Los once miembros del BRICS adoptaron en el primer día de su cumbre anual en Nueva Delhi, una declaración conjunta en la que manifestaron su preocupación por la escalada de tensiones en Medio Oriente y Asia Occidental. El texto, de 45 páginas y que abarca desde reforma institucional hasta sistemas de pago, reclamó ejercer la máxima moderación posible y evitar acciones que agraven aún más la situación, aunque evitó nombrar a los países directamente involucrados en el conflicto del Golfo Pérsico.
El consenso no fue sencillo. En mayo, los cancilleres del bloque ni siquiera habían logrado acordar un comunicado conjunto, con Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos divididos sobre cómo caracterizar la guerra. La declaración final requirió una intensa gestión diplomática de India como país anfitrión, en momentos en que Estados Unidos e Irán retomaron ataques cruzados luego de la tregua previa.
El Golfo como línea de fractura
Analistas consultados por medios internacionales describieron el conflicto del Golfo como el principal punto de fricción de esta edición de la cumbre. El presidente chino advirtió que la guerra en la región no favorece los intereses comunes de la comunidad internacional y que ya provocó pérdidas serias a la población local. El primer ministro indio, por su parte, mantuvo reuniones bilaterales tanto con el presidente ruso como con el presidente iraní, en las que se abordó la libertad de navegación y la seguridad de las tripulaciones en el estrecho de Ormuz.
India también impulsa, en paralelo, una propuesta para vincular las monedas digitales de bancos centrales de los países del bloque, con el objetivo de facilitar los pagos transfronterizos y reducir la dependencia de sistemas occidentales. La iniciativa se suma a las preocupaciones expresadas en la declaración conjunta sobre el avance de medidas arancelarias y no arancelarias unilaterales que distorsionan el comercio internacional, en referencia a las sanciones de Washington contra Teherán y contra Rusia por su conflicto con Ucrania.
Modi y Xi, seis años después de Galwán
Al margen de la cumbre, el primer ministro indio y el presidente chino se reunieron en lo que constituye el esfuerzo más reciente de ambos vecinos y rivales por reparar un vínculo deteriorado por el choque fronterizo mortal de 2020 en el valle de Galwán. Se trata, además, de la primera visita de Xi a India desde 2019. El mandatario chino planteó que su país aborda la relación bilateral desde una perspectiva estratégica y de largo aliento, y llamó a profundizar la cooperación entre ambas naciones en su carácter de principales representantes del Sur Global.
Desde el encuentro previo entre ambos líderes en Kazán, en octubre de 2024, y el acuerdo de patrullaje fronterizo alcanzado ese mismo año, los dos países no avanzan hacia una reconciliación convencional sino hacia una gestión de su competencia estratégica, con el objetivo de evitar que los incidentes menores deriven en una nueva confrontación militar. La disputa territorial de fondo permanece sin resolver, y Nueva Delhi mantuvo desde 2020 mayores controles sobre las inversiones y la tecnología provenientes de China, en un intento por reducir su dependencia estratégica del gigante asiático.
Pese a la tensión política, ambas economías siguen profundamente interconectadas: la maquinaria, la electrónica y otros insumos industriales chinos continúan siendo relevantes para buena parte de la industria india.
Un bloque cada vez más heterogéneo
La ampliación del BRICS, que pasó de sus cuatro fundadores —Brasil, Rusia, India y China, con Sudáfrica sumada en 2010— a los once miembros actuales tras incorporar a Egipto, Etiopía, Indonesia, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, incrementó el peso económico y geopolítico del grupo, pero también dificultó el consenso interno. Además de las tensiones entre Irán y los Emiratos por la guerra en curso, el vínculo entre Etiopía y Egipto continúa tensionado por la construcción de la represa etíope sobre el Nilo, mientras que Arabia Saudita y los Emiratos mantienen posiciones divergentes respecto de Israel.
Como país anfitrión, India enfrenta además el desafío de equilibrar su relación con Washington con las presiones de otros miembros del bloque para adoptar posiciones más críticas hacia Estados Unidos. La rivalidad no resuelta entre India y China sigue siendo, según análisis especializados, uno de los principales límites estructurales para que el BRICS se consolide como un bloque de contrapeso frente al orden liderado por Estados Unidos.
Comercio y energía, en el trasfondo de la agenda
Más allá de la dimensión política, la cumbre se realiza en un momento en que las guerras de Medio Oriente y Ucrania siguen alterando el comercio energético y las rutas de navegación internacionales, mientras los aranceles impulsados por Estados Unidos presionan a varias de las economías del bloque. La declaración conjunta incorporó una advertencia explícita contra el uso de medidas arancelarias y no arancelarias como herramienta de presión geopolítica, un reclamo que atraviesa tanto a los miembros sancionados —Rusia e Irán— como a economías emergentes que buscan diversificar sus mercados de exportación frente a la incertidumbre comercial con Washington.
Para los países en desarrollo que integran el bloque, entre ellos varios socios comerciales relevantes de América Latina, el resultado de la cumbre reafirma una tendencia de fondo: la búsqueda de mecanismos de pago y financiamiento alternativos a los circuitos occidentales avanza en paralelo a los intentos de manejar, sin resolverlas del todo, las tensiones geopolíticas que dividen internamente al grupo.

