos. El programa no nombra países ni empresas específicas. Lo que sí queda claro es la lógica estructural: cada país que adopte infraestructura de IA financiada por Washington será un país que dependa de estándares, actualizaciones y cadenas de suministro estadounidenses.

