CMA CGM, la tercera naviera de contenedores más grande del mundo, informó que la demanda de transporte marítimo superó las expectativas durante el segundo trimestre del año y proyectó que ese nivel de actividad se mantendría firme durante el tercer trimestre, pese a las tensiones geopolíticas regionales y a la persistente incertidumbre sobre la política arancelaria de Estados Unidos. El grupo, con sede en Marsella y controlado por la familia Saade, reportó ingresos por 15.690 millones de dólares, frente a los 13.170 millones del mismo período del año anterior, mientras que el EBITDA trepó a 2.990 millones de dólares desde los 2.280 millones previos, una mejora cercana al 31%.
Anticipo de compras e inventarios
El volumen de carga manejado por la compañía creció algo más del 6% durante los primeros cinco meses del año, un ritmo superior al 4,7% registrado por el mercado global de transporte de contenedores en el mismo lapso. Según explicó la conducción financiera del grupo, ese crecimiento respondió a una combinación de reposición de inventarios, consumo e inversión estables y, sobre todo, a compras anticipadas por parte de empresas importadoras que buscaron adelantarse a eventuales subas arancelarias y a posibles disrupciones en las cadenas de suministro. La compañía había anticipado meses atrás una desaceleración del transporte de contenedores para 2026, luego de un 2025 de fuerte actividad, pronóstico que el desempeño reciente contradijo.
Expansión hacia la logística integrada
En paralelo a los resultados operativos, CMA CGM avanza en su estrategia de diversificación hacia servicios logísticos integrados. El grupo acordó la adquisición de la división de logística de FedEx por 1.400 millones de dólares, una operación que se espera cierre en los próximos meses y que reforzaría su oferta de servicios más allá del transporte marítimo propiamente dicho, en línea con un proceso de integración vertical que viene profundizando en los últimos años.
Riesgos geopolíticos persistentes
El trimestre no estuvo exento de sobresaltos. Cuatro embarcaciones de la compañía permanecen varadas en el Golfo Pérsico como consecuencia de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán, y la naviera continúa transitando el Mar Rojo únicamente cuando las condiciones de seguridad lo permiten, lo que la obliga a mantener buena parte de su flota desviada hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza, con el consiguiente impacto en tiempos de viaje y en la disponibilidad de capacidad. A esto se sumó la suspensión de reservas de carga hacia y desde Cuba, luego de que una orden ejecutiva estadounidense ampliara las sanciones sobre la isla, con un riesgo estimado de caída de hasta el 60 por ciento en los volúmenes de carga hacia ese destino. En otro frente, ataques de fuerzas rusas contra buques mercantes civiles cerca de Odesa entre el 20 de junio y el 20 de julio elevaron los costos de flete y de seguro y añadieron presión sobre el comercio en el Mar Negro.
Un segundo semestre bajo signo de interrogación
Pese al buen desempeño trimestral, la compañía admitió que julio registró volúmenes de carga muy elevados, pero planteó dudas sobre si ese nivel de demanda podrá sostenerse en los meses siguientes. La combinación de nuevos recargos por combustible, la persistencia de las tensiones en Medio Oriente y la falta de certezas sobre el rumbo definitivo de la política arancelaria estadounidense —reformulada tras el traspié que la Corte Suprema le impuso a la administración Trump en febrero— configuran un escenario de segundo semestre más difícil de proyectar que el que acaba de cerrarse.

