El financiamiento desplegado por la división de comercio y cadenas de suministro del Banco Asiático de Desarrollo (ADB) creció un 50% interanual en lo que va de 2026, una consecuencia directa del conflicto en Medio Oriente y sus efectos sobre los mercados asiáticos. Así lo reveló Steven Beck, quien dirige la unidad de financiamiento al comercio del organismo desde hace más de dos décadas.
La caída pronunciada del tráfico de buques por el estrecho de Ormuz —prácticamente cerrado al tráfico comercial desde principios de año— y una serie de ataques sobre infraestructura energética en la región generaron escasez de suministros y encarecieron tanto la energía como los alimentos en toda Asia. Según Beck, eso desencadenó una cadena de presión financiera: los precios de las materias primas, que en algunos casos se duplicaron, redujeron el margen disponible dentro de los límites de crédito que los bancos comerciales mantienen por país y contraparte. A la vez, ante un entorno de riesgo más adverso, esas instituciones no están dispuestas a ampliar esos límites.
«Hay una gran demanda de financiamiento comercial hacia el ADB, en gran medida porque los límites de crédito disponibles en el Asia en desarrollo están siendo comprimidos por los precios más altos de las materias primas», explicó Beck. «Y las instituciones financieras perciben un entorno de riesgo más difícil, por lo que no es probable que amplíen esos límites de forma significativa.» El resultado, señaló, es que operaciones no consideradas críticas para la seguridad alimentaria o energética directamente quedan fuera del sistema.
Frente a ese escenario, el ADB —con sede en Manila— intensificó su intervención. Hasta la fecha, el organismo comprometió cerca de 1.000 millones de dólares en transacciones vinculadas a seguridad energética y otros 600 millones en operaciones de seguridad alimentaria. Su cartera de proyectos energéticos pendientes supera ya los 1.000 millones de dólares, y Beck advirtió que el impacto más severo sobre el suministro podría estar recién comenzando, dado el agotamiento de los inventarios de petróleo en tránsito y los daños acumulados en instalaciones de gas y petróleo.
El ADB integra además un bloque de siete bancos multilaterales de desarrollo que, la semana pasada, suscribieron una declaración conjunta comprometiéndose a brindar alivio inmediato a las poblaciones más vulnerables y a garantizar la continuidad de los servicios esenciales. El comunicado destacó la disrupción en los mercados de energía, fertilizantes y rutas comerciales, y reclamó una expansión del financiamiento al comercio y las cadenas de suministro, así como capital de trabajo y liquidez para empresas de servicios públicos, pymes y el sector público. Los otros signatarios fueron el Banco Africano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento, el Banco Europeo de Inversiones, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
En paralelo, el ADB avanzó en una serie de iniciativas regionales. El 8 de mayo anunció la movilización de 30.000 millones de dólares hacia 2030 para acompañar a los países de la ASEAN en el fortalecimiento de sus mercados de capital y la interconexión de sus redes eléctricas. El objetivo declarado es ayudar a la región a sostener sus prioridades de desarrollo de largo plazo y absorber mejor los choques externos, en un contexto donde la crisis de Ormuz puso en evidencia la fragilidad de las economías asiáticas ante la concentración de rutas energéticas.
Para los países emergentes asiáticos, la combinación de costos más altos, crédito más escaso y menor crecimiento configura un entorno particularmente adverso, al que los organismos multilaterales buscan responder con una inyección sostenida de liquidez.

